Los Grammys: Esa no es la meta

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Por José Gandour @gandour

Lo he dicho varias veces, tanto públicamente como en privado: Creo que Bomba Estéreo es una de las mejores bandas del mundo. Sé de donde vienen y creo que son honrados en sus intenciones. Han hecho muchas canciones que han puesto bailar a una buena parte del planeta y han hecho hablar a muchos incrédulos sobre Colombia de una manera que se agradece, por encima de todos los comentarios obvios y repetidos sobre todos los incidentes sociales y criminales que han ocurrido de este lado del orbe. Sus shows son divertidos y por ello han podido presentarse en los cinco continentes, siendo celebrados en espacios tan difíciles como Sónar, Lollapalooza y Roskilde, por poner ejemplos de festivales exigentes, duros de asumir por cualquiera. Su música ha sido sincronizada en bandas sonoras de televisión y cine, spots publicitarios y videojuegos por todos lados. Pasa todo esto y, de repente, de un momento a otro, una mala decisión (participar como invitados en una horrible e improvisada presentación de la canción más popular del año, contradiciendo toda su postura y cayendo en la trampa de la improvisación) los desacredita con increíble rapidez, como si para muchos espectadores todo lo hecho desapareciera, puf, hacia la nada.

Arranquemos por un lado incómodo: La entrega de los Grammys Latinos es una sorprendente suma de despropósitos y de mal gusto que parte del complejo que tienen algunos de “ser latinos”. Es la representación de la supuesta fuerza que tiene el mercado hispano en los Estados Unidos, pero sin lograr superar los clichés más ridículos. Desde ese tipo de instituciones todavía se juega a mostrar a los latinos como una comunidad de playboys de playa y bombones de curvas peligrosas, con poco para ofrecer aparte de una rutina desesperada de baile y drama de telenovela. Son clichés que parten de personajes estilo Carmen Miranda, que ignoran toda la lucha rebelde de una migración que ha crecido con inteligencia, esfuerzo y resistencia. Una comunidad cuyas generaciones más jovenes consumen mucho más que las obviedades que le venden en Telemundo y en otros espacios donde se sigue creyendo que La Cucaracha es el himno de todos aquellos que vienen cruzando la frontera por encima del Rio Grande.

Si usted, señor artista, se gana un Grammy latino, felicitaciones. Disfrútelo y hágase toda la publicidad que pueda para que en algunos medios comerciales, donde es más importante la farándula y sus quehaceres antes que la música, le paren bolas como no harán en otro momento. Sepa esto: Ganó, no por sus labores artísticas, sino por las estrategias de convencimiento que usted o su manager lograron plantear para ser aceptados entre los responsables de la industria. Celebre, pero no se crea el cuento. Eso no es triunfar en la vida. A usted le debe interesar que su público lo quiera por sus composiciones, por su buena labor en tarimas, por su interesante y diferente disposición estética. Creer que este tipo de premios son la única herramienta para llegar a la cumbre es un grave error, tanto como pensar que es necesario participar en la ejecución televisada de la canción del año, en un espacio que no le conviene, frente a millones de espectadores, improvisando terriblemente porque eso no es lo suyo y no hubo tiempo de ensayos, desafinando como nunca. Al personaje de su disquera que le sugirió esta acción a Bomba Estéreo lo deberían colgar de los testículos en plaza pública por poner en riesgo una carrera artística que había dado los mejores dividendos después de muchos años de buen trabajo.

Recuerden amigos músicos: Las estatuillas quedan guardadas en algún salón privado a la vista de pocos. Lo que queda en el recuerdo por siempre son las buenas canciones. Preocúpense más por elaborar melodías inolvidables y menos por caminar por pomposas alfombras rojas.


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