Rock al Parque 2017, día 2 por Santiago Rivas

Por equipo de Santiago Rivas @rivas_santiago Foto Simona Malaika @simonamalaika

SI yo fuera el curador de Rock al Parque, el segundo día sería mi favorito siempre. En el cartel de este año las piezas más fuertes sobre el papel quedaron el sábado y el lunes. Entre las estrellas del metal y las presentaciones diseñadas “para el gran público”, es fácil subestimar el cartel del domingo, que siempre apela a varios nichos que no son tan grandes como el metal o como el pop. El segundo siempre es el día de los raros.

Para ilustrar mi punto, Cómo Asesinar a Felipes abrió mi tarde de domingo. Su música compleja y llena de energía, es una demostración de fuerza, pero también de terquedad. Suenan como una máquina. No paran de sonar en toda su presentación, y dejan una estela de ruido al acabar. Quisiera decir qué pasa como pasa con las bandas en las que el líder es el baterista, que las melodías se van volviendo fases enteras de sonido, porque es así. Pero no hay ninguna banda como ellos. Es un sonido muy poco usual en Rock al Parque, y por eso entraron tan temprano; pero el público que tuvo el privilegio de verlos esta tarde pudo disfrutarlos a plenitud. La satisfacción de encontrarse con su música, mezcla de jazz, rock, noise, rap y muchas otras cosas que se van mezclando, como si se hiciera un collage con las cosas que encuentras en la calle, deja siempre un poco de perplejidad, a manera de sabor residual.

Estado De Coma, como todas las bandas de hard core, es una banda llena de ira, que suena como un puño, o una sucesión de puños. Si una banda de hard core no suena así, probablemente no sea una banda de hard core. Lo bueno es que estos caleños, que ya llevan un buen tiempo haciendo lo que saben, trae toda la buena onda de la capital del Valle del Cauca, y no se toman tan en serio a sí mismos. Eso se agradece.

Zhaoze era una apuesta: una banda china de rock progresivo, que nunca había salido de su país. Esa sola descripción bastaba para hacerla un punto atractivo del cartel, pero siempre había la posibilidad de que no pasara de ser algo exótico, sin mayores brillos. Afortunadamente, se trató del punto más alto en mi día y el de muchos más. La calidad de esta banda superó por mucho las expectativas de los que fuimos a verlos, así como creo que ellos mismos quedaron impactados por la cantidad de gente que fue a verlos y que les aplaudía cada cosa que hacía, incluyendo las cinco palabras en español que supo decir su líder.

Puedo decir sin temor a equivocarme que todos los que estuvimos viendo a Zhaoze vamos a recordar su presentación por años. Su música combina el trío convencional de una banda de rock (guitarra, bajo, batería) con un guzheng, instrumento de cuerda tradicional de la China. La gracia residió en la forma en que de repente las canciones se convertían en temas, y de temas pasaban a ser momentos de solo sonido, en donde perfectamente se iban mezclando las líneas de los cuatro instrumentos y en los cuales todos supimos perdernos y dejarnos envolver. Un viaje completo, incluyendo las visuales. Gracias por todo.

Posterior a este gran momento, otro. Hace unos años, cuando 8BM se presentó en Rock al Parque por primera vez, mis críticas no fueron buenas. No fueron despiadadas, pero sentí en ese momento que la promesa que hacían se quedaba sin cumplir. Ahora, que se han presentado por segunda vez, puedo decir con alivio, pero más que todo con alegría, que han evolucionado enormemente como banda. Han logrado configurar un sonido interesante y poderoso, que satisface a quien está buscando un sacudón tanto como a quien está prestando atención a cada fibra del sonido en una banda que tiene lo electrónico como componente principal. Ojalá que sigan por ese camino, evolucionando en su propuesta y llevándola hasta las últimas consecuencias. La respuesta de la gente apoya esto que escribo; todos en la tarima Eco acordamos en que habíamos presenciado a uno de los más fuertes del domingo. Sigan así, por favor, y felicitaciones.

Nada mejor para digerir esta dosis de ruido y energía que acudir al rey de la buena onda. Pero antes, un editorial: es una dicha que Rock al Parque haga caso omiso de las solicitudes cuasi fascistas que apelan al “rock” como una forma de reclamar que no se ponga música mestiza, electrónica, rapeada, tropical, caribeña o de la costa pacífica, etc. en fin, nada que pueda interferir con esa idea estúpida y falsamente purista de una música nacida en las entrañas de la América negra. Todo esto, para recalcar la doble alegría que fue ir a escuchar a Elkin Robinson en la tarima Bio.

Elkin Robinson, como un estudioso de la música, pero también como un embajador de la aún recóndita isla de Providencia, es uno de los músicos jóvenes más importantes de la actualidad colombiana. No solo su presencia ha servido para hacer más presente la vida de nuestras islas olvidadas y relegadas, también ha traído vida a la música de la Colombia continental. Su más reciente disco combina todos los ritmos posibles dentro de la tradición caribeña, tan llena de alegría. Su presentación fue simplemente hermosa; tanto así, que todos por un momento sentimos brillar el sol, pasadas las ocho de la noche. Todos bailando sonrientes, unidos y en paz. Así que por favor resistamos la tentación, y no nos vayamos a vivir a las islas, llevando nuestra mala onda y nuestra ansiedad ridícula. Que sigan haciendo esas cosas hermosas que hacen. Simplemente démosle la atención que merecen (y su equivalente en plata, para mejora de lo que sea necesario mejorar).

El cierre del domingo era difícil, porque no valía la pena perderse a ninguno de los artistas que cruzaban sus horarios al final de cada tarima. Como estaba viendo a don Elkin, empecé por Macaco (que, de paso, era el que menos me movía). La gente estaba dichosa de ver a este otro embajador de la buena vibra, que arrancó de frente con su mensaje de amor, tan necesario y tan pertinente en un país que tiende a dividirse ante el menor estímulo. Dentro de lo que alcancé a oír, solamente quedaban trazas de su sonido que fusiona reggae con algo de pop antiglobalización, nada ya de ese mestizaje tan bonito entre la nueva rumba de Barcelona y algo de rap. Tal vez llegó después, pero no había tiempo que perder.

Titán es una maravilla. Es mucho mejor ahora de lo que yo recordaba, de hecho. La presentación que tuvo lugar en la tarima ECO dejó a todo el mundo bailando, sorprendido. No es que desconociéramos que hacen música alegre y bailable, sino al contrario, desconocíamos la tremenda energía de su música, que está mucho más allá del pop, y mucho más acá de la llamada “música electrónica”. Es música hecha con un gran placer; sin pretensiones, pero sin frivolidades. Su sonido es predominantemente electrónico, pero Jay de La Cueva y Silverio (bajo y guitarra, respectivamente) son músicos de peso, con mucho carácter. No es un grupo que haya sonado últimamente en Colombia, pero estoy seguro que empieza a sonar mañana, o pasado mañana.

Por último, creo que Obituary acabó demasiado temprano. No me gusta que la gente poguee en la zona de prensa, en la que hay personas trabajando con sus trípodes y cámaras, cuya responsabilidad debería primer por encima de los hijos, sobrinos, amigos y etcéteros de quien quiera que les dio manillas, pero los entiendo. Los entiendo, porque Obituary dio una presentación muy generosa. Su música no es mi cosa favorita, pero ver a John Tardy cantando con esa voz desgarrada, en medio de su banda que suena como un motor, era algo digno de ver. No vi tanto como quería, y la satisfacción de todos era bastante para entenderlo, pero no me arrepiento. Creo que supe cerrar muy bien un gran día de festival.

Una cosa negativa: entiendo si les parece que los periodistas somos unos gotereros insufribles, y lamento mucho que todo el mundo pida las cosas regaladas permanentemente, pero es importantísimo que el wi-fi gratuito de la zona de prensa funcione mejor. O bueno, que funcione en absoluto. Yo cometí el terrible error de pasarme a ETB, y eso es mi culpa, pero le está pasando a usuarios de otros operadores: la señal en el parque es pésima, y la idea es que podamos aprovechar la tecnología para contar la historia de lo que pasa en Rock al Parque con toda nuestra capacidad. Es una gran cosa que hayan puesto internet en la zona de prensa, pero no es del todo un favor, porque nadie, o casi nadie, va a la carpa a jugar Farmville, o qué sé yo. El esfuerzo se hacer una mejor zona de prensa se va al traste si al final el router deja de funcionar. Quedamos atentos a su amable respuesta, trabajamos para su comodidad, muchas gracias de antemano. Nos vemos en el parque, porque el tercer día pinta buenísimo.

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