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Archivo Zonagirante: Pintalabios: Bogotá, ¡del putas, Bogotá! (2001).
Hace poco, en una campaña radial de un shampoo, le preguntaba al encargado si pensaba que Bogotá era crespa o lisa, él me respondió: Es lisa y tiene un piercing en la nariz. Yo realmente creo que es crespa, cabello castaño, minifalda, piernas largas, piercing en la nariz y estrellas en el pelo. Bogotá es una mujer, es una guerrera, buena bailarina y también es una mamá. A ella le gusta la rumba, el deporte, la luz bajita, los jóvenes, el cine, el teatro, pero sobre todo la música y en esto el rock la "despeluca". El pasado fin de semana tuvo mi querida Bogotá una fiesta inolvidable, estaba cumpliendo 463 años, y la verdad no se le notan. Hubo conciertos por doquier para todos los gustos, deportes acuáticos –ojo que no tenemos mar- cometas, en fin mil cosas para hacer. Por un lado salsa con Cesar Mora y su orquesta María Canela, Manguaré de Cuba –a quienes les fue pésimo con el sonido y la policía que nos aguó la fiesta -, el Gran Combo de Puerto Rico, Polo Montañés, Joe Arroyo; por otro lado, en el estadio de fútbol El Campín: 15 artistas, en lo que llamaron el concierto de conciertos 2, eso sí, no esperen U2, Madonna y Basement Jaxx, eran los viejitos que nos hicieron vibrar en los 80's: los vocalistas de Toto, Santana, No Mercy, Deep Purple, y hasta en español David Summers, Pablo Carbonel, y otro montón de colombianos que en esa época eran los grandes, como Elsa, de Pasaporte quien inmortalizó la frase "Bogotá, del putas Bogotá" y que casi es excomulgada por eso. Lo que por esa época no se sabía es que muchos años después la misma frase se repetiría en eventos multitudinarios como los venideros Rock al parque, festivales de verano, festival iberoamericano de teatro y Tortazos –eventos en un teatro al aire libre que van desde la salsa hasta el metal, el hip-hop y el reggae-. Hace parte de cada joven bogotano o casi, como yo, esta frase en el corazón. Es como si tuviéramos un chip interno que nos dispara el doliente patriotismo o más bien regionalismo, en momentos de estar finalizando un evento. ¡Pero cómo no se va a sentir todo esto en el corazón cuando en una misma ciudad, así como la describo, crespa, buena bailarina y estrellas en el pelo; se vive para todo el público, sin pagar un peso, un recital de la banda más querida del país: Aterciopelados! Desde el niño de 5 años hasta el abuelo de 80 se sabe la letra, codo a codo, sudores, amores, estratos, nos bailamos y nos gozamos a esa princesa a la que algunos le dicen florecita rockera: Andrea Echeverri, y a su compañero de escena que ahora se hace llamar Juanes, quien realmente me sorprendió con su banda porque está tocando realmente delicioso. Andrea como siempre, luciendo maravillosa, nos regala canciones de su álbum nuevo Gozo Poderoso y de los viejos también, versiones especiales en Bolero Falaz, Florecita rockera y Baracunátana, una candela más percusiva y capoeira en el escenario, D.j en vivo y palabritas amor. Luego la princesa rockera nos invita, como el cura al final de la misa, a darnos la paz, se acerca al guitarrista Alejandro Gómez, le da un beso y nos seduce para seguirla, cada bogotano, así fuera francés, se sintió contagiado y abrazó a su vecino, después vino la explosión de color con los fuegos pirotécnicos y ¡colorín colorado¡ Señoras y señores, en esta ciudad no hay como en Londres, París, New York o hasta el D.F. conciertos de gran importancia – lo digo por los artistas – pero cada evento convoca a 60.000 personas y a veces más como es el caso de Rock al parque, al que asisten 100.000 personas de varias partes de Latinoamérica, al único festival de rock latino gratis del continente. Esta convocatoria la logra un sentimiento, una necesidad, una alegría que se parece a la que uno siente cuando está estrenando novio o algo así. Eso es Bogotá: La novia de todos. A ella le dicen "Ciudad de todos, ciudad de nadie". Es una mujer abierta, no juzga, invita, es un poco fría pero con un poquito de cariño se calienta. ¿Saben qué? Vengan a Bogotá, véanla, no les dé miedo, ella los va a consentir.
escrito por Alejandra Restrepo.
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