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Archivo Zonagirante: Columna Sónica: Un negocio lamentable (2003).
Al contrario de lo que asegura desde el principio de su declaración el periodista inglés Dave Simpson en el diario The Guardian, pienso que Los Beatles fueron geniales. Aprendí a escucharlos tarde, quizás hace menos de diez años. Antes me parecían algo insoportables, quizás porque lo que más procuran divulgar los beatlemaniacos que me rodean son las tonadas más cursis, las del principio de su carrera, que, la verdad, no son precisamente las que marcan la diferencia con el resto de la comunidad rockera (¿o me van a decir que Love me do es una canción fascinante? Bah, no exageremos). Respeto a Los Beatles porque quizás, después de un largo tiempo, unos amigos, quizás por la vergüenza que les producía, me guiaron por el camino correcto y me pusieron a escuchar de manera intensiva el álbum blanco y Abbey Road. Escuchar por primera vez Polythene Pam es entender el furor de ese grito rabioso y alegre “yeah, yeah, yeah”. Here Comes the Sun es un tema que ayuda a afrontar los días más dificiles, y Come Together es el misterio perfecto hecho canción. Al pasar a Revolver y escuchar esa pieza maestra que es Eleanor Rigby, no se puede creer que fue grabado en 4 canales. Eso obliga a reconocer que los Fab 4 fueron inventores de muchas de las tonadas musicales y los sonidos que todavia nos sorprenden. Los Beatles, hay que admitirlo, hicieron historia. Pero creo que, al contrario de los discursos que nos tratan de lanzar los mercadotecnistas de la industria discográfica, Los Beatles ya murieron, hay que dejarlos descansar en paz. No jodan mas con el asunto. Lo digo porque nuevamente en el mercado encontramos un nuevo álbum, la reedicion de Let it be, al desnudo (Let it be... Naked). A ver, ¿eso de que se trata? Es un arrepentimiento de Paul Mc Cartney de todo lo hecho en aquella época, especialmente con la contribución que hizo Phil Spector con la producción orquestal de algunas de las canciones del álbum, dejando las versiones limpias, y añadiendo, para mayor atractivo comercial, dos canciones, Across the Universe, de John Lennon y I Me Mine, de George Harrison (qué coincidencia, los dos que ya están muertos). La verdad ahi si estoy de acuerdo con Dave Simpson, cuando dice “Como la Navidad, la Beatlemanía es un negocio vasto y creciente sin ningún sentido, sustentado por los fans entrados en años. La industria del disco está tan en problemas que se apoya en interminables reediciones de Eleanor Rigby. Let it be... Naked puede que no sea el fin. El próximo podría ser Rubber Soul... Naked. Algún día nos enfrentaremos a Paul McCartney desnudo. Para evolucionar, el pop debe extirparse este cáncer voraz.” Fuertes palabras, pero muy sabias, a pesar de lo criticadas que pueden ser por aquellos que hayan gracia en cualquier tonada que hicieron en chiste cualquiera de los Beatles, y por aquellos que ya se encuentran en las tiendas esperando impacientes un álbum completo con toda la variedad de eructos que dió Lennon una tarde de verano aburrido en su casa o con las flatulencias de Ringo Starr en una noche de borrachera en Hamburgo. A medida que van sacando más discos de Los Beatles de donde no deben salir, más se aleja a las nuevas generaciones de quererlos como se debe. Más de un joven de nuestros tiempos piensa que lo hecho por Ringo, Paul, John y George tenía visos tan insoportablemente mercantiles como cualquier balada de Ricky Martin o cualquier lamento insoportable de Enrique Iglesias. Ellos, junto a gente tan brillante de su momento, como The Who, Rolling Stones o Bob Dylan, cambiaron la historia del rock’n’roll, pero su tiempo, aparte de los agradables momentos que le hicieron vivir a la humanidad y los recuerdos de sus grabaciones originales, ya acabó. ¡Qué lamentable debe tornarse el estado de la industria discográfica mundial para que hayan llegado a estos extremos!
escrito por José Gandour.
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