Por Santiago Rivas @rivas_santiago Fotos Julian Gutierrez

El primer día de Rock al Parque es muy bueno en la zona de prensa, porque no existe ese trancón de VIPs estrellándose o parándose en el camino de los periodistas que le añade cierto sabor especial. Además, el parque está lleno, con lo que se puede comprobar fácilmente qué tan desconectados están los medios del público del rock (entendido en su sentido amplio), y en especial del metal.

Lastimosamente llegué tarde, por lo que no puedo reseñar muchos grupos. Alcancé a ver a los ya legendarios Tenebrarum, de Medellín, que llevan muchos años de trabajo (la terquedad siempre será una virtud en el mundo de la cultura), tocando su metal lírico, operático y muy oscuro. Han afinado su sonido y tienen una presentación mucho más limpia que la última vez que los vi. Al final, crearon un gran momento, tocando El Velo de Estados Alterados, con Elvis en el escenario.

Momento para decir que la tarima en forma de T que puso el escenario principal es un cabezazo. Siento que nadie la aprovechó lo suficiente, pero visualmente es bueno. Y la pantalla y las otras escenografías están muy bellas, pero el sonido tiene problemas. O los tuvo ayer, al menos, y graves, sobre todo porque los metaleros son muy quisquillosos con su perfección instrumental, y a quienes aspiran a ser leyendas de este género se les conoce porque son unos virtuosos obsesivos, de manera que mal ahí.

Hablando de leyendas, Angra, de Brasil, se paró en el escenario a dar clase de guitarra y bajo. No sé qué le echan en el agua a los brasileños que todos son talentosos en algo o en todo. No me gusta su música, el progressive heavy metal muy difícilmente va a entrar a una cabeza que de adolescente se marinó en Pixies y Nirvana, pero son músicos increíbles. Entiendo perfectamente a quienes de corazón los siguen, porque se siente que todo el tiempo están contando una historia, como si estuviéramos en medio de una película ochentera de fantasía. Lo disfruté hasta que ya no más, y me fui a dar una vuelta por ahí.

Dying Fetus es exactamente lo que ustedes están pensando: una banda de death metal. Se ven como una banda de death metal y se mueven en el escenario como una banda de death metal, lo que quiere decir que casi no se mueven de su puesto. Pero suenan como una máquina. John Gallagher, su guitarrista y vocalista, es un gigante de la guitarra y compone canciones muy interesantes, llenas de variaciones, en las que la voz es literalmente un instrumento más. Tuve que meterme a Wikipedia para enterarme de qué hablan y aprender que es un grupo notable y recordado por sus letras de corte político, que no suelen aparecer en bandas de su género (más encaminado, eso sí lo sabía, a hablar de temas de la realidad, la angustia existencia, la demencia, la muerte y a veces el sexo). Muy bien por ellos, me va a tocar buscar letra a letra.

Alcancé a ver un par de canciones de Here Comes The Kraken, una banda mexicana de deathcore, muy interesante. Un poco muy bien puestecitos para lo que tocan, pero al tiempo eso es algo muy mexicano. Buen sonido, buena incorporación y buen cierre de tarima. No oí lo suficiente para hablarles con propiedad, pero es una banda interesante y tiene una buena puesta en escena, con un frontman todo arreglado a la mexicana y muy histriónico. Descárguenlos.

Y al final, Deicide. Son una máquina. Es lo único que se puede decir. No paran, no hacen concesiones, no se negocian. Llevan destrozando la moral cristiana con su música desde los ochentas y por fin vinieron a una ciudad que harto necesita deshacerse de un par de mesías (no literalmente, por favor). Son abiertamente anticristianos y satanistas, lo que no sé si le importe en absoluto a los 85mil asistentes de la cifra oficial de ayer. Pero se trata de un grupo muy potente, que confronta al que sea.

Las guitarras se alternan el liderazgo, con dos monstruos a lado y lado del vocalista. Hay un punto en que los punteos son casi textura, y otro en el que los riffs revientan la canción, lo que hace canciones muy interesantes, no en vano son quienes son en la escena del metal y del death metal. Glen Benton, fuera de darle a ese bajo como si le debiera plata, alterna la voz gutural con gritos más agudos. Debería estar patrocinado por Noraver o Robitussin. No es un tipo histriónico, pero su voz parece decirlo todo. Tiene unos tres demonios adentro (los satánicos no necesariamente creen en esto de forma textual, pero aguántenme esta licencia) y la voz de cada uno va cantando (¿es “cantar” el verbo correcto?) cada una de sus proclamas contra la iglesia, las iglesias. No se le agotó el aire, a 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que creo que sorprendió a más de uno, porque no se le tiene mucha fe al sistema cardio respiratorio de los roqueros. Gran show.

Fue un buen día de metal en Rock al Parque. Vamos a ver si le funciona al peñalosismo esta misma estrategia, ya conocida, de todos los alcaldes de Bogotá: hacer en su último año en la alcaldía un festival gigantesco y muy bien armado, para tratar de pescar el voto joven. Es una lotería, en realidad. Me parece una agenda chimba, pero es posible que este sea el mejor festival que muchos han visto. Ojalá lo disfrutemos todos juntos, y el peñalosismo pierda las elecciones. Sería un gana-gana.

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