El duque de mil batallas

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duque

Por José Gandour @gandour

Ayer, por primera vez en mucho tiempo, disfruté una rueda de prensa de Rock al Parque. Estaba ahí por accidente, cuestión de la lluvia y del poco interés que me despertaban las bandas que tocaban en ese instante. La conferencia del momento era con una banda de la ciudad de Pereira, Ritual, que volvía a escena después de 20 años. Al frente, micrófono en mano, cosa extraña, estaba el baterista, tomando la palabra. Sin mediar pregunta alguna, comenzó a contar el porqué del regreso de la agrupación y todas las historias alrededor del hecho. Un relato que daba cuenta de la carga de los miles de días que habían pasado y del peso del tiempo que tenía cada uno de los integrantes. Quien contaba la historia era un personaje emblemático de la escena rockera colombiana: El Duque.

No recuerdo en que momento lo conocí. Creo que fue en los tiempos en que entró a tocar con Aterciopelados. Él, que tiene un intenso acento del eje cafetero, y volumen de voz alto, era fácil de distinguir entre la gente. Ojo, estoy seguro que él preferiría tener un perfil bajo, hacer lo suyo, divertirse e irse, pero es imposible. Duque es el personaje que todo mundo quiere tener cerca en una fiesta, en un avión o en su banda. Es un tipo que se ha roto las rodillas de tanto darle al bombo, que ha pasado por no sé cuántas operaciones y ahi sigue. Ha tocado en infinidad de agrupaciones, ha viajado por todo el mundo, ha integrado conjuntos de todos los géneros, desde el death brutal metal hasta la alegría balcánica, pasando por el rock´n´roll de toda la vida y uno que otro momento pop comercial. Yo no sé como está el ranking de bateristas en Colombia, pero estoy seguro que el Duque es el más solicitado.

Mientras contaba en la rueda de prensa todo la historia de su primera banda, pensaba que el Duque podía haber compartido escenario con muchos de los mejores artistas del mundo, y sin embargo, podía quitarse rápidamente el traje de músico reconocido y asumir el papel de roadie de cualquier banda, aceptando órdenes y corriendo en la tarima en ayuda de cualquiera sin chistar. Es el mismo que compró una van para hacer transportes de todo tipo por todo Bogotá. Este es el baterista que regresó a Pereira a recordar jornadas pasadas y reconstruir un proyecto que otros hubieran considerado muerto y escondido en la memoria. Si, el mismo que sabe que buena parte del peso del rock colombiano de los últimos tiempos cae en su espalda, pero conserva el don de gentes que la gran mayoría no tenemos. Ojalá en este ambiente hubiera más de estos.

 

 

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