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La banda tinellizada

(publicado anteriormente como Otras espirales 91)

Por Max Lichtenstein

                

Se sabe que cuando Neil Young se alejó de su mítica banda los Crazy Horse para ser un solista hecho y derecho su carrera artística deambuló medio desconcertada en el ámbito rockero.

Igualmente podemos acordarnos de Bruce Springsteen: su etapa cómo compositor más lúcida sigue siendo la que compartió con la revolucionaria E-Street Band en los ‘80.

Aún hoy, en ambos casos, todos piden a gritos que semejantes monstruos vuelvan a comandar aquellos virtuosos combos musicales.
Saltando de (Norte)América a nuestro país, Adrían Otero experimenta una situación similar a las de sus pares yankies antes mencionados.

Otero es una de las voces, si no es la única, que después de veinte años de tocar y ser reconocida aún mantiene el vigor y el timbre ronco ideal para cantar blues desprolijo y transpirable. Porque en definiva, Memphis la Blusera hoy en día es un carro tirado solamente por la voz de Adrián y secundado por otros músicos. Entre los músicos de la verdadera Memphis sólo quedaron en pie Emilio Villanueva, el eterno barbudo, en saxo y Dani Beiserman, el eterno canoso, en bajo. Los demás parecen pibes que aún no asimilan la idea de estar tocando en una banda de semejante calibre. Por eso los punteos de guitarra se parecen mucho entre si, el nuevo tecladista recuerda a Beck, y el saxo alto pasa casi inadvertido sobre el escenario.

Pero por sobre todas las cosas las canciones dejan la sensación que son siempre potenciales cortinas musicales del programa de Tinelli y del cierre de Hadad. Con ritmos que se repiten, aunque esos ritmos sean tan pegadizos como un chicle, y letras que siguen contando anécdotas barriales tocadas con precisión, las canciones de Memphis coquetean demasiado con la masividad radial.

Lo de Memphis hace rato que se aleja de esos blues y boggies aceitosos que se materializaban en odas a Mataderos, el vino y la fainá. La música de Memphis se crea, al menos una gran parte, para que Marcelo Tinelli la cante todos los días en la apertura de su programa.

La noche en cuestión

 

Lamentablemente no pude ver Tinelli antes del viernes, o sea antes de la noche en que tocó Memphis en la ciudad. Pero enseguida pensé que reconocería la cortina al instante.

Primero pasaron Sopa de letras, Moscato pizza y fainá, con un dudoso arreglo de percusión, Montón de nada y creo que después vino... bueno vino la cortina de Tinelli.

Los Memphis arreglaron una lista de temas en las que intercalaron clásicos y nuevos cortes de su última producción titulada Angelitos culones.
Estepario, Confundido e Irresponsable fueron los encargados de presentar en sociedad el nuevo disco. En parte lo único que hicieron fue mostrar que la banda no puede escaparse demasiado de la fórmula que los llevó al estrellato hace unos años: simpleza compositiva con los arreglos justos y la simpatía de la voz y la pelvis de Otero para cantar cosas sobre bares y las mujeres lindas de calle Corrientes.
La banda se limita a sonar prolija por demás de necesario y a dejar que sus televisivos hits hablen por sí mismo. En medio de todo eso, la falta de blues y el excesivo funky-pop hacen que uno siempre se quede con las ganas de ver algo más.

Hace unos años Neil Young volvió a juntarse y a girar con los Crazy Horse. Toda la gira fue documentada en una película que filmó Jim Jarmush.
Otero debería buscar a los Memphis que perdió y empezar algunas cosas de nuevo. El director de la película aparecerá solo.