Rock al Parque – Nota preliminar

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Por Santiago Rivas @rivas_santiago Foto Karin Richter @karinrichter

Se acerca una nueva edición de Rock al Parque, y con ella, un nuevo especial de Zonagirante. Cada vez son más los festivales que pueblan nuestro año, y los artistas que tocan en nuestro país. Antes, el festival era casi el único hito en nuestro calendario, pero ahora parece que compitiera con todos los conciertos que tenemos al año, en inferioridad de condiciones. Así parece, pero no es. La verdad es que las posibilidades que trae para Rock al Parque (y para su público) esta nueva profusión de espectáculos son muchas.

Lo primordial es que empecemos a entender Rock al Parque como parte de un sistema de festivales, con sus características particulares –sean estas defectos o virtudes– y con un papel que debe cumplir, más allá de las expectativas del público, las necesidades del alcalde de turno y lo poco o mucho que le importe a quien esté a cargo de Idartes la organización de este festival; Rock al Parque no tiene que ser Estéreo Picnic, ni Cosquín Rock, ni Almax, ni nada por el estilo. Rock al Parque es Rock al Parque, y eso tiene ventajas y desventajas.

Las desventajas son obvias. Las naturales, al menos: no hay tanta plata como se requeriría para traer artistas que estén en el tope de los charts y encima, por tener que hacerlo a finales de junio, so pena de vernos hasta el cuello en las lluvias de octubre, estamos en pleno verano, por lo que tampoco existe un rango de negociación lo suficientemente amplio. Las desventajas no naturales son conocidas también, aunque representen un problema más complejo: la negligencia de unas instituciones a las que no les importa el festival pero deben seguir haciéndolo, la eterna sospecha de corrupción que pesa sobre la cabeza de cualquier funcionario público colombiano (sea esta fundada o no), el clientelismo, la burocracia jurásica de nuestro país y, al parecer, Julio Correal.

La principal ventaja del festival es que no necesita artistas que estén en el tope de su popularidad comercial. Ni siquiera necesita leyendas del rock, porque la verdad es que año tras año vienen artistas de primerísimo nivel (también de tercerísimo y hasta quintísimo, pero qué le hacemos). Rock al Parque no tiene que apuntarle a los artistas “top” de cada temporada, porque esa no es la esencia de este festival. Al contrario.

Puede que ya no se trate del punto más alto al que puede aspirar una banda del distrito, ni sea una escuela de grupos o un escenario mediante el cual se brinda real apoyo a la escena local y nacional, pero Rock al Parque es el espacio en el que todos los bogotanos tenemos la posibilidad de ir sin costo a disfrutar de la música y educarnos como audiencia. Muchos de los descubrimientos que hacemos en el festival seguramente serán llamados en unos años a Estéreo Picnic, o cualquier otro festival, y eso permite que haya público conocedor, más propenso a gastar su plata en conciertos, cuando sabe a qué suenan los nuevos sonidos.

El cartel de este año demuestra que no necesitamos definir el rock, ni cerrar sus fronteras. Una programación interesante de principio a fin, en la que puede que nos gusten o no la mayoría de las propuestas, pero en la que siempre vamos a encontrar algo digno de descubrir, o con lo cual reencontrarnos. Es un cartel diverso, que le da gusto a cada uno de los sectores del público que año tras año acude a su cita en el Simón Bolívar.

Pero no es solo eso. Rock al Parque es lo que es, porque a veces logra borrar las fronteras invisibles a las que tan estúpidamente nos sometemos. El asunto no es que Chucky García, o quien sea el curador esté ahí para darnos gusto a cada uno de nosotros. Rock al Parque cumple con un mandato, presta un servicio público. Vale la pena, porque está ahí para todos nosotros. No es gratis para malacostumbrarnos, ni para tener una excusa para acabarlo a futuro, ni para justificar que no trajeron “ese grupo que tú querías y pediste mil veces en el tuíter”. Es gratis, porque es una oportunidad para todos, incluyendo los organizadores de festivales privados, de encontrarnos con la música, y con el resto de la ciudad.

De manera que en el parque nos vemos, y que sea un buen Rock al Parque.

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