Archivo Zonagirante: Columna Sónica: La esencia y la mentira de la rebeldía (2002).

 

¿Quién soy yo para darles un significado correcto del término Rebeldía? Lo único que les puedo decir es que ese es mi cliché favorito cuando hablo de rock, y, se podría asegurar que es el más polémico. ¿Se acuerdan de ese dicho tan repetido por propios y extraños que dice que "el rock es actitud"? Bueno, por ahí va la cosa, realmente. Por eso, y más que por la música, es que le creemos o no a alguien en este mundillo musical.
Creería uno, a partir de la premisa antes mencionada, que "rebeldía" en rock es adoptar una pose contraria a lo que está sucediendo. Rebeldía, se puede decir así, es lo que decía Kurt Cobain que quería lograr con su música, algo que molestara nuevamente a los padres de familia y que no sonara a los Rolling Stones, porque ellos ya no cuestionan nada de lo existente.
El problema es que los mercaderes de este asunto ya se dieron cuenta que eso de "la rebeldía", de mostrarse contrarios a todo lo que existe, renegados del sistema, vende. Y construyen modelos adecuados para lo que ellos llaman "las necesidades del mercado". Así todo se queda en el detalle superficial, en el pearcing en el ombligo o el tatuaje en el hombro y queda perfecto para la fotografía más no para la parte musical y lo referente al discurso. La verdad, ¿qué tiene de novedoso lo expuesto por bandas como Limp Bizkit o Linkin Park? Son productos tan poco perdurables como en su momento lo fueron Los new kids on the block o Paula Abdul. En lo único que se diferencian es en que pusieron distorsión a sus guitarras y un poco de cara de malos para sus retratos. El vender millones no los hace más interesantes ni más contestatarios. Lo suyo, en realidad, es la pasteurización de la  innovación, leche descremada elaborada para no alterar lo ya establecido.
La verdad es que sospecho que la rebeldía, comprendida de ese modo, ya no está para asustar a los mayores. Ello ya se volvió un producto de supermercado, al lado del yogourt de melocotón y el queso crema. Algo que viene con una muy pretenciosa etiqueta de advertencia  para los padres pero que en el fondo tiene contenido dietético para el cerebro. La verdad es que si las cosas van por ese camino, sería justo que lo que llaman rock'n'roll se vaya desvaneciendo como si nada hubiera sucedido por aquí.
Si quieren que les diga, siento más bien "rebeldía" en aquello de combinar lo que en otras latitudes consideran una blasfemia. Creo que ese sentimiento se expresa más en bandas como Asian Dub Foundation, donde al lado de la crudeza del sonido fuerte y distorsionado, se escuchan las raíces asiáticas de sus integrantes, o en Café Tacuba, que toca un tema con una buena base tecno, al lado de una ranchera. Parece que eso de rebeldía en materia musical es, hoy por hoy,  hacer del presente y el pasado, la tradición y lo contemporáneo una licuadora efectiva para los oídos. Es jugar al extremo con ese principio que tanto se repite, pero que tan pocas veces ponemos al límite de las posibilidades: "Todo se vale".

Rebeldía es escuchar al diferente y aprender de él. Rebeldía, perdón me atrevo a clarificar un poco mi cabeza, es experimentación en busca de la buena canción. Eso, en el fondo, no se parece en nada a lo que escuchamos día a día en las principales emisoras y canales del ambiente rock del continente, donde se le rinde pleitesia a algo que pronto nos sabrá tan viejo como un vaso de leche de hace diez días, pero que ahora nos lo venden como el producto revolucionario de la década. Tal cual como el betamax, artilujio olvidado en el desván de la casa, que ahora sirve para tapar las goteras del techo.


escrito por José Gandour.

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