Archivo Zonagirante: Columna Sónica: ¿Que hacemos con Mick? (2003).

 

Cuando pequeño daban en la televisión un programa de humor mexicano llamado La carabina de Ambrosio. Tenían una sección llamada La palabra canta, donde salía un personaje vestido de Mandrake (o de Drácula, no recuerdo), recitando sonetos ridículos acerca de los acontecimientos de la semana. Uno de los versos que más recuerdo era “oh ratón miguelito, cumpliste cincuenta años y sigues siendo tan jovencito”. Ustedes dirán “¿pero qué relación tiene con los Stones?”, pero apenas veo que Mick Jagger llega al sexto piso de su vida, caigo en cuenta de ese poema para aplicarlo a la ocasión.

También me acuerdo que hace unos años una revista colombiana hacía un concurso entre sus suscriptores para ver a los Stones en, si no estoy mal, Nueva York, diciendo que era mejor verlos en ese momento y no cuando salieran con muletas, excesivo contenido de canas y mal de alhzeimer. Parece que esos tiempos aún no han llegado y falta mucho para que ese desgraciado instante se produzca. Dicen que este fin de semana fueron a verlos casi cuatrocientas cincuenta mil personas en Toronto y que nadie pudo ver que Jagger olvidara una sola línea de sus canciones o que dejara de saltar o mover la lengua o dejar de inspirar la más lasciva de las jornadas sexuales entre sus fans. Dicen que la fama explotando en el escenario es el mejor de los Viagras y dicen las malas lenguas que don Mick tenía cara de desear complacerlas a todas ellas (y no se veía como un viejo verde).

Nadie está negando sus arrugas, para nada. Es más, ni el mismo Mick las trata de ocultar y más bien parece orgulloso de ellas. Y ni hablemos de Keith Richards, quien vive como si todavía tuviera veinte años y todavía le sigue colgando la colilla del cigarrillo de la boca (alguna compañía tabacalera debe estar muy agradecida con su gratuita propaganda). El que si se ve todo un señor, como el cascarrabias del grupo es Charlie Watts, quien tiene pose de Lord mientras toca la batería y debe ser el primero en dormirse cada vez que sale de la tarima.

¿Quién no quisiera llegar a los 60 luciendo como el señor Jagger? ¿Cuántos de sus padres, algunos mucho menores que el personaje en cuestión, no lucen más ancianos, sufren menos achaques y bailan con más energia? Con razón Mick hace poco cantaba, junto a Lenny Kravitz, que Dios le había dado todo lo que quería, a pesar de que, desde 1964, no hallaba ninguna satisfacción. Ser rockero a los sesenta puede ser la pesadilla de muchos (imagínense, si a varios de nosotros nos han dicho, después de cumplir los treinta, que es hora de volvernos seríos y dedicarnos a la música de consultorio odontológico, lo que pensarán algunos nerds de profesión al ver a este supuesto irresponsable entonando Start me up), pero la verdad yo siento envidia total. La siento por Mick Jagger, por David Bowie, por Pete Townshend, por Neil Young. Hasta a veces, aunque suene totalmente decadente, por Charly García (nunca por Ozzy).

No, señor Jagger, usted no puede seguir así. Mire las cosas que nos hace decir. Ese síndrome de Peter Pan nos pone un tope muy alto al resto de los mortales que escuchamos a los Stones rodando por ahí, todavía cautivando a la masa y poniéndola a saltar sin vergüenza alguna. La verdad, sospecho lo que siempre han dicho por ahí: usted tiene un pacto con alguien muy caliente y nos va a enterrar a todos con la lengua afuera.


escrito por José Gandour.

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