Archivo Zonagirante: Entrevista con Martín Carrizo (2002).

 

La anécdota me la cuenta más o menos así: “Cuando llegamos a tocar a New York con Gustavo, Carlos Alomar fue a vernos. Y cuando terminamos yo me puse a hablar con él y me dijo que él considera que Gustavo tiene una de las mejores voces del mundo. Que Gustavo sabe mucho más de lo que uno se imagina de lo que puede hacer con la voz y siempre le rinde la voz. Y yo creo que Gustavo no lo sabe”, me dice Martín Carrizo y se ríe.

Acaba de terminar su clínica de batería y está exhausto. Estuvo sentado frente al instrumento más de dos horas y media ante la hipnótica mirada de gran parte de bateristas, músicos y curiosos santafesinos que fueron a ver a uno de los mejores ejecutantes argentinos.

La anécdota con Alomar (productor del disco de Soda Stereo, Doble Vida, compositor junto a Lennon y Bowie del clásico Fame y miles de etcéteras más) no es gratuita: es la consecuencia de la mezcla de feeling natural, virtuosismo ganado toscamente a costa del esfuerzo y genialidad innata que habita en Martín Carrizo. Y que lo hacen uno de los músicos argentinos que cambio el destino de los parches a partir de los ´90. 

Clínicamente hablando.

Su clínica fue lo más parecido a una clase amistosa que da un profesor al que todos queremos, nos gusta mucho lo que hace y por eso lo respetamos y no tenemos nada para criticarle.

Carrizo tocó sus bases sobre algunos temas de Animal, de Walter Giardino y de Gustavo Cerati. Explico, remarcando que siempre eso es lo que él le da resultado, teoría sin tecnicismo ridículos y nunca cayó en vanidades y egos ridículos. Lo suyo es el feedback con la batería y su posterior acople a los demás instrumentos.

“Hacía mucho años que no hacía una clínica. Pero la pasé bien, me gusta mucho Santa Fe y la gente de acá. Y aparte terminó con buen feedback, iban y venían preguntas y respuestas y había inquietudes, estuvo muy divertida en verdad”, comenta Martín.

Y agrega: “Lo hago para lograr disfrutar del instrumento. Primero lo hago por mi satisfacción propia y por lo que siento por dentro cuando estoy tocando. Y se después se refleja porque el que está abajo lo vibra eso también”.

Y se nota. Un tipo cálido, autodidacta por naturaleza, pero tocado como unos pocos con la vara, que sabe hacer sentirle al público la sensación de cómo siente la música a partir de los platos y el bombo.

Siempre afuera del círculo de excéntricos personajes que hacen de su obra en los parches una obra épica Carrizo tiene en claro que lo suyo es trabajar en función de canciones

“Yo soy más de escuchar guitarristas o bajistas, yo no escucho tanto bateristas. Ni me divierte tanto hacer solos. Me gusta más tocar arriba de la música. Si hay una canción que me gusta mucho lo disfruto tocándolo con el bombo nada más. Siento que soy parte de eso”. 

Las preguntas, por favor

¿Qué ganaste y que perdiste del paso de Animal a Cerati?

“Yo siento que gané más de lo que perdí en realidad. Progresé mucho con las manos, con Animal necesitaba mucho tocar con los pies. Y con Cerati necesité un poco más de sutilezas arriba y además aprender a trabajar en una misma canción diferentes tipos de climas. Entonces era un desafío para mí tocar fuerte o tocar bajito en una misma canción. Y con la responsabilidad de llevar el tiempo de la banda, porque las máquinas y los clics de la banda pasaban por mi oído”

¿Y tocar en el Colón con Gustavo?

“Fue una sorpresa intermedia antes de volver a la distorsión que fue tocar en el Teatro Colón, con Gustavo y su voz increíble. Tocamos prácticamente todos temas de Soda Stereo, tuve que improvisar arriba de 50 músicos del Colón, con un director increíble como es Alejandro Terán.

Es increíble estar sentado en la batería, mirar para arriba y ver todos lo balcones dorados y decir no lo puedo creer. Independientemente del Colón, que es una locura y un placer haber llegado ahí, yo disfruto mucho tocar con Gustavo. A mí en realidad cada cosa que hago con la gente que estoy tocando quiero sentir eso cuando toco. Cuando tocaba en Animal me pasaba con Andrés Giménez y con Corbata, cuando toqué con Giardino disfrute la bestia ultraveloz de Giardino”

Ahora con tu nueva banda (Pressión) estás expuesto por primera vez al rol del líder. ¿Cómo se lleva eso?

“Es otro desafío que quería correr con muchas ganas y ojalá que todo vaya por donde yo me imagino. Y un poco me gustaría terminar con mi banda mi carrera hiperkinética”

¿Cómo se planea tu año musical a partir de la nueva situación social y económica del país?

“Lo primero que voy a hacer es llegar a Buenos Aires y ponerme a mezclar mi disco, para terminarlo en si Dios quiere en 20 días. Y además cualquier producción que me venga y que me guste lo hago porque es un placer para mí producir, grabar, mezclar y sacar audio. Estuve también haciendo el mastering del disco de Juana la loca y ahora es muy probable que arranque el programa de Caramelito (su hermana) y yo ya le compuse todos los temas. En cualquier momento se me explota la cabeza de tanta música.

Hiperkinético autodidacta (todas sus formas de definirse) y devorador de ritmos y propuestas musicales, Carrizo es un ir y venir constante de nuevas proyecciones musicales que se disparan a la velocidad de sus manos. Un artista puro que invade el lugar en que está con su sonrisa y su técnica. Solo en su especie, Carrizo arremete la música con más fuerza aún de lo que lo hace su batería.


escrito por Maximiliano Lichtenstein

diezero@yahoo.com 

 

 

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