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Archivo Zonagirante: Entrevista con Babasónicos (2001).
Luego de terminar un contrato de cinco discos con un sello discográfico multinacional, Babasónicos editó Jessico a través de un sello indie (Pop Art). A diferencia del antecesor y audaz Miami, Jessico resulta sumamente accesible y pegadizo. El disco combina la potente energía del rock de guitarras (Soy Rock, La Fox, Atomicum) con las aterciopeladas cadencias del bolero (Tóxica, Rubí), sin olvidarse del glam rock (Camarín, Fizz) y de los recursos estéticos de ciertos géneros musicales mexicanos (Yoli, Pendejo).
A diferencia de Miami, Jessico es más directo y menos barroco. Son canciones de rock, con todo lo que que esto implica: hay riffs de guitarras y la rítmica induce al contoneo, ya sea un bolero o un rock podrido... Sí, es más sensual, apela más a la piel. También resulta bastante atractivo para tocarlo en vivo, ¿no? Claro, igualmente todos nuestros shows tienen voltaje, pasan por combinaciones de swing y por mantener a la gente en un estado de histeria desde el primer minuto. No tocamos tanta música lenta en vivo. Durante el show tenemos que domar esa ola increíble, ese vértigo que te da el escenario. El día en que no pase más todo va a ser aburrido, con poco swing y muy acotado. Cuando iba a recitales, me revolcaba durante una hora sin saber lo que hacía, en un condición de conciencia mínimamente psicodélica. Y eso es lindo porque la tensión nerviosa es algo que se transmite entre el público. Pero cuando toco no estoy muy nervioso, sólo tengo que soportar esa avalancha de locura que viene hacia mí y hacerlo con swing, con una cadencia, no confrotarla y romperla. La música nos sirve como contención rítmica, de ahí deviene la fantasía de hacer un disco todo bailable, pero es difícil. La velocidad del vivo es un misterio. A veces en el estudio tenemos una velocidad, la logramos y la especificamos, pero a los dos años le damos otra. Hay temas que nos han costado muchísimo aprenderlos, bueno, de los nuevos Soy Rock no es fácil, hay un montón de partes secuenciadas que entran y salen y que tienen que tener una sincronía con la banda, somos muchos tocando a la vez, pero bueno es algo que nos pone en una búsqueda constante y que tampoco es algo que lo exploten tanto acá; Beck se ve forzado a eso, es un solista que primero inventa los discos y después los toca. Nosotros tenemos eso como un mecanismo incorporado al show, y hemos hecho hasta una versión breakdance de D-Generación. Así como el disco anterior se llamó Miami, este bien podría haberse bautizado Tijuana, no sólo en referencia a la gráfica del disco (cactus, desierto), sino también a la utilización de estilos musicales y palabras típicas del norte mexicano. Ese título hubiese sido muy explícito. También podría haber sido El Paso o Mexicali que son ciudades en las que pasa lo mismo que en Tijuana... Hay una idea muy interesante: cuando un camionero sale de una ciudad y en la negrura de la noche entra en el camino, no tiene testigos hasta la próxima ciudad. Entonces, como no hay lugar que sea referente se produce un problema ontológico: no se es, uno está en la soledad. El camionero está solo, en la nada, sin imagen. Como si fuera un “no-lugar”. Claro, en esos lugares donde “no sos” existen todos los excesos, la no vergüenza; no hay límites. De ahí viene la perversión sexual de los camioneros, que se pueden coger un travesti o un niño y nadie se va a enterar de nada. En esos lugares donde "no sos" hay juego, prostitución, drogas, hay caos y a la vez hay un intento de contención socialmente organizado del caos... Nosotros viajamos mucho por la ruta, transitando entre dos lugares muy alejados entre sí. Una vez en un viaje entre San Juan y La Rioja, el micro en el que viajábamos se desvió en el medio de la noche y tuvimos que permanecer una noche en Gauchito Gil, que tiene como una especie de santuario. Estaba todo oscuro y había miles de velas sobre los capotes de los autos, como montañas de chatarra. Yo realmente nunca vi un lugar más raro que ese, un lugar en el que “no sos”. En el medio de la ruta nadie era, cualquiera podía tener autoridad sobre cualquiera. Me gustan esos lugares casi de ficción, como el de la Córdoba de Viva Satana, que es en el medio de todos los caminos, en donde todo vale. Bueno, como las road movie o los pueblos del Spaghetti Western, que en realidad no existen.
escrito por Fernando De Leonardis y Santiago Delucchi Babasónicos - El loco.
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