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Por José Gandour @gandour Fotos Julian Gutiérrez @jackmulligan

Arranquemos con una obviedad, una verdad de perogullo: Si las Olimpiadas de Tokio, a celebrarse durante este verano boreal, se movieron para el próximo año, aún con todas las precauciones que puede tomar el gobierno japonés para manejar la pandemia actual, de la misma manera debe actuar la Alcaldia de Bogotá y el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) con respecto a todos sus festivales al Parque (Rock, Hip Hop, Colombia, Salsa, Jazz) y otros eventos masivos. Los extrañaremos, si, pero no podemos correr riesgos y menos en un país que no tiene los suficientes recursos económicos, sociales y humanos para asumir consecuencias más graves de las que estamos viviendo. Igual, aunque suene desproporcionado, más que un problema, lo que se nos presenta, en el fondo, es una oportunidad de replantear y reinventar lo que se viene haciendo hasta el momento, para beneficio de la escena musical capitalina y sus aficionados.

Sin tener cifras exactas, estamos hablando de reasignar varios miles de millones de pesos colombianos destinados a celebrar los festivales nombrados. Ustedes lo saben, aunque somos fervorosos aficionados a esos eventos, criticamos la forma en que se han planteado estos certámenes en los últimos años benefician a unos pocos, casi nada a los músicos locales, y más bien se han vuelto jolgorios costosos para que el burgomaestre de turno presuma de unas cifras de asistencia que no conducen a nada. Pudimos asistir a una de las ediciones más nutridas de Rock al Parque durante 2019, pero, como para poner un ejemplo simple, en la tarima principal no se vio ninguna propuesta bogotana en sus horarios estelares. Es decir, se expuso con gran bombo la foto tomada desde el dron mostrando las multitudes, pero al día siguiente se recogió todo el confetti y no quedó nada para los artistas de la ciudad. 

Esta es una metrópoli que, según la Unesco, y lo hemos dicho en varias ocasiones, se ganó el título de capital musical de la música, pero dicha mención no sirve sino para que se nos llene la boca en discursos vacíos que no llevan a ningún punto útil. El resto del año, la inmensa mayoría de los participantes en la escena musical bogotana no tienen ningún tipo de garantía económica, ni promocional por el trabajo que se esfuerzan por presentar a la audiencia. No hay suficientes iniciativas de apoyo para establecer un desarrollo real del talento, y la verdad es que, detrás de lo que llaman ahora «economía naranja» no existe una claridad de concepto y, como era de esperar, hay un olvido total de la gran cantidad de exponentes independientes que hacen parte de todo el conjunto. Por otro lado, no hay medios de comunicación públicos pertenecientes a la ciudad que trabajen en pro de la difusión de las grabaciones de estos artistas. Lo promulgado por la Unesco es un bonito lema pero nunca ha generado una verdadera oportunidad para plantear el crecimiento de un sector de nuestra economía que podría ayudar a generar empleo, dar bienestar a miles de personas y convertirse en excusa clara de fortalecimiento del proceso de paz.

Y ahora el Coronavirus, ahí si todo se fue al garete. Se frenaron los conciertos, por tanto se estancaron las empresas de eventos, los que alquilan equipos, las salas de ensayo donde los artistas se reúnen a crear sus próximas composiciones, los estudios de grabación donde se plasman dichas obras y, paralelo a eso, los fotógrafos, ingenieros, periodistas y demás participantes profesionales del sector han frenado en seco sus actividades. Nadie (o casi nadie) del sector privado va ayudar a que esta situación se calme, no, al menos antes que reaccione el Estado. En este eje, debo expresarlo  con todas las palabras: Espero más acción en ese sentido de parte de la Alcaldía que del gobierno de la Nación.

Habiendo escuchado a mis amigos y colegas del medio y sabiendo que, en esta nueva administración municipal, hay, en principio, gente mejor preparada y con más ganas de oír a los participantes de este sector, propongo redestinar el dinero que se ha incluido en el presupuesto de Idartes para los festivales al Parque, para crear una especie de «Plan Marshall» de rescate de los trabajadores independientes de la música bogotana. Eso no significa esperar un cheque en la cuenta de ahorros ni mucho menos. Aquí hay que reinventar la rueda y acudir al poder máximo de lo digital. Hablaría de los siguientes puntos:

-Las bandas no van a presentarse en persona frente a su audiencia en muchos meses. La solución está en implementar una tribuna virtual donde los artistas seleccionados mediante concursos oficiales puedan hacer conciertos desde sus hogares contratados por la Alcaldía. Establecer el mismo sistema de convocatorias que elaboran para sus eventos masivos, y, a su vez, dando las suficientes garantías para que el público interesado acceda a esas presentaciones en sus casas. Hay que armar festivales en línea, sin descuidar que los primeros en ser seleccionados sean miembros autogestionados de esta escena local. Esto no se trata de repetir actos pomposos en busca de la gloria efímera, como gastarse exageradas sumas contratando a Juanes o a otra figura internacional que no requiere de este tipo de ayudas para sobrevivir.

-Si esto se hace, es el momento de crear un verdadero medio distrital periodístico dedicado a difundir, a través de su propia radio y, si es posible, su propio canal web en vivo, el día a día de la cultura bogotana. Es absurdo que esta ciudad no tenga su propia frecuencia y que los proyectos de transmisión creados sean para expresiones demasiado elitistas y experimentales.

-Hay que proteger y salvaguardar los puntos de encuentro y desarrollo de la música bogotana. Las salas de ensayo y los estudios de grabación son los más inmediatos perjudicados de esta cuarentena. No tienen clientes y siguen pagando sus arriendos y servicios sin que nadie los ayude. Es hora de disponer créditos blandos, becas para grabaciones virtuales, cursos en línea de producción y un montón de otros recursos que le den piso a estas empresas que, si desaparecen, será demasiado costoso para una comunidad que no puede volver a su punto cero para volver a levantarse. 

-Hay que extender las plataformas digitales musicales a toda la población juvenil bogotana. Tenemos que hallar la fórmula para que el aficionado medio pueda acceder a Spotify, Deezer, Claro Música u otro, de una manera más barata, tanto en la contratación del servicio como en el costo de datos en su plan móvil, para que se incremente el número de reproducciones para el talento local. Esa será la manera más directa de generarle ingresos a los músicos, mientras todo se estabiliza. Aquí deben participar tanto los representantes de estas plataformas en territorio colombiano, como las empresas proveedoras de servicio de comunicaciones. Dicha medida, al final, puede ayudarlos a crear nuevos clientes y, a mediano y largo plazo, incrementar sus ganancias.

-Debemos empezar desde ya a reinventar los festivales al parque. Pensar que todo ese esfuerzo humano y económico debe conducir a la progresión de los músicos de la ciudad. Se trata de robustecer un área descuidada de la producción económica de esta ciudad. Hay que planificar actividades que ocupen toda la ciudad durante todo el año, para llegar a los grandes eventos y celebrar como es debido, con conocimiento y beneficio para los participantes. No se trata de alimentar egos o dar torpes excusas para que tal o cual gobernante se luzca en la foto al lado de la estrella rutilante del momento. Esto debe realizarse para que todos aquellos que participamos en este ambiente confluyamos con nuestras labores como es debido, en una urbe que necesita las expresiones artísticas de sus músicos para convivir en paz y libertad.

Insisto, en medio de las desgracias y los problemas que nos ha generado a todos los habitantes bogotanos esta situación, debemos ser inteligentes y pensar cómo actuar para que no todo sea tierra arrasada. Ojalá sepamos ver esto como un punto de inflexión para contribuir a la estabilidad de todos.

Fotos de Julian Gutiérrez tomadas durante Rock al Parque 2019

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