Archivo Zonagirante: Columna Sónica: Articulo de vida y muerte (2003).


Este artículo nace textualmente después de escuchar en 99.1 f.m. a Maria Gabriela Epumer versionando esa canción de Daniel Melero que dice “quiero estar entre tus cosas”. 7:42 a.m. de un bastante frío miércoles, yo con una tos terrible, resaca de un resfriado tradicional. El artículo nace así, quizás porque hace varios días, después de la sentida muerte de la Epumer, he pensado mucho en la música que uno escucha para recuperar la vida, para acordarse del hecho afortunado de estar en este mundo y de cómo no se puede dejar acumular las penas, a pesar de toda la muerte que nos rodea.

El artículo (llamémoslo así constantemente, como si se pudiera palpar y tomar de la estantería de una panadería y consumir migaja a migaja) también parte de la impresión que me causó el ver caer a Foe, de la selección de Camerún, en pleno partido contra Colombia, ver cómo giraban sus ojos y se volvían totalmente blancos, resaltando terriblemente con su piel oscura, mientras buena parte del público pensaba que era parte de una estrategia para perder tiempo (irónico utilizar esta frase, en medio de su fallecimiento) y mientras las barras bravas rugían, este hombre de 28 años salía en camilla y sin volver a recobrar el conocimiento. Después de sabida la noticia, más de un comentarista deportivo, de esos que no tienen imaginación y si mucho morbo flotando en su boca, decía la poco original frase que advertía “que el jugador habia caído con las botas puestas, en el campo de batalla”.

El artículo también alude a que, aunque suene blasfemia, ya no me atrae la música de Radiohead, esa tristeza eterna, esa depresión compulsiva, de la cual muchos ya se enamoraron irremediablemente, acudiendo a ella como si la voz de Thom Yorke les llenara esa necesidad de mostrarse acongojados. Lo mismo me pasa con el último disco de Massive Attack. La verdad, en estos momentos de mi vida, lo que menos necesito (es una decisión personal y espero, la verdad, que muchos de ustedes estén en desacuerdo conmigo), es pastillas de nostalgia excesiva en boca de otros.

Sigo escuchando radio mientras escribo, y suena Rush y me parece divertido (nunca he sido gran fan de esta agrupación, pero tampoco me ha desagradado, a veces es demasiado “heróico” para mi gusto). Extraño Screamadelica, de Primal Scream, pero la verdad es que me da mucha pereza pararme y buscar entre la colección a ver donde está (me convenzo de creer que lo dejé en casa de Juan Pablo, el diseñador del cyberfanzine y me quedo quieto, el computador sabe que me quedo aqui). Pienso que lo que estoy buscando en estos momentos en la música es una alegría contenida, algo que muchas cosas que salen del rock actual ya no me dan, porque se les siente venir la fórmula prefabricada encima, porque se les siente lo excesivamente artificial, el discurso acartonado dicho en muchos tonos, en forma de punk descafeinado, neo metal asusta gallinas o pop rock perezoso. No todas las bandas son Deftones, no todos los solistas son Neil Young.

Eso me gustaba de Maria Gabriela: su música se sentía sin prejuicios, con ganas de jugar con lo que tenía a mano, respetando al pasado, invadiendo furiosamente al futuro. Sin percatarnos de verdad (ella seguro que no ha caído en cuenta aún), se nos fue sorprendiendo a todos. Nadie debe lamentar su muerte, más bien debemos celebrar haberla visto viva. El artículo espera, a las 8:09 del mismo día, y mientras la radio para la música para interrumpirla con una aburrida entrevista, en medio de toda esta confusión, haberle podido rendir un homenaje a semejante princesa.


escrito por José Gandour.

zonagirante@yahoo.com

 

 

 

 

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