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Una sorpresa independiente

(publicado anteriormente como Columna sónica edición 101)

Por José Gandour

 

Así, de manera  calladita. El amarillo, bajista de Planeta Rica, banda de Medellín, se acercó como si nada y me entregó un disco: "Es un proyectico que tengo, escuchelo, a ver qué". De la misma manera que se presentó, así se escuchó: Entró al baño y como por tener algo que hacer, pongo el disco y comienza la sorpresa.

La verdad estaba preparado para algo más o menos bueno, no muy especial en sí, de esas cosas que uno termina sabiendo que están bien, que dan suficiente pauta como para no sentirse hipócrita cuando le preguntan "¿y si le gustó?" como para decir que si, lanzar un par de frases adecuadas y cambiar de tema. Pero, viejito, esto es realmente especial.

Frente a Audio Indeleble (ese es el nombre del proyecto, vayan conociéndolo), se siente alegría y al mismo tiempo rabia: rabia porque como es un producto realmente subterráneo (no he escuchado de mucha gente que lo tenga en Bogotá, y dudo que muchos de los lectores de zonagirante lo hayan oído al menos mentar), y hablar de algo cuyas posibilidades de presentación frente a ustedes por el momento son mínimas es medio inutil. Pero la misma alegría de escuchar este material tan contundente me hace caer en la tentación de describirles algo que ojalá tengan en algún momento la suerte de poderlo escuchar.

Audio Indeleble es todo (o casi): es hip hop, es acústico, es salsa, sonidos de Medellín permanentes en todas las canciones, distorsión, es pesado, es liviano, es frescura, es sensación de que todo es posible en setenta minutos, todo, todo. Hay pesimismo, optimismo, realidad sacudiendo cabezas, pero todo por momentos, todo es sincero. Es la libertad de hacer un trabajo sin aspiraciones iniciales de sorprender a nadie, de adular a nadie, de asustar a nadie. Es una labor propia de conciencia, de cuarto sencillo y cuatro paredes, la oportunidad de grabarlo todo sin remordimientos y simplemente pulirlo para que se escuche mejor. Es todo lo que puede pasar por la mente sin censura y respetando la oportunidad sin tenerle miedo.

Seguro que si alguna vez nos ponemos a revisar los cajones de los buenos rockeros, donde tienen guardados las composiciones íntimas, las que se hacen en algún momento y por ser demasiado claras, o, al contrario, declaradamente raras y sin inhibiciones, encontraríamos joyas de ese tipo, que no revientan como hits radiales, pero conmueven en el momento que nos invaden, verdadero arte sin fronteras. Es así este disco. Es tan sincero que da miedo. Estoy seguro que El amarillo se sintió aliviado cuando lo hizo.  Casi que estoy seguro que no es capaz de volver a hacer algo asi. Ya hizo su exorcismo personal necesario.

La independencia a veces es cruel en sus resultados.