Por José Gandour @gandour

Este trío, con sede en la ciudad de Medellín, que se define en su página oficial de Facebook como «un grupo de amigos que no se cansa de crear y nadar en contra de las reglas para hacer música», ha asumido con reciedumbre la llegada de la madurez. Después de sus exitosas presentaciones en diversos festivales, con una memorable actuación en la última edición de Rock al parque, La Doble A lanza Campesino, un álbum de 9 canciones, de discurso impugnador sobre la realidad del país, sin concesiones ni caricias innecesarias. Durante los 36 minutos de duración de esta producción, todo se siente como si tuviera un esquema teatral, con diversos capítulos sonoros donde cada recurso que se tiene a mano es válido. Hay canciones cercanas al punk, otras de aroma funk y cumbia, se siente reggae por las orillas, pero, igual, todo termina siendo rock, y del poderoso, sin freno alguno. Este es un buen álbum que debe entrar entre lo mejor que se ha producido este año en Colombia, y por ello hemos aprovechado la oportunidad de conversar  al respecto con Nicolás Parra, bajista de la banda:

Después de 20 años de carrera, ¿cómo podemos describir el sonido de La Doble A?
La Doble A es rock and roll para saltar, bailar, sacarse las malas energías, también para detenernos por momentos, hacer conciencia y alzar la voz.

¿Cómo han sobrevivido todo este tiempo, en un país donde hacer Rock tiene su ciencia, por no decir que es casi imposible?
Hemos sobrevivido gracias al amor por la música, eso nos ha vuelto tercos, empecinados, se podría decir que obsesivos, por eso amamos ensayar, nos vemos sagradamente dos veces por semana a tocar; por eso amamos grabar, hacer videos y por supuesto tocar en vivo. Con el tiempo también aprendimos que para poder hacer todo eso, nos tocaba aprender a comunicar mejor lo que estábamos haciendo, entendimos la importancia del trabajo en red y de la necesidad de organizarnos repartirnos labores y profesionalizar el proyecto.

¿De qué se trata Campesino, su nuevo álbum?
La idea de Campesino nació mientras rodábamos por los municipios de Antioquia, en una gira que hacemos llamada «El Tour Del Arriero». Pensamos que sería muy lindo trasladar el rock and roll al campo, y contar la historia desde allí, sin importar si el tema de la canción tenía que ver con la realidad del país, o con el amor o con divertirse. Luego en ese viaje de composición descubrimos cosas muy lindas y quisimos hacer un homenaje a aquellas personas que respetan tanto la vida como la tierra, y que injustamente sufren las mayores desigualdades y problemáticas sociales en nuestro país.

¿Cómo ha sido recibido este discurso en una de las regiones, supuestamente, más conservadoras de Colombia?
Aquí en Medellín y en toda Antioquia hay mucha gente que respira aires diferentes, como se evidenció en las pasadas elecciones, gente que hace resistencia desde distintos movimientos y que encuentra en canciones como las nuestras un alivio para ese grito ahogado que tantos llevamos por dentro. Es necesario hablar de estos temas para generar memoria con nuestra obra, pero también para que la gente se sienta acompañada, y para que los actores causantes de tantas injusticias sepan que sabemos lo que están haciendo y que no nos vamos a quedar callados.

¿Son tiempos de cambio o es una simple ilusión?
Evidentemente hay un despertar de mucha gente, pero sigue habiendo un discurso de odio muy fuerte que también cala mucho. También hay mucha desinformación, por eso no se puede desistir, hay que seguir escribiendo, cantando, marchando, luchando siempre por causas justas, siempre invitando a hacerlo de una forma pacífica.

Volvamos al disco: Se nota un espíritu ecléctico a la hora de construir cada canción. ¿Cómo fue el proceso de composición?
El disco en su totalidad lo escribimos en una cabaña cerca de Medellín, en las montañas. La música en su mayoría siempre parte del jam. Nos gusta probar riffs, ritmos, sonoridades. También nos gusta incomodarnos un poco para encontrar cosas nuevas. En el caso de Campesino, quisimos darle mucha variedad a las canciones para poder alimentar nuestro show en vivo con momentos distintos, pensamos que un show de rock debe ser para brincar y debe ir arriba, pero también debe tener mucha dinámica para que no se vuelva monótono.
También queríamos partir de otros ritmos para luego llevarlos al rock and roll. Así hay canciones que nacen desde el reggae, la cumbia, el disco, la salsa, pero interpretadas a través de nuestros instrumentos y nuestras distorsiones.

¿Cómo sienten el panorama del rock colombiano?
Es esperanzador, eventos exitosos como Día De Rock Colombia en Bogotá o cómo el Carnaval Fest en Medellín, que son festivales rockeros y pagando entrada, hablan muy bien del presente del rock en Colombia. También hemos notado un relevo generacional muy importante en Rock Al Parque, en Altavoz, en el Festival Rock X La Vida Medellín, dónde no solo se ven bandas jóvenes con mucho talento si no también un público muy joven que nos da la esperanza que hay rock and roll para mucho rato. Hay que seguir fortaleciendo las distintas escenas, incentivar los shows medianos y pequeños con boleta, seguir fortaleciendo la red de trabajo entre ciudades principales y sus municipios periféricos, fomentar el intercambio de bandas.

Por último, ¿que viene para ustedes en el corto y mediano plazo?
El próximo paso es presentar nuestro disco Campesino en vivo, estamos preparando los shows en Bogotá y Medellín en diciembre, y para el próximo año con el Tour Del Arriero. La idea es llevarlo a otras ciudades y municipios de Colombia. Campesino nació en el campo y allí debe volver; también tenemos planes para volver a México en marzo y presentar el disco allí.

 

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