Por José Gandour @gandour Foto Julián Gutierrez

Pasó la primera jornada de Rock al Parque y la verdad hay que decir que fue un día predecible, con muy pocas sorpresas, casi que podríamos decir que en general fue un tanto aburrido. Es curioso cómo la curaduría del día más metalero del festival se concentra en ser obvio en sus elecciones e irse por la escogencia de propuestas vetustas, arcaicas, anquilosadas en el tiempo y que, habiendo tantas sorpresas contemporáneas en los sonidos más corrosivos del planeta, se favorezca el discurso más conservador, con tanta rebeldía en su contenido como un yogurt pasado de la fecha de expiración. Parece que la idea desde la organización es no alterar las ancianas costumbres del sector más reaccionario del rock local y ofrecerle leyendas en evidente decadencia, especializados en congelar cualquier renovación de género posible. Claro, hay excepciones, pero en el día del metal de Rock al Parque parece primar la telaraña que nadie se atreve a arrancar de las paredes, y estoy seguro que las nuevas olas de aficionados quieren remover para escuchar algo más acorde a los días actuales.

Eso si, no vamos a negar que hubo momentos muy agradables, especialmente en la tercera tarima, donde principalmente se escuchó Hardcore y Groove metal. Para destacar la sorpresiva notoriedad de los mexicanos Vaquero Negro, de palabras claras contra la corrupción y mucha diversión en escenario. También es destacable el papel de Grito, banda de Medellín, que, cumpliendo 20 años, todavía tiene la frescura a flor de piel y aún sabe conectar con los nervios de sus aficionados.

Pero en medio de lo anodino de la jornada, destacó una mujer, procedente de Kitee, Finlandia, que, a sus ya cuarenta y dos años, hace saltar y emocionar a miles de espectadores con su voz, su fuerza y su seguridad. Tarja Soile Susanna Turunen Cabuli brilla en un festival donde hay poca presencia femenina en los escenarios. Esta mujer se devora la tarima y sabe lo que tiene y es consciente de su potencial. Si, es obvio que es impresionantemente bella, que cualquiera piensa en ella de modos que van más allá de lo musical, y que la finlandesa sabe cómo usar todo eso a su favor. Pero lo destacable es que ella no está ahí simplemente para dejar boquiabiertos a los hombres sino para empoderar a las chicas que la ven. Es un marco de inspiración en un espacio en donde aún no comprendemos cómo, por ejemplo, en un momento donde hay tantas propuestas musicales femeninas interesantes en Bogotá, sólo, de veinte seleccionadas en convocatoria, fue escogida una sola banda con una mujer al frente. Tanja es la muestra de la contradicción ejercida desde el armado del festival, donde no se comprenden los valores de los tiempos actuales y la necesidad de ir equiparando la presencia de las mujeres procedentes del ambiente artístico capitalino. Queremos que la inspiración venga de afuera, aún no confiamos en el talento local y eso no habla bien del momento político de Rock al Parque.

Tarja hace metal con argumentos de presentación pop. Su presentación es activa, entretenida, génera júbilo entre los aficionados y deja un buen sabor de boca. Yo sé que más de un radical cree que no hay la rudeza necesaria en su arte ni que lo suyo contenga la irreverencia exigida por ellos. Allá ellos, que parecen salir con látigos a los templos a perseguir a los contradictores. Quizás les moleste que uno, para describir lo visto ayer, utilicé el término «divertido», cuestión que pocos de los avejentados invitados que pasaron por el Parque en la primera jornada del festival consiguen en sus shows. Tarja, sin seguramente quererlo, trajo muchas lecciones que debemos considerar si queremos que este evento prospere en el futuro. 

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