Por José Gandour @gandour Fotos archivo Nasa

Hace unos meses acepté hacer parte de Groover, una plataforma digital con sede en Francia, que ofrece a los nuevos artistas  la posibilidad de mostrarle sus más recientes canciones, a cambio de un pequeño pago, para que sean comentadas por profesionales vinculados al negocio alrededor del mundo. Es simple, en el catálogo de Groover hay cientos de los que llama la misma plataforma «influencers» (palabra horrible, lo sé), y el proyecto musical escoge, según su presupuesto, a quién le quiere enviar sus grabaciones para recibir luego un comentario al respecto. Entre los profesionales del listado hay directores de emisoras, periodistas independientes, representantes, y otros participantes de esta industria, gente de todos los continentes.

Por Groover, en todo este tiempo he recibido casi trescientos temas para reseñar, procedentes mayoritariamente de Europa, pero también he oído material que me ha llegado de Japón, Senegal, Brasil, México, Singapur y hasta de Islas Mauricio. Les confieso, al comienzo pensé que me iban a llegar un montón de propuestas de poca monta, la repetición de la repetidera. Pero desde el primer día me he sorprendido de la calidad de buena parte del material que he recibido. Cada vez que veo en mi correo «Usted ha recibido un nuevo track de…», me pongo contento, porque sé que ha llegado la posibilidad de oir algo novedoso, algo que podría romperme la cabeza. Claro, hay de todo, entre otras esos fallidos intentos de reguetón hechos en Paris, los cuales, en el mejor de los casos, causan risa y un poco de pena, también. Pero en más de una ocasión he quedado con la boca abierta. 

Entre el catálogo de grabaciones que he revisado, he encontrado piezas geniales. Ejemplos que me han devuelto la fe en el punk y en el garage rock como los suecos Bates! o los irlandeses Slim Tin Fox. Constructoras de bandas sonoras para películas como la norteamericana Katya Richardson. Recuperadores modernos del jazz de hace un siglo como los franceses Lyre le temps. La colombo-británica Desta French, quien ha redescubierto a su manera una forma de ver la música caribeña adaptada al mercado inglés. La Toronto Table Ensemble, un colectivo de origen hindú, establecido en Canadá, que ha encontrado un nuevo color para la música bhangra, añadiendo por momentos, no lo van a creer, ¡gaitas escocesas!. En fín, no saben cuántas veces he escuchado algo recibido a través de Groover y me sale una sonrisa que me hace confirmar que hay mucho, muchísimo por escuchar, y veo cómo renuevo las ganas de seguir vinculado con este medio.

A través de esta experiencia, he confirmado varias teorías, algunas de ellas muy obvias. La primera es que es evidente la fuerza que ha adquirido en las últimas dos décadas el hip hop, con todas sus posibilidades y variedades, en el mundo entero. Nos guste o no (y a mi me gusta cada día más), el buen hip hop se alimenta de todo lo que venga, y sabe adaptarlo a lo que necesita. Al contrario de lo que ocurre con otros géneros, nos confirma que en estos tiempos todo vale mientras se haga bien. Al Rock, salvo en excepcionales ocasiones, le cuesta mucho ser más mestizo de lo que siempre ha sido. Se ha dejado envejecer y meter en formol, y han sido los otros los estilos musicales que han aprovechado mejor la globalización e intercambio de información que proviene de cualquier rincón del planeta.

Por otro lado, está claro que la gente, el mundo entero, quiere en algún momento del día bailar, y además necesita cantar, ir con sus audífonos dándose fuerza camino al trabajo o a la universidad. Necesita una excusa sonora para levantarse cada día y los más resueltos necesitan remozamiento constante de sus playlists. Ese tipo de  audiencia, que en número es creciente, está en la búsqueda permanente de canciones que los sorprendan. Escudriñan por primicias, son felices adictos al asombro. Volvemos a decirlo: Todo vale, en el sentido más emocionante de la frase, y eso significa que todos los sonidos del universo están disponibles para ejecutar esa vivificación. Además la tecnología asimila cada día de mejor manera ese hambre y esa ansia de revolver, combinar, mezclar, recuperar resonancias que se pueden encontrar en cualquier lugar del orbe.

Aquí vale la pena acudir a frases de deseo religioso, aunque conserve mi agnosticismo: Dios, si existes, protege a los inmigrantes, a todos aquellos que han llegado a nuevas tierras y han mostrado sus culturas a sus anfitriones, haciendo crecer de forma exponencial las posibilidades artísticas de las ciudades sedes de esos encuentros. La migración ha hecho grandes las escenas musicales de Berlín, Londres, Barcelona, San Francisco, Nueva York, Vancouver… Capitales como Bogotá, Lima, Buenos Aires, tienen en su corazón, por estas razones, todas las posibilidades de ser referentes mundiales. Es cuestión de creérselo más profundamente.

En fin, he aprovechado la pequeña tormenta bogotana para sentarme y contar todo esto, quizás también porque quería contarles de mi regenerado amor por la buena música del planeta. Aquí les dejo la playlist (otra que tiene Zonagirante.com en constante actualización), con lo mejor que recibimos todos los días a través de Groover. Ojalá la disfruten.

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