Canciones para finalizar la transmisión
Quedan pocas horas. El cielo ya está rojo y en las noticias han advertido que quedan insulsas reservas de energia en las hidroeléctricas. El locutor ha dicho en repetidas ocasiones que ésta puede ser su despedida, que en cualquier momento se corta la onda de la emisora. No es el mejor momento para decirlo, pero esta escena me recuerda la película Buscando un amigo para el fín del mundo, con Keira Knightley y Steve Carell como protagonistas, y en lugar de gritar desesperado reconociendo que antes de que acabe el día, mi existencia y la de miles de millones de personas sobre la faz de la tierra tendrán su fin inevitable, sólo sale una estúpida carcajada de mi boca. No hay nada que hacer. Es hora de aprovechar la poca luz que queda y poner el stereo a todo volumen.
El sarcasmo musical comienza con la predicción que hizo Michael Stipe de R.E.M. hace muchos años, cantando “That's great, it starts with an earthquake, birds and snakes, an aeroplane…”. Este es el fin del mundo como lo conocemos, y me siento bien. No me atrevo a asomarme por la ventana, puede ser dificil ver al resto de la humanidad huyendo despavorido de sus casas mientras yo bailo y trato de hacer un compilado de la banda sonora de este último momento.
La ironía sigue cuando pongo a sonar Londres, de Hora Local. La promesa persiste, mientras los brillos del fuego en la ciudad ya hacen sombra en mi casa: “Ya volveremos otra vez, en uno o dos millones de años, a repetir la misma historia, a volver a inventar el rock”. La verdadera narración nuclear del rock colombiano. Luego Joey Ramone versiona a Louis Armstrong y canta “I see skies of blue..... clouds of white /Bright blessed days....dark sacred nights/ And I think to myself .....what a wonderful world”. El cielo ya tomó color carmesí y ya no se me ocurren más chistes frente a la desgracia.
Pongo la radio y el locutor, con voz alicorada, ya dijo basta, y para cerrar ha dejado flotar en el ambiente temas de cuerdas deprimentes que hablan de un pasado pobre pero emotivo en el campo y baladas inocentes de guaduales que lloran y que hablan de tener 20 años y un corazón vagabundo. Esto ya se puso serio. Comprendo que el locutor no pierde el tiempo en temas top 40 y va al centro de su memoria para recuperar las melodías que han marcado su vida. Apago la radio. Viene la nostalgia, lo que no escucharé después de que el mundo explote. Lo que seguramente extrañaré quién sabe dónde.
Voy con Loquillo y su Cadillac Solitario. Si hay otra vida, y puedo elegir ser cantante, quiero tener la actitud del catalán, más cuando dice “El amanecer me sorprenderá/ dormido, borracho en el Cadillac/ junto a las palmeras luce solitario…”. Hasta los artistas más altaneros tienen buenas letras para sus amores destrozados. Me viene una duda entonces, ¿será que si hay otra vida, seguiremos sintiendo penas de amor o ese asunto ya vendrá solucionado? Si es asi, les aseguro que en otro mundo la gran mayoría de las buenas canciones no tendrán sentido.
Cambio de disco. “Una pena que llega se queda/ en el centro vive, madura y se quema/ Hace tiempo que no tengo una nueva, pero siempre guardo por si lloviera”. Es Juntapena, de la chilena Fakuta. No la conocí personalmente, pero si hubiera podido tener la oportunidad, le hubiera dicho que se casara conmigo, que su voz bastaba para cometer esa locura. Quizás la propuesta le hubiera servido para reirse mientras todo se oscurece.
Quiero escuchar más música, no hay orden para poner lo que me emociona. Alcanzo a hacer sonar una tanda de The Stone Roses, The Charlatans, New Order, Primal Scream y Ned´s Atomic Dustbin. Sam Cooke y su It's Been A Long Time Coming. Johnny Cash cantando Hurt. Bowie y Heroes.
Y ya revolviendo de manera indecisa mi colección, encuentro Colores Santos. Gustavo Cerati y su trabajo con Daniel Melero. Suena “Te extraño en las tardes, quizás no es amor lo que me hace buscarte”. Ahí pienso que el pobre hombre en su coma no se ha enterado que pronto los mensajes que rezaban por su recuperación se acabarán. Ahí me doy cuenta que todo tiene su fin. No hay nada que hacer.
De repente se apaga el stereo. Ya no hay luz. Esa fue la última canción que podré escuchar en mi vida. No hay remedio. Ahora si siento miedo. El silencio es aterrador. Fin de la transmisión.
Escrito por José Gandour .
zonagirante@yahoo.com
>
|