Vuelo con dirección a Buenos Aires. Después de unos minutos en los cuales está claro que el sonido de la película programada en cabina no va a funcionar, busco mi Ipod y veo la ventana como quien quiere llegar rápidamente a su destino. En los audífonos, después de un rato de silencio, se escucha la voz de Luis Alberto Uriza, cantante de la agrupación colombiana Hora Local, cantando "Te suicidaste en el baño de un avión/ cortándote las venas de ambas manos/ con un cuchillo plástico de dotación/ mientras volabas sobre un Atlántico/ lleno de cruceros de placer". 17 años después de ser grabada esta versión de Hace Frio en el Infierno, y cuando Luis Alberto ya no es un cantante con actitud punk sino un firme ejecutivo financiero que vive en Londres, me sale una ridícula sonrisa, que hace que el viaje sea más placentero. ********** Hora Local, una banda bogotana que sonaba a una muy extraña combinación de punk combativo y rock progresivo, caló en el ambiente de su ciudad en un momento en el cual los comunicadores masivos de su entorno erán tan ignorantes que creían que existía un estilo llamado "rock en español", donde daba lo mismo ser Charly García, Los Prisioneros o La Trinca, ya que los ponían en el mismo paquete. Hora Local, agrupación a la que se notaban diversas influencias, como Aviador Dro, Pink Floyd, Joy Division Yes y The Clash (vaya revuelto!), al contrario de sus colegas de ese momento, Pasaporte, Compañía Ilimitada o Zona Postal, no se dedicaba a componer baladas sobre amores imposibles, y más bien se burlaba, en un disco de dos canciones en 45 revoluciones, del ambiente arribista que los rodeaba ("Quieres salir adelante/ y triunfar en la vida/ salir en televisión/ y volverte importante/ y yo solo digo que el rock no te necesita") o imaginaba tragedias homicidas con kamikazes imposibles ("Los creyó gringos cabellos de sol/ y mucha bala empezó a botar"). Claro, los de las baladas eran más populares (suele suceder). Conocí a Hora Local en el año 89 a través de mi hermano. Tocaban en bares ya desaparecidos como Metro, Barbarie (primer bar de Hector Buitrago y Andrea Echeverry, los hoy famosos Aterciopelados) y Estación central (este último, de propiedad de Carlos Vives, ubicado en el barrio La Candelaria). Yo andaba de vacaciones en Bogotá y andaba sorprendido con la "moda" de cantar en el idioma, algo que era perfectamente normal hace varias décadas en Madrid o en Buenos Aires. En la capital bogotana se daban discusiones muy graciosas, sobre si el rock valía la pena cantarlo en otro idioma diferente al inglés o si lo que se hacía en América Latina pertenecía al género. Se hacían telenovelas sobre el tema y había un hambre muy particular por todo material que se produjera en cualquier país hispanoparlante. Los grandes conciertos hacían mezclas muy peculiares, ya que ponían en el mismo cartel a Miguel Mateos, a Timbiriche y a Franco de Vita. Soda Stereo (y en eso no ha cambiado, a propósito de su regreso) era idolatrado y el look que ellos usaban (y copiaban de los ingleses) a los dos meses era imitado por los cantantes locales más populares en sus presentaciones. Pero Hora Local no andaba en esa onda, lo de ellos no era disfrazarse o tratar de lucir "a la moda". En algunos casos era subirse al escenario igual a como venían de la universidad o del trabajo y simplemente impactar con sus canciones. Tenían rotando entre los amigos en ese entonces un demo, en el que tenian incluído temas como Implicados, La Chica de Chernobyl y Orden público alterado, esta última una narración intensa de lo que podría ser un día de extrema agitación social en Bogotá. A mi, debo decirlo, me quedaba fácil admirar una banda que decia cosas como "Para mi orden público es no tener/ que hacer mercado de revolución/ cada vez que el presidente habla por televisión". Con razón no sonaban en radio. Es más, los detestaban por esos lados. En 1990 grabaron su único larga duración, llamado precisamente Orden Público, bajo la producción de Many Moure, bajista de Los Toreros Muertos. El disco se demoró en salir, por conflictos internos. Cuando lo publicaron, de manera autogestionada (por supuesto) y con empaque hecho de manera artesanal, ya Luis Alberto, el cantante, se había retirado. Además eran tiempos de confusión: la gente no creía en el vinilo y todavía pensaban que el disco compacto no era el futuro. No mucha gente escuchó la versión grabada de Héroes Americanos ("Algun día en alguna parte seremos héroes por un instante"), Ella soñaba ("Hace la revolución desde el tocadiscos/ después del almuerzo con ministros/ guarda las botellas para sus amigos/ que de su tragedia éramos testigos") y Londres ("Ya volveremos otra vez/ en uno o dos millones de años/ a repetir la misma historia/ a volver a inventar el rock"). Con semejantes letras, estos temas debieron ser himnos de la época, pero todo entonces estaba en su contra. ************* 2007. Adelaida Callejas, la esposa del a veces bajista, a veces cantante, a veces teclista, a veces locutor sin licencia, y definitivamente personaje principal de la banda, Eduardo Arias, decide hacer la labor de publicar en el ya casi extinto formato de CD lo grabado hace 17 años. Además logra que algunos grupos como Nawal, Pornomotora, Los Telebolitos y Odio a Botero, entre otros, junto con Aterciopelados y Carlos Vives (que si vivieron aquellos días) hagan sus propias versiones en un segundo disco incluído en la publicación, llamada en su totalidad Soluciones para todo menos para los problemas. Logra juntar a los músicos de entonces (menos a Luis Alberto, que posiblemente se enteró de la gestión desde la comodidad de la Gran Bretaña) y en la fiesta de lanzamiento, los pone a tocar, después de todo este tiempo, un poco mas de medio disco para que los nostálgicos recordemos y algunos de las nuevas generaciones apenas conozcan lo que pudo pasar y solo hasta ahora está pasando, cuando los tiempos, afortunadamente, de alguna manera han cambiado. Al menos ahora hay margen para el recuerdo y por la radio independiente e internet podemos por fin escuchar sus canciones de manera masiva. Han vuelto a repetir la misma historia, de mejor manera. *********** El vuelo ha sido tranquilo. El capitán ha anunciado la pronta llegada a Ezeiza. Otra vez pongo Hace frío en el infierno, "En quien pensabas mientras tanto/ estando en un cielo azul sin Dios/ recordaste las sonrisas y las despedidas/ pero a veces hace frío en el infierno". Cinco minutos y siete segundos después de repetir la canción el avión toca la pista de aterrizaje. No puedo evitar una lágrima. La canción termina. Ojalá permanezca en la memoría de muchos de manera similar a lo que fue este viaje. Hora Local, después de todo este tiempo se lo merece.
Más información en http://www.horalocal.blogspot.com/ por José Gandour
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