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Archivo Zonagirante: Columna Sónica: A propósito del arresto de Pipo Cipolatti y otros por ahi... (2004).
Partamos de una confesión, para desarrollar este artículo teniendo las cosas claras: yo no consumo lo que de manera errónea llaman “drogas”. He fumado uno que otro porro, pero, al no haber aprendido nunca a aspirar el humo (soy muy torpe para ese tipo de cosas), es muy poco el efecto que produce en mí dicho acto. Me asustan las pastillas de cualquier tipo, tengo fobia total a las agujas (no puedo ver una escena en cine de una persona inyectándose, me produce mucha impresión) y tengo una imagen muy bizarra de la cocaína, a la cual siempre he visto como un mal utilizado polvo que más luce para los pies que para la nariz. En seguimiento de esta confesión, debo decir que me aburren mucho los rituales de consumo de la mayoría de las drogas y me desesperan las personas que abusan de las mismas. No soporto mucho tiempo al lado mío alguien que no controla los movimientos de la cara después de una intensa jornada con “perico”, o la pérdida de memoria y los silencios eternos del consumidor habitual de marihuana. Soy fumador habitual de cigarros (si alguien tiene la gentileza de regalarme una caja de habanos, lo tendré en mi consideración por mucho tiempo), y la verdad muchos de mis amigos creen que no bebo, aunque lo hago en ocasiones, y hay veces que me pasó un poquito, sin llegar a ser insoportable. Nada más. Al hablar de las drogas, recuerdo una frase de Lou Reed que decia que las restricciones existentes al respecto lo único que lograban era “glamourizar” el producto ilegal, darle un status “chic” que no merece y que atrae a tanta gente. Dicho ya todo esto, debo decir que prefiero mil veces que todos los procesos de consumo de estas sustancias ilegales se realicen en la mayor libertad posible y abiertamente antes de favorecer cualquier criminalización que se ejerce contra ellas. Me ofenden más las personas que, en proselitismos morales, persiguen y condenan el consumo, pidiendo más fuerzas de represión y provocando más violencia, que los consumidores mismos. Me siento un tanto arcaíco diciendo todo esto, pero al existir aún dudas al respecto, debo repetir lo que ya muchos expertos, que saben muchísimo mas del tema que yo, han declarado hasta la saciedad: la prohibición no ha hecho más que crear mayores problemas a la sociedad que lo que en sí produciría la legalización de las drogas. Pero el debate está en a quien conviene la prohibición y no a quien perjudica la actual situación. William Burroughs, el autor de El Almuerzo desnudo, al ser invitado a hacer un corto papel en Drugstore Cowboys, pelicula dirigida por Gus van Sant en 1989, dice en su parlamento que la lucha contra las drogas no busca curar a la sociedad sino más bien logra mantenerla vigilada. Hay más beneficios económicos y de poder en todos los frentes establecidos con la prohibición que con la legalización. Es la prohibición la que sube los precios de la droga y la hace tan rentable, la que hace que haya mayor presupuesto para armas, la que sostiene a muchos ejércitos legales e ilegales, la que hace que todo ciudadano entre en la lista de sospechosos, la que incrementa la corrupción a todos los níveles (desde el policía raso que soborna a un bar para que no lo cierren hasta el que compra a un buen número de jueces para que no empañen su expediente), la que sostiene presidentes que necesitan dinero en sus campañas de elección, la que acaba, tanto con los cultivos, como con las fumigaciones, los parques naturales de muchas naciones. La que, al final de cuentas, nos hace caer en el más contradictorio de los discursos sobre la moralidad y el buen comportamiento, mientras otros, que tienen muy claras las cosas, se rien de tanta mojigateria. Ese es parte del engaño, quienes nos estampan a diario ese discurso sobre lo conveniente de la lucha contra las drogas no quieren que se acabe nunca. El mismo discurso se volvio su elemento de dependencia, es su adicción, y es lo que hace que se justifique la actitud de ataque a toda la sociedad, donde la mayoria cree que toda esta parodia se realiza por nuestro bien, y los resultados demuestran que más bien todo empeora. Los que se muestran como enemigos, en el fondo saben que su oponente es quien los sostiene. La verdad señores, prefiero, como decía al principio, que las drogas (los estupefacientes, o cualquier otro término menos técnico) tengan cabida dentro de los estamentos legales de la sociedad, con el mismo control que se aplica sobre, por ejemplo, las bebidas alcohólicas. Pero, ya lo sabemos, es la hipocrecía la que gobierna y la que trata de convencernos que todo va bien, no importa cuantos muertos se generen.
escrito por José Gandour.
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