Por José Gandour @gandour  Fotos archivo Sarasqueta

La primera lección que trae esta entrevista es que cualquier oportunidad que se tenga de viajar puede abrir la mente y traer el amor que tanto esperamos. Hay que hacerlo, si es necesario cruzando el océano, para dejarse sorprender y completar la narración con buenas composiciones. La segunda lección es que, quizás, como resultado de esas necesarias travesías, la vida puede traernos increíbles momentos que no podemos evitar, y que hacen más ricos nuestros días.

Se llama Julen Giménez Sarasqueta, nació en San Sebastian, provincia de Guipúzcua, Euskadi,  y ha tomado su apellido materno para darle nombre a su proyecto musical, con sede en Buenos Aires, Argentina, con la colaboración de su mujer y su hija. Lo suyo es intenso pop, de letras complejas, inevitablemente poéticas, y un sonido grueso, construído casi totalmente por su propia iniciativa (con la coproducción de Carlos Abriola), con espíritu independiente. Hace pocas semanas publicó su primer ep, llamado La pesca de hoy, un compilado de cuatro canciones, que contienen una ternura inconmensurable, que, al contrario de lo que pueden sospechar los más incrédulos, nunca atenta contra la fortaleza ni la solidez del proyecto. Este es un trabajo que se desarrolla sin esperar inmediatos estrellatos o multitudes abocadas a la adoración. Es, más bien, el relato de un hombre que le canta a su esposa, después de convertirse en un migrante enamorado residente en la ciudad de la furia, «lo que más me gusta en el planeta es mirarte a los ojos y bailar, bailar, bailar». Por eso y por sus grandes tonadas es que decidimos establecer esta conversación:

¿Como un donostiarra termina en Buenos Aires haciendo música?
En 2004 yo vivía en Barcelona (viví allí del 99 al 2006). Solía volver en diciembre y en el mes de agosto a ver a mi familia, pero ese año fui en un momento poco usual, en junio. Estaba con la adaptación cinematográfica de una obra de teatro de un autor del pais vasco y me había citado allí con él para revisar mi guión y charlar del proyecto. Cuando llegué a San Sebastán llamé al autor y me atendió su asistente. Me pidió perdón porque se habían equivocado por una semana, el autor estaba de viaje. Como tenía casa y en ese momento no tenía un trabajo fijo en Barcelona, decidí quedarme unos días en San Sebastián esperando a este autor. Uno de estos días, un miércoles por la tarde cualquiera, en un bar del centro de la ciudad, sentí una fuerte presencia, un pálpito… pero no lograba descifrar de dónde venía. Al rato vi una chica sentada junto a la ventana… Venía de ahí. La cosa es que traté de juntar fuerzas para hablarle, la miraba, pero nada…Salí del bar cabizbajo, y vi un cartel que decía «Manifesta/ Bienal de arte contemporáneo europeo». Volví y balbuceé una invitación a la muestra. La chica respondió con acento argentino. «Dejame que termine el café y vamos. Pero si no está buena me voy en 5 minutos». Fuimos a la muestra y nos pareció un espanto a los dos. Le dije que si quería ver arte contemporáneo del bueno, la invitaba a dar una vuelta por la parte vieja de San Sebastián a comer unos pintxos. Gabi estaba de viaje por Europa. Se quedó 3 días más en San Sebastián. Le hice un tour guiado exhaustivo por la ciudad. Nos enamoramos. Ella se volvió a Buenos Aires y yo a Barcelona. La película sobre la obra de teatro nunca la llegué a hacer, pero por ella conocí a Gabi. Al pasar los meses nos seguimos escribiendo y decidimos encontrarnos en Buenos Aires. La visité un año y medio después de nuestro encuentro y ya no nos separamos más. Nuestra hija es quien canta el tema 1,  Gira, y  Gabi hace coros en Corregir el azar y Bailar.

En general tu trabajo muestra canciones de amor, se siente en las letras.
Sí, es un tema recurrente. No sólo el amor romántico en sí, sino el amor como filosofía. Aprender de la vida, escucharla y respetarla y aprender de ella, de estar conectados al aquí y ahora. Pero Bailar es una canción de amor a mi mujer, claramente

A quién no haya escuchado tus canciones, ¿cómo le describirías tu música?
Uf… qué difícil. Casi todos los temas que compongo (al menos en esta etapa) arrancan sentado frente al sintetizador, mi querido Korg Poly 800, y arrancó programando algún sonido, y cada textura me va inspirando hablar de un sentimiento o historia. El sinte es por donde empieza pero lo principal siempre es la canción. Diría que hago canciones, a veces más cerca del pop electrónico, otras más cerca del noise, otras de un cantautor. Me gusta ir pasando por diferentes géneros, aunque siempre hay un hilo conductor.

¿Qué influencias reconoces?
Las primeras bandas que me enamoraron en la adolescencia fueron Pixies, Sonic Youth, Pavement… desde niño me encantan los Beatles y cuanto menos pelo voy teniendo más me gustan. En San Sebastián hay un festival de jazz hermoso y tuve la suerte de ver un montón de monstruos que me marcaron mucho, como Herbie Hancock, Chick Corea, Diego Amador. Me gusta mucho bandas de finales de los 70 como Devo, Talking Heads…y más recientes como Air.  El músico donostiarra Poch, en diferentes formaciones,  como Derribos Arias. Y amo toda la obra de Luis Alberto Spinetta, con su búsqueda continua, siempre cambiando para seguir fiel a su esencia.

Artísticamente, ¿cómo te sientes en Buenos Aires?
Es una ciudad súper estimulante desde lo cultural. Hay muchísimas actividades gratuitas (y otras que no, claro). La oferta de teatro, cine, artes plásticas es brutal. Siempre hay algo para hacer, desde una ópera en el Colón a un pequeño show en un centro cultural… miles de muestras. Me gusta mucho La Noche de los Museos, que se celebra el primer sábado de Noviembre, creo. Estos últimos años está más difícil la cosa porque el país viene muy golpeado económicamente, pero nunca deja de haber oferta cultural. Yo trabajo en la industria audiovisual y se ha deprimido mucho el sector.

¿Cómo te va con el público y los músicos locales?
La verdad es que solo hice un show desde que empecé Sarasqueta. De hecho no tenía intenciones de hacer shows, llevaba muchos años sin tocar
y todo surgió porque mi hija me pidió que sacara el sinte para practicar un poco el teclado. Al conectarlo de nuevo, algo se apoderó de mi y no pude dejar de componer. Gira fue el primer tema que hice. De hecho lo escribimos y compusimos juntos con Isabella (Ella tiene 11 años). Fue una experiencia maravillosa. La verdad es que en lo último que pensaba era en salir a tocar. Me gusta mucho tocar en vivo, pero todo lo que ocurre antes y después me da mucha pereza. Muchas veces se toca en lugares en los que no puedes hacer bien la prueba de sonido, o al técnico no le importa nada porque no eres nadie para él y no te da bola …Cuesta mucho hacer shows a pulmón, pero según terminaba de mezclar, empecé a sentir ganas de tocar. A excepción de las baterías, las voces femeninas y algunos arreglos puntuales grabé todo yo, así que empecé a buscar músicos y hoy tengo una banda hermosa que me hace muy feliz. Nos estamos conociendo, tenemos un repertorio de 12 temas, los 4 del Ep, algunos temas viejos míos que recuperé y otros nuevos que van en el próximo lanzamiento que haga. La idea es buscar salas en las que me sienta cómodo, que tengan buen sonido, que las condiciones estén buenas, que pueda tocar con mi hija y mi mujer… Prefiero menos shows más cuidados que tocar por tocar. En noviembre tengo un par de fechas en una radio y una sala hermosa. Y así voy, de a poco, sin prisas. ¿Respondí a tu pregunta?

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