Rock al Parque 2015, primer día

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rivasdia01Por Santiago Rivas @rivas_santiago

Foto de Oscar Perfer.

El primer día de esta edición fue bastante aburrido. Es posible que sea yo, que me he vuelto cínico de tanto ver a los metaleros repetirse en sus fórmulas, así como es posible que haya escogido mal los grupos que fui a ver, porque no soy metalero.

No estuvo tan mal, tampoco. Es solo que Rock Al Parque suele sorprenderme gratamente, al menos una vez, en este primer día. Yo decidí no acercarme por la Media Torta, porque este es el día de los metaleros. Lo otro es un movimiento muy inteligente de la organización, que busca aumentar el número de asistentes y darle a la ciudad un festival que no la polariza, al que van aficionados a todo tipo de música, todos los días. Yo simplemente creo que es necesario estar del lado de los metaleros, que son tantos, pero están tan estancados y tan aislados, que algún medio debería poder hablar con tranquilidad de lo que se les ofrece a ellos. Tal vez para eso servimos quienes estamos de este lado de la barrera del metal.

Por cuenta de mi equipo, el glorioso Independiente Santa Fe, que tuvo a bien empatar en Medellín, llegué más tarde de lo planeado. Empecé por ver Nosferatu, y luego me fui a ver el espectáculo de Malón, unos argentinos muy de vieja escuela, con una gran fanaticada. Por alguna razón, los de Nosferatu estaban en el primer escenario y los de Malón, que tenían a la gente enloquecida, en el segundo (bueno, está bien, en el Bio). Ninguno de los dos me produjo frío, ni calor.

Melechesh, de Israel, es una buena banda. Talentosos, y con una forma de componer muy afortunada. No me parecieron fantásticos (recordemos que Nile, Killswitch Engage, Overkill y Anthrax, entre otros, han pasado por el festival), pero son buenos. Muy buenos, si se quiere. La gente estaba feliz, pogueando con ellos, que para mí siempre es un medidor. Sagros es una banda de gente talentosa, pero más allá de su talento, poco o nada que me interesara.

Sacred Goat es una banda talentosa, encabezada por una gran cantante de metal, por cuya garganta temí más de una vez. Me aburre un poco la lascivia con la que se mira a las cantantes femeninas del día metalero, que se ha convertido en un cliché, porque cada año hay al menos una cantante sorprendente en tarima, pero qué le vamos a hacer, eso no les resta mérito a los muchachos de esta banda, que tuvieron a bien posar en una foto con una cabra de verdad (pueden ver la entrevista que respondieron en este especial de zonagirante). Blasfemia, por su parte, se enorgullece de haber hecho lo mismo desde hace casi treinta años y yo creo que es buenísimo que se hayan dedicado casi treinta años a la música, pero no que sigan haciendo lo mismo. Como no los oí en estas tres décadas, no puedo decir si se están repitiendo a sí mismos, pero la gente los amaba y los coreaba y eso tiene que contar como algo.

Quisiera dedicar un párrafo a hablar de mi mayor sorpresa de la jornada: las bandas de metal del convenio con festivales, a las que sigo creyendo que se les dio un puesto demasiado privilegiado en el horario, dieron un show interesante. Más que Legacía, que igual lo hizo bien, me gustó la tropa gigantesca que Serpentarium subió a la tarima, para cantar una canción de fortísima influencia precolombina y de música andina. Ambas bandas estaban apuntando a rescatar la memoria de nuestros indígenas haciendo la fusión que para muchos es tan abominable, buscando demostrar que estaban a la altura del horario que les dieron, y para rematar la dicha, cantaron en español ¡En español!. Me alegra ver que propuestas así aún se hacen, lo que yo importa sobre uno u otro género es irrelevante en ese caso.

Nuclear Assault conserva la alegría del thrash ochentero, concentrando la fuerza en sus riffs de guitarra y fraseos rápidos. Están viejos, pero tocan divinamente aún. Lo que más me gustó, sin embargo, fue el momento en que su cantante contó que es profesor de un colegio con muchos estudiantes inmigrantes, de los cuales, bastantes son colombianos, que le habían aconsejado varias veces que visitara el país. Gran momento.

Y por último Behemoth. No me quedé mucho, tampoco. Pero que valga su presencia en Rock al Parque, para que los satánicos y luciferistas de este país, y los metaleros en general, aprendan cómo es que se monta un espectáculo realmente sobrecogedor. Lo primero es creerse el cuento y no hacer lo que hacen todos en este país, que tocan más para “rockear” que para hacer rock.

De manera que no logré saciar mi dosis anual de música pesada y sorpresas interesantes, pero no importa: Rock al Parque continúa y esta noche se presenta Atari Teenage Riot. Para que afinen.

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