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Archivo Zonagirante: Pintalabios: So sweet (2001).
Siempre quise hablar de una sola canción sin necesidad de tener una gran justificación que explique por qué darle 600 palabras a una sola creación. Es claro que un álbum tiene por lo menos 10 canciones, y si se es honesto, hay que escucharlo completo para hablar de él. Si soy honesta, es lo más reciente que he escuchado de un dúo que nunca creí iba a encontrar en la vida real. Pues, en este caso, no necesito más que decir los nombres de quienes la interpretan y aquellos que ya han pasado por esta sección y ojeado sus fotos y sus hojas viejas, entenderán... Sweet Baby de Macy Gray y Erika Badú. No creía posible tanta maravilla cuando la escuché y sentí dulzura pero no de la que puede terminar empalagándolo, no, la dulzura que siempre se quiere estar repitiendo, como algunos helados, postres como el tiramisú, el pie de cereza, el de limón, un beso delicioso, en fin no sé cuales serán sus preferencias azucaradas, pero por lo menos estas son las mías, las que llevan mi paladar a la locura, lo agridulce. La canción deja un sabor suave, que se va tornando áspero cuando la voz de Macy Gray va creciendo, se vuelve de terciopelo otra vez en el coro de Erika Badú y regresa al pavimento con Macy, así lo hace durante casi 5 minutos, del cielo al infierno, de lo pasional a lo doloroso, de lo sedoso a lo sabroso, de lo vital al suicidio. A veces es un poco peligroso encontrar música que lo pueda pasar a uno por tantos estados. Si se tiene el valor suficiente y la cordura bien amarrada, no hay ningún problema, pero si la situación es de inestabilidad emocional, actúa como un laxante mental. Bueno, es posible que sirva para algunas personas que necesitamos sacar cosas que no sirven de la cabeza, pero de pronto sale todo, hasta cosas que son imprescindibles. Aquí el problema aumentaría, pero siempre encontramos soluciones al alcance de una radiola. Si separo las dos voces, cada una crea una sensación diferente. A Macy Gray cuando le escuchamos nos preguntamos si canta, susurra, regaña o se burla. Cuando uno la oye hablar no puede creer que de esa voz tan chistosa salgan sonidos tan increíbles, claro la música ayuda. No se puede negar que lo que realmente le gusta a uno de esa voz es el conjunto entre el tono, la rítmica que le imprime, lo conversadito de sus canciones, lo carrasposo de su garganta y lo que está diciendo. A Erika Badú cuando le escuchamos nos dice que no pierde el tiempo en explicaciones sobre su piel o su ascendencia. Se nota en cada palabra su arraigo cultural y con la música endulza la atmósfera. Es como un Prince versión femenina y con raíz africana. Lo grandioso de unirlas es obtener como resultado semejante canción: Sweet Baby. Mientras escribo también pienso que no muchas personas podrán estar de acuerdo con mis apreciaciones, pero igual me respondo, en este caso tengo que convencerlos. Definitivamente no puedo tomarlos por el cuello y obligarlos a decir conmigo “si es una gran canción”, pero por lo menos sé que dirán conmigo “que gran fusión de voces, que interesante sonido”. No me conformo con eso, pero por lo menos, si no la han escuchado les dejo la piquiña para que tengan que oírla, luego podrán sacarme en cara los defectos, atrocidades y hasta endiosamiento del artículo, o tal vez no, tal vez me digan “sabe que tenía razón”. Por ahora yo sigo disfrutando de estas dos maravillosas mujeres, que en los últimos 4 años me han regalado más motivos para ser adicta a la música y a las voces femeninas, espero, eso si, que nazcan más como ellas, ojalá en español y así tener más posibilidades entre continentes y radiola.
escrito por Alejandra Restrepo.
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