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Archivo Zonagirante: Columna Sónica: Jugando a porrista en un mal día (2004).
Partamos de una base: hay mucha música en el mundo que no produce nada, ningún sentimiento, pura indiferencia. Mucha canción sin gracia, ni siquiera con ganas de odiarla. Es la música que en general se escucha en los taxis, donde los conductores vanidosos gastan demasiado dinero en un super equipo de sonido con todos los parlantes del mundo para escuchar versiones instrumentales de los temas más insulsos del planeta. Parecen consultorios odontológicos ambulantes. Y eso, en un día de malas pulgas hace daño. A ese martes sólo le faltaba una lluvia inoportuna. Todos los problemas del mundo a punto de explotar en mi cabeza y con la necesidad de llegar pronto a una parte, a ver si se comenzaba a ver la solución. Para completar, poco tiempo disponible y un tráfico horrible (en lo único que comienza el año a tiempo en Bogotá es en sus trancones). Mi maleta cargada con muchas cosas casi que innecesarias (una libreta, mi cámara con todos los cables, una botella semi vacía de agua y varios discos, algunos para prestarle a un amigo). Apenas llega el taxi a mi puerta, me subo resignado a escuchar una tanda de covers insípidos de los Beatles en manos de la orquesta sinfonica de Londres, en el mejor de los casos. Al meterme en el carro, y mientras el conductor me preguntaba la dirección de mi destino, yo observé fascinado, como si fuera la primera vez que veía un aparato de esos, un cd player en perfecto estado, instalado al lado del volante. Mientras tomábamos la primera avenida de la ruta y veíamos cómo se acumulaban los autos, abrí mi maleta para ver si había algo que me salvara. In time 1988-2003, R.E.M. Sigamos con lo que dije al principio: hay mucha música en el mundo que no dice nada, o que contiene demasiado discurso vacío. R.E.M. es todo lo contrario. Desde hace ya 16 años, esta banda de Athens, Georgia, dio muy duro a sus oyentes, hizo parte importante de la banda sonora de cada persona que los escuchó a conciencia. Desde Radio Free Europe hasta ahora con su canción Bad Day (venía perfecto para describir la sensación de esos días lo que dice en una parte esta canción: “We're sick of being jerked around / We all fall down”). Michael Stipe, su cantante, parece entenderlo a uno, sabe describir los buenos momentos y alegrarse y sabe tratar los malos ratos y darles la importancia que merece. Esta banda divide su historia en dos, antes de su popularísima canción Losing my religion, publicada en su álbum Out of Time, a principios de la década de los noventas, y después de este repunte en todo el mundo. Una excelente canción que, de todos modos, de haberla escuchado tanto en la radio del momento, la salto cada vez que se marca su track en el equipo. Por suerte Losing my religion no es la mejor canción que tiene esta banda. In time 1988-2003 lo demuestra con creces. El repertorio va desde, por ejemplo, Orange Crush, una canción que, aunque muy intensa, se siente un aire triste saludable en su melodía, hasta What’s the frecuency, Kenneth?, publicada en Monster, de letra complicada pero de energía intensa que atrapa desde el primer guitarrazo. Pocas veces una balada ha sonado tan bien como At my most beautiful, diciendo algo tan sencillo como “I've found a way/ a way to make you smile”. Y después, pocos segundos después, oír Stand, divertida composición bailable, que propone giros infinitos (“Stand in the place where you live/ Now face North/Think about direction/Wonder why you haven't”), hace de este disco de grandes éxitos algo memorable y confirma (como si lo necesitara) que pocas bandas han sido tan “cool” como R.E.M. en los últimos veinte años. Es mucho tiempo, pero todavia su música se siente fresca, todavía salva cuando revienta los parlantes. El taxista, en medio de diez millones de carros que no avanzaban, no entendía cómo podía estar sonriendo, con la ventana abierta y obedeciendo mi petición de subirle el volumen. No importa que sonara Bad day, y que Stipe estuviera diciendo “Its been a bad day /Please dont take a picture/Its been a bad day./Please” . No importaba por donde venía la mano, todo el caos del día pasando por mi cabeza, el retraso para mi cita, toda la mala vibra de la mañana en el teléfono, la casera y su insoportable cantaleta... Es ridículo, pero en un día de esos, un pequeño infierno a 2600 metros de altura, bajé feliz del carro. Al menos R.E.M. me había engañado de buena manera. La música, la buena música, salva, no hay remedio.
escrito por José Gandour.
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