Archivo Zonagirante: Columna Sónica: Un cúmulo  de tetas artificiales con alta audiencia (2001).

 

Es gracioso. Es la primera vez que Rock al Parque, evento masivo que convoca 300000 personas, tiene como competencia, por aquello de la coincidencia de las fechas, al reinado nacional de belleza en Colombia.  Y mientras escucho Miss Mujerzuela,  de Caramelos de Cianuro, grupo venezolano asistente al festival,  comienzo con morbo a leer cómo los periodistas especialistas ya discuten si a la señorita Antioquia le quedó bien la operación de senos, si la señorita Bogotá realmente ha leído a García Marquez o si la señorita Santander está dispuesta, si gana la corona, a ayudar a los niños pobres del mundo entero.
Hace poco en los medios de comunicación (incluyendo los que se consideran "serios") se armó una polémica alrededor del hecho que, después de ser elegida por primera vez una mujer negra como representante del Valle, un departamento de amplia base poblacional de color, un anónimo avisó que esta misma mujer había desfilado con transparencias en un certamen de moda. El estricto y "correctísimo" director del reinado procedió a suspenderla y se armó Troya. Se dijo que era un acto racista, discriminatorio y por demás ridículo. Hasta una candidata a la presidencia de la república entró a opinar, y haciendo gala de su demagogia, se solidarizó con la reina y casi arma marcha de protesta hasta Cartagena, sede del evento.
Lo que se ve en el Reinado parece sacado del peor de los cuentos de hadas. La música que se escucha durante las jornadas del reinado ronda entre las baladas de mal gusto de personajes como Chayanne o Enrique Iglesias, hasta el mal reciclado beat de la música tropical prefabricada. Mientras las participantes por la corona desfilan en la piscina del Hotel Hilton en traje de baño y zapatos con tacones de hasta 11 centímetros (vestuario típico de película porno), y escuchan los vítores de los borrachos localizados al borde de la pasarela que se embriagan a punta de Buchanans, la banda sonora presente puede rondar entre las versiones remixadas de las canciones de Carlos Vives, el éxito del momento (con nombre gastronómico como Chocolate, Mayonesa, Brócoli o Salami),  y la enésima versión dance de Amor a la mexicana, de Thalia.  En la noche final, con transmisión por televisión y alto rating, tensión en los hogares, calculadora en mano y gritos desesperados de señoras que exclaman sin pudor "mire mijo, esa niña de Atlántico tiene el culo caido, ¿como le pueden dar ese puntaje?", las disqueras se pelean por presentar a sus nuevos artistas, los cuales,  sin ningun pudor, hacen mímica enfrente de varios millones de personas. Algunos lo hacen tan mal, que alcanzan a acordarnos las tranmisiones de peliculas japonesas en los canales curturales, donde los doblajes no alcanzan a ir a la velocidad del discurso original del protagonista del film.
Luego, a los pocos meses de celebrado el reinado, leeremos, como siempre, que la virreina del evento, ya que no pudo viajar a Miss Universo, se ha dedicado a la presentación de noticias de farándula en un canal privado y comienza a hablar de la posibilidad de grabar un disco de "baladas-rancheras-pop-trance" con una multinacional, diciendo en todas sus declaraciones que ella siempre ha soñado con ser cantante y actriz, una "artista integral".  La gran mayoría de las participantes consigue marido antes de que pase un año y una que otra se ve envuelta en algun pequeño escándalo, por frecuentar lo que llaman las señoras de bien "malas compañías", y lo que popularmente ya, sin ningún recato, nosotros llamamos "narcos", "traquetos", "mágicos", o simplemente, ya usando el diccionario correctamente, mafiosos. En este tipo de historias nunca suena de fondo algo de los Rolling Stones o de David Bowie (puede que, por descuido, si algo de Juanes o de Aterciopelados).

Bueno, mientras todo esto pasa, el 12  de noviembre yo estaré en el parque Simón Bolívar viendo a Los Superlitio cerrando Rock al Parque, junto a cien mil personas mas. El resto del país no se dará cuenta de ello, por aquello del poder de la silicona explotando en sus pantallas de televisión. Lástima.


escrito por José Gandour.

zonagirante@yahoo.com

 

 

 

 

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