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El cubrimiento de Rock al Parque 2008. Director: José Gandour Colaboraron: Santiago Rivas, Iván Rodríguez, Juliana Terán y Kelvin Malavé.
Noviembre 13 de 2008 (9 a.m.) (queridos lectores: se trata de un artículo largo como pocos, espero sepan perdonar la falta de brevedad, pero en realidad traté de ser conciso pues se trata del resumen del evento completo. y dice...) Ya ha pasado más de una semana desde rock al parque. Ya mis tenis están limpios de nuevo, mi ropa seca, pero mi memoria sigue intacta. Este es un resumen de lo que vi en Rock al parque 2008. A pesar del inclemente azote de Dios vengador, que al parecer conspiró con el Opus Dei y algunos elementos del partido de la U para acabar con el festival (curiosamente esto mismo pasa cada año desde que lo hacen en noviembre), muchos asistimos a nuestra cita anual en el Simón Bolívar, una cita con la música, con la lluvia, con las mismas caras conocidas, con el barro y la comida fea y cara (aunque el chorizo con arepa este año estuvo fabuloso). El sábado 1 de noviembre no asistí, debido a compromisos previos, y me quedé con la curiosidad de ver muchas cosas. El domingo, luego de haber pasado el aguacero novembrino que es regla en Rock al Parque, me dirigí al parque, sin saber bien qué había sido de la programación y llegué justo para Gondwana, así que quiero comenzar por lo que no me gustó o en general no me gusta. Han de saber de antemano que lo mío definitivamente no es el reggae, pero es una cuestión de temperamentos. De hecho, me va mucho mejor con géneros derivados de éste, como el dub o el dancehall. No por eso quiere decir que no sea capaz de reconocer una buena banda de reggae cuando la veo. Gondwana me pareció un grupo repetitivo, al que le pesan los años y años de oír incesantemente Bob Marley y el consumo concupiscente de marihuana, que no tiene nada muy innovador para enganchar al oyente escéptico, como yo, y tampoco cuenta con una instrumentación lo suficientemente compleja para lograr resultados interesantes en su comunión con el mundo. Sin embargo, algo bueno han de hacer, porque todo el mundo estaba encantado. Yo de verdad no encontré un solo ritmo que me hiciera bailar de corazón, y es exactamente lo mismo que encuentro en la música de Dr. Krápula. La banda bogotana Dr. Krápula es un viejo conocido. Llevan tocando en Rock al parque casi tanto como yo llevo yendo y llevan haciendo casi exactamente lo mismo todo este tiempo. Empezaron siendo una banda de ska, y todavía conservan algunas cosas de ese género, pero en aras de alcanzar el curubito del reconocimiento nacional y continental han optado por añadir sonidos nuevos, como el barra brava en donde cantan como aficionados del fútbol en canciones como “La fuerza del amor” o “El pibe de mi barrio”. Lo lograron, y de nuevo las multitudes estuvieron dichosas, finalmente Dr. Krápula es una banda que nace del barrio, son vecinos de Rock al Parque y se han ganado a pulso el reconocimiento y el cariño de la afición que tienen, que es mucha. Yo por mi parte pienso que son un bodrio, pero eso es problema mío, que nunca creo que la mayoría tenga la razón. Lejos de los gustos musicales y de todo lo que yo pueda despotricar sobre los grupos que poco innovan, hay un sinsabor que me queda de todo esto: ¿es esta la única izquierda que nos queda? No tienen un discurso tan inconsistente como el de Amós Piñeros, voz líder de Ultrageno, pero se desgastan en pelear contra cada detalle que no les parece. Supongo que esto es material de otro artículo. Una amiga mía del alma dijo muy sabiamente que las mejores canciones de reggae que había oído pertenecían a bandas que no hacían solamente este tipo de música, y los ejemplos son muchos. Sin ir más lejos, Sargento García, un grupo francés con espíritu sudaca (como tantos franceses) es una banda que mezcla salsa y reggae. Con ellos, como siguiendo una tanda por géneros, empiezo a hablar de lo que me gustó. Sin ser mi grupo favorito, ni siquiera un top cien, este colectivo de músicos reconoce la importancia de la fusión, cantan con todo desparpajo, vestidos como si vinieran a Cartagena y de manera muy amistosa. Tienen canciones geniales, ritmos de salsa deliciosos y buenos sets de vientos, y cada tanto sueltan un reggae bien hecho, que puede no matarme, pero me sorprende, y con eso es suficiente. Por esa misma línea viene la Kinky Beat, la otra banda de la Europa latina que nos visitó este año. Son una banda que hace ska, sobre todo, pero lo combinan con muchas cosas, algunos accesos de rap ejecutados por su voz principal, una española de voz gruesa y fuerte, algunos devaneos hacia la patchanka de Mano Negra y ese sonido tan característico de Barcelona, que reside en grupos de todo tipo, desde la Cabra Mecánica hasta Ojos de Brujo, una facilidad hacia la rumba que el sonido de esa ciudad tiene y es inimitable. Me parece un grupo sólido y fiestero, que no se queda con un solo sonido y vale la pena tener en cuenta. De las mejores cosas que vi fue Austin TV, en la tarde del lunes. Los conocía de hace poco, pero nunca les había puesto realmente atención. Pude verlos en la fiesta en la noche del domingo y me encantaron. El cantante habla de más a ratos, pero tienen una propuesta como no se veía hace mucho tiempo en el festival. Son muy jóvenes, y eso solo puede dejarme a la espera de mejores cosas por venir, lo que es muy bueno, porque de verdad son un muy buen grupo. Tienen un sonido que combina todo tipo de influencias, desde Sigur Ros hasta toda la movida de Monterrey. No cantan, pero el espectáculo que dan es suficiente, saltando por el escenario, o saliendo a compartir con el público, que quedó enamorado de ellos por sus ritmos fuertes, las guitarras distorsionadas, los excelentes atuendos con máscaras (a ninguno se le ve la cara) y en general, por lo refrescante de este tipo de novedades en la tarima, sobre todo si se trata de actuaciones tan generosas y comprometidas como las de Austin TV. Excelente contratación. El domingo cerraron dos bandas de mi entero agrado. Babasónicos es un grupo del que soy aficionado desde que tengo 12 años, cuando oí su canción “Malón” por el tan extrañado MTV Latino de los noventas. Desde ese momento siempre han sido para mí el mejor grupo de rock latinoamericano, siempre capaces de sorprenderme y cambiar, en cualquiera de sus etapas. Tienen canciones que parecen sacadas de los archivos apócrifos de Palito Ortega o Leonardo Favio y tienen otras que son rigurosamente rock. No se niegan a ningún ritmo (este año cerraron con su canción “El ídolo” que es absolutamente country) pero tienen un sonido inconfundible. Es además una banda que me trae recuerdos de amigos del alma y niñas que quiero mucho, una de las cuales me acompañó a verlos, como era deber y rigor. Dicho todo esto, estuvo mejor la presentación del 2004. Tocaron menos canciones del Jessico, y muy pocas de su último álbum. Eso sí, cantaron “Patinador Sagrado” del Trance Zomba (1994) a dúo entre cantante y percusionista (que si no estoy mal son hermanos) de la manera en que la tocaron en el unplugged que hace años hicieron para el mismo MTV que me los presentó. Ese fue un excelente detalle y aunque no fuera el mejor concierto que les he visto, no deja de ser una muy buena experiencia ir a verlos tocar, porque son una gran banda. Sobre Black Rebel Motorcycle Club ya hablé en un artículo dedicado solamente a ellos, pero debo repetir que me gustó como pocas bandas me han gustado en todos estos años, que concuerdo con José Gandour en que es buena idea seguir explorando ese tipo de grupos, pero sobre todo debo resaltar algo que me encantó: no sacaron la bandera de Colombia y se los agradezco desde el fondo de mi alma. En estos años de insulso pero fanático patriotismo es refrescante ver a un grupo extranjero que no saque la bendita bandera y diga que nuestro país es lo mejor; de hecho me parece más respetuoso cuando vienen a hacer lo suyo y lo hacen bien, sin oír las idioteces que seguramente les dicen los productores, managers y organizadores antes de salir a cada concierto en cada país al que van, desde New Hampshire hasta Etiopía (si bien nuestro país debe ser top 5 en lagartería). Bloc Party en cambio sí la sacó, pero es un detalle menor en comparación con el concierto que nos dieron en la noche del lunes. Si existe una evolución notable dentro del gusto del público de Rock al Parque es que se puedan traer bandas de este talante, en el borde entre el Punk, el New Wave y el pop, sin que todos estén pidiendo a gritos “Tenebrarum”, legendaria banda de métal que nunca oí, pero siempre veía en el cartel (¿Qué habrá sido de ellos?). Hay muchas cosas que me gustaron dentro de la presentación de Bloc Party. La primera, su cantante, y la forma en que cantaba cada canción, desde el alma, muchas veces abrazando la guitarra y dando pequeños brincos. Su performance es completamente sincera y es capaz de enganchar al más escéptico con esa voz que une el pregón rápido del punk y el new wave con algo de lamentos de blues, herramienta que saben usar a la perfección. La otra cosa son las secuencias que usan, muy sencillas y perfectamente apropiadas. Las canciones en general son buenas y hay un par que son excelentes, valió la pena perfectamente haberlos traído. En una canción tuvieron un comienzo en falso. Kele Okereke, el vocalista, paró en seco y dijo: “creo que Bogotá se merece una guitarra bien afinada”. Pidió una nueva, y volvieron a empezar, dueños de todo nuestro cariño. Creo que este episodio es el más apropiado para cerrar mi reseña; Bogotá no solo se merece una guitarra bien afinada, se merece mil. Rock al parque debería empezar desde ya a construir una cultura del rock bien consolidada, subir los estándares de exigencia, tomar parte en la evolución del rock colombiano. Esta edición me gustó, pero porque yo no era una banda invitada, ni nada parecido, menos aún una que haya ganado la convocatoria. Hay problemas para solucionar, pero no por eso Rock al Parque ha dejado de ser mi fin de semana favorito (exceptuando tal vez mi cumpleaños). Santiago Rivas (miamigorivas@hotmail.com) http://elwalkman.blogspot.com
Noviembre 11 de 2008 (11:30 a.m.)
Haga click sobre las imágenes para verlas en un tamaño más grande. (Estas son las fotos que faltaban).
Noviembre 11 de 2008 (11 a.m.) Después de haber seguido de cerca el festival a lo largo de su existencia, hay un interrogante que llama poderosamente la atención y consiste en cual es el verdadero motivo de Rock al Parque. Si resolvemos el asunto asumiendo que se trata de un simple espectáculo de entretenimiento, la cosa va muy bien, pues no hay que desconocer que los habitantes de Bogotá hemos sido privilegiados al poder asistir a shows de artistas muy importantes de manera gratuita. Sin duda, el engranaje y el nombre de Rock al Parque harán, que casi de manera inercial se continúe con ésta dinámica. Con ese antecedente, no es exagerado pensar que el festival ha hecho un aporte importante para que Bogotá esté cada vez mas presente en el circuito de grandes artistas y bandas internacionales vendedoras de muchas copias y que en ese aspecto nos estemos poniendo al nivel de ciudades como Buenos Aires o México. De igual manera es claro que la relación de los artistas internacionales con el festival no ha sido para nada desigual, pues para éstos, presentarse en el festival es algo realmente atractivo, pues no sorprende que un grupo exitoso como Zoe, de México, reconozca no haberse nunca presentado antes, ante un público tan multitudinario. Visto así, la inversión de los recursos está más que justificada. Sin embargo, hay quienes creemos que el festival debe contener funciones sociales que sobrepasen el simple cometido de entretener. Sabemos que tomar la opción de vivir de las artes en Colombia, en algunas disciplinas no deja de ser un sueño adolescente, ese es el caso del Rock, donde realmente muy pocos en el ambiente local pueden decir la frase mas común de las entrevistas para los artistas reconocidos, “el rock me lo ha dado todo”. Pero nuestra realidad es bien diferente, resulta realmente lamentable, ver la desconsideración que deben sufrir las bandas locales que ganan la convocatoria, hay varios aspectos que hacen que la experiencia pueda ser desconcertante: Inicialmente podríamos afirmar que no tiene mucho sentido surtir el difícil proceso de selección, para que en el evento por cuestión de horarios solo se presenten ante la misma cantidad de personas que encontrarían en un bar, es decir 100 o máximo 200 personas. Esa situación realmente no otorga ningún beneficio promocional para las bandas. De otro lado, es desconcertante ver como se soluciona cualquier inconveniente acomodando a la brava a las bandas locales, recortándoles el tiempo, desmejorándoles aún más las condiciones mínimas para una presentación digna. Por el contrario, cualquier banda internacional, así sea poco reconocida y que no haya ni siquiera empezado a vender su material en el mercado local, goza de un tratamiento privilegiado que carece de sentido lógico, y no se trata de vetarlas obviamente, justamente la idea de todo esto es realizar adecuadamente el intercambio cultural y que se pueda tener acceso a las nuevas propuestas. Sin embargo es conveniente que esas bandas compartan por decirlo así, “la primiparada” con las bandas locales que se encuentran en similares condiciones. En cualquier lugar del mundo, las bandas en proceso de inducción a un público ajeno y nuevo, deben surtir un proceso inicial, el cual conlleva, a que sea factible que se programen sus presentaciones a primeras horas de la tarde, que se les advierta sobre la flexibilidad y disponibilidad de tiempo que deben tener y demás asuntos pertinentes. Realmente fue muy triste ver como una banda extranjera, poco reconocida, se dio el lujo en la reciente edición, de hacerse esperar por 40 minutos, tiempo que sin duda las bandas locales que cedieron sus especios hubieran podido aprovechar. Ya en el pasado, Ultrágeno había sido victima de esta situación y si eso le pasó a una banda reconocida, ni pensar todo lo que deben aguantar los de menor reconocimiento. Habría que ver si en los festivales argentinos o mexicanos no se protegen primordialmente a los artistas locales. Finalmente, cuando una banda local se baja de tocar para 200 personas, no encuentra un espacio adecuado para hacer contactos, actividad indispensable para el desarrollo profesional. Por ahí no pasa la radio comercial, no pasan los sellos disqueros, no pasan los empresarios, no pasa nunca un alcalde de Bogotá, no hay información sobre las posibilidades de mercado, no existen los sellos independientes, no hay información sobre las posibilidades web, no hay conocimiento sobre derechos de autor, no hay interés en una legislación que promueva la promoción de los productos fonográficos locales. El esfuerzo administrativo se limita simplemente a entregar una logística impecable y conformar un cartel atractivo, lo cual está bien, pero en verdad creemos que debe hacerse un esfuerzo adicional para convocar a quienes puedan ayudar a crear una verdadera industria en el rock. Resulta inexplicable como las personas influyentes del medio se desinteresan y desestiman un público de cien mil personas y los organizadores no intenten generar un espacio para los negocio. No sería complicado traer conferencistas, crear mesas de negocios, invitar a la industria para que muestren sus productos y sobre todo producir informes que diagnostiquen la problemática, ya que el único informe disponible y que cada año se repite, es el de éxito total. Ya es tiempo que Rock al Parque produzca resultados reales en lo concerniente a generar una industria real en torno al Rock. Iván Rodríguez (itinocco@hotmail.com)
Noviembre 04 de 2008 (7 p.m.) Sigue la muestra de videos hechos por los aficionados que llegaron al Parque Simón Bolívar (esta vez del día 3). Eso si, esperamos que un día la calidad de las imagenes captadas por los celulares se mejore. Igual los rockeros bogotanos tuvieron la oportunidad de ser videoreporteros del festival más grande de América Latina.
Noviembre 04 de 2008 (6 p.m.)
Haga click sobre las imágenes para verlas en un tamaño más grande. (Espere más fotos en pocas horas). Noviembre 04 de 2008 (1 p.m.) Mientras mis compañeros de aventura redactan sus notas finales y envían sus fotos para completar toda la información sobre lo ocurrido en la edición # 14 del festival Rock al Parque, y después de un merecido descanso (la lluvia desgasta, y quienes asistieron saben de qué hablo) llego a las siguientes conclusiones: 1. Al contrario de lo que esperaba la policía, el público se portó a la altura y otra vez negó ese estigma absurdo que hay aún sobre el rockero entre las instituciones públicas de seguridad. El público fue preparado, usó a fondo internet para informarse sobre las bandas participantes, bajó su música, conoció con antelación a los protagonistas, hizo la tarea para pasársela mejor. Eso sorprendió a los artistas, no hay ninguna duda. 2. Es claro que el cartel del festival mejoró con respecto a la oferta del año pasado. Es claro que hubo un esfuerzo por conseguir entre los invitados internacionales lo mejor que el presupuesto podía conseguir. Podemos discutir asuntos de gusto, puedo decirles que a mi algunos grupos no me gustaron (lo mío no es el metal ni tampoco el reggae, ya ustedes lo saben) pero el público en general se la pasó muy bien y eso es lo importante. Pero si me toca lanzar una que otra piedra, esperaba mucho más de Paradise Lost (mis amigos metaleros me lo vendieron como la gran banda que le gustaba a las personas alejadas del género) y Los Concorde no tenian mayores argumentos y me pareció más la suma de nombres famosos que, aun así, no proponían nada interesante. Eso sí, y ya lo había dicho antes: Black Rebel Motorcycle Club hizo que valiera la pena mojarse durante varias horas. Un dato adicional sobre BRMC: ellos, junto con Bloc Party, abrieron la ventana para la llegada de propuestas más contemporáneas a Rock al Parque, mas "college radio music", más de lo que llaman ahora de manera graciosa "música indie". No estaría mal, y lo digo como propuesta a Daniel Casas, coordinador del festival, ya es el momento de ver bandas como The Jesus and Mary Chain, Sonic Youth, Animal Collective, The Dandy Warhols.... Caprichos que no se pueden dejar de proponer... 3. Insisto en este punto: El festival tiene que servirle a todos, especialmente a las bandas locales. La lluvia creó caos y los primeros que pagaron el desorden creado fueron las agrupaciones bogotanas. Algunas fueron suspendidas y otras tuvieron su horario recortado. Vuelvo y repito: Rock al Parque tiene que proporcionar las ventanas para que el talento bogotano (grupos formados por ciudadanos de la urbe que paga con sus impuestos todo el evento) salga adelante, tenga el espacio para mostrarse y esta obligado, como concierto organizado por una entidad pública (y en ese detalle, además de la gratuidad de la entrada a las presentaciones, se debe diferenciar de lo hecho por empresarios privados) a proporcionar las herramientas para que los artistas tengan la suficiente difusión para ser internacionalizados. Rock al Parque debería funcionar todo el año como institución, buscando espacios para exportar talento local. Rock al Parque deberia servir como plataforma para crear industria cultural en la ciudad de Bogotá y no limitarse a ser una excusa de entretenimiento para los habitantes de la capital colombiana y sus visitantes. Vamos a ver si alguien le pone atención a esta propuesta. Uno esperaría de una alcaldía dirigida por un partido de izquierda tal motivación. José Gandour (zonagirante@yahoo.com)
Noviembre 03 de 2008 (10:30 a.m.) Black Rebel Motorcycle Club I fell in love with the sweet sensation Hace unos años conocí a Black Rebel Motorcycle Club, y no logro cansarme de oírlos. Cuando supe que venían para Rock al Parque pegué un brinco de la emoción, porque es un grupo que no mucha gente conoce aún en nuestro país y nunca aspiraba a verlos en vivo, pero así son las cosas y me preparé concienzudamente para ir a su encuentro. Aún así, no sabía qué esperar cuando por fin los anunciaron en la tarima del Simón Bolívar. Gracias a la reciente aparición de Vh1 en nuestras vidas ahora el rock es como una especie de religión. No importa qué tan aburrida sea tu vida, o qué tan malo sea tu grupo, lo importante es rockear, sin que importe cómo lo haces: a veces es la ropa, a veces la actitud, incluso la capacidad de pararte a hacer el oso. Las menos de las veces es la música, si bien se supone que Juanes es rock y Maná también. Anoche efectivamente pusieron a prueba nuestra fe, pues tuvimos que esperar bajo un aguacero tremendo a que por fin nos anunciaran la llegada de esta banda de California, y valió cada segundo de esa espera, porque creo que supieron darnos una lección de lo que significa rockear. El planteamiento inicial de BRMC es simple: no se separan del rock clásico, todo lo contrario (usan amplificadores de tubos), pero todavía hay más. Sobre ese esquema básico montan una propuesta sonora imposible de definir (en Wikipedia los clasifican en 8 géneros distintos), mezclando elementos del rock puro de garaje con momentos sicodélicos, llegando incluso a ese sonido heroinómano post punk que a veces nos hace tan bien escuchar. Hay gente que desearía que todos los grupos de Rock al Parque fueran metal, o nuevo metal; hay gente que solamente baila cuando sabe quién canta, pero la gran mayoría de los que nos quedamos fuimos cautivados, así muchos no los hubieran oído en su vida. ¿Querían rock? ¿Querían ritmos contundentes y letras sencillas? ¿Querían pintas de rockero? ¿Querían actitud? Todo eso pasó frente a nuestros ojos anoche; se pararon a hacer lo suyo, sin mayores pretensiones, sin discursos y sin poses: solo rock, porque así se hace. Lo demás fue sencillo: quedar boquiabierto, saltar bajo la lluvia, mover la cabeza agitar los brazos y gritar, para devolverme a mi casa ronco, completamente empapado y completamente satisfecho, seguro de haber visto uno de los mejores conciertos que nos han dado y deseando en el fondo de mi alma que sigan trayendo grupos así para que nos sigan dando las lecciones que tanta falta nos hacen. Santiago Rivas (miamigorivas@hotmail.com) http://elwalkman.blogspot.com Noviembre 03 de 2008 (10 a.m.) Seguimos mostrando videos hechos por los aficionados que llegaron al Parque Simón Bolívar y subieron la grabación de sus vivencias a Youtube. Puede uno quejarse de la calidad de las imágenes, pero se nota que cada uno de estos testigos se la pasó muy bien, a pesar de la lluvia.
Noviembre 03 de 2008 (9:20 a.m.) Debo decirlo así: en un día extraño, torpe, donde todo se cae por la lluvia, donde la mitad del cartel programado no se presenta porque se inhabilita uno de los dos escenarios, donde se revuelven de manera improvisada ante las circunstancias los grupos extranjeros que tienen que irse al día siguiente, excluyendo a la mayoría de las bandas locales que estaban ya listas para subirse al escenario, por suerte hubo un final feliz. Pero vamos por partes antes de comentar la razón de la alegria con la que terminó la jornada. Llegamos a las dos, pero ahi no había nada... La lluvia, la lluvia... por dios... que lluvia, que aburrimiento, parar en la carpa de prensa durante dos horas para ver cuándo reinician actividades. Ver cómo los organizadores, para tener entretenidos a los periodistas meten a cuando grupo hayan por ahi para que respondan a sus preguntas. El café aguado de Dunkin Donuts muy lejos (y seguro que estaba más aguado que nunca). La pregunta obvia de todos, ¿y si saben que llueve en noviembre en Bogotá, porque no mueven el festival para otro mes?. La siguiente pregunta, un poco menos obvia, ¿y si saben que va a llover, y no tienen otra fecha, porque tanta improvisación a la hora del diluvio? Este es un festival que cuesta casi un millón de dólares, este tipo de errores le cuestan a todo el mundo. El chiste que circulaba ayer era acerca de lo ilógico de hacer un evento en el escenario llamado Lago, en el terreno más propicio para inundaciones en el Parque Simón Bolívar justo en estas épocas. Arranca de nuevo el asunto, y vemos a Santa Fuma, en su proceso de transición sonora, en ese paso de banda tradicional blusera a agrupación que quiere integrar mas sonidos, pop y folclóricos. Aun se les siente confundidos, aunque asumen su confusión con alegría. Odio a Botero con su punk ácido (ácido en sonido, ácido en su humor crítico) se da la tarea de reventar la tarima, pero por las circunstancias de tiempo ven acortados sus minutos de presentación. Se sube uno de los beneficiados por el clima a la tarima: Panteón Rococó. Los mexicanos saben entretener, salen levantar al público. Luego Gondwana, con un reggae de estructura obvia, nada novedosa, pero del agrado de un buen sector de los asistentes. Entonces viene Babasónicos. Los argentinos han advertido desde la rueda de prensa que son muy pocos los temas viejos dentro de su repertorio, que esas épocas estan ya superadas, que ellos no son Soda Stereo, que no viven de la nostalgia. Sube Adrián Dargelos y su ejército y sucede algo que siempre me ha parecido extraño: Babasónicos está conformado por 6 divas, seis personajes que se exhiben con los pantalones más apretados de la historia, con movimientos travestidos, con sensualidad andrógina, pero hasta el más intolerante de los asistentes a Rock al Parque los acepta, los adora, los respeta, canta la mayoría de sus canciones. Es una gran banda, quizás la más importante de América Latina en este momento. Me divertía más con ellos hace unos años, igual siguen haciendo grandes canciones y eso no es algo fácil de decir de una banda que lleva casi 20 años rodando. El final feliz (y con todo y la vuelta de la lluvia a nuestra historia): Lo debo decir de esta manera. Yo he visto muchos buenos conciertos durante estas 14 ediciones de Rock al Parque, pero debo decir que sólo dos me han emocionado hasta la médula. El primero fue en el 2005 cuando la agrupación chilena The Ganjas tocó en el escenario alternativo, e interpretó su gran canción Dancehall, dejando a los asistentes extasiados. La segunda fue ayer con Black Rebel Motorcycle Club. BRMC es una banda sencilla, un trio que se defiende a punta de guitarrazos, que conserva la esencia del rock´n´roll de principio a fin. Que no necesita reventarse la garganta para sacudirnos, que no requiere trotarte toda la tarima para levantar al mas incrédulo. Cuando tocan Spread the love, sueltan el bajo distosionado, cubriendo el aire denso de la noche bogotana y hay algo que me hace pensar que Dios existe y viste chaqueta de cuero al estilo Marlon Brando en The Wild one. Casi nadie los conocía pero todos los aplaudieron. Ya a estas alturas son pocas las bandas que me sacan el corazón. Black Rebel Motorcycle Club lo logra con creces. ****** Disculparán los radicales de siempre, los que creen que si la música se sale de sus moldes cerrados que no evolucionan en años se torna en materia flatulenta. Pasa con algunos metaleros locales que se ofenden con mis notas sobre lo visto en el día uno. Creen que si uno no pertenece a su tribu no está autorizado a hablar sobre su música. Son ellos los que evitan que el género evolucione. Afortunadamente hay artistas que no los escuchan y siguen buscando su camino propio. José Gandour (zonagirante@yahoo.com)
Noviembre 03 de 2008 (9 a.m.)
Haga click sobre las imágenes para verlas en un tamaño más grande. Noviembre 02 de 2008 (12 m.) Hemos hallado estos videos hechos por los aficionados que llegaron ayer al Parque Simón Bolívar. Seguramente hechos con celular, y no con la mejor calidad posible, pero la verdad dan buen reflejo de lo sucedido durante el día del metal.
Noviembre 02 de 2008 (11 a.m.) Para reseñar el día 1 de Rock al Parque, día lleno de metal y hardcore, géneros que no son precisamente mis favoritos, debo arrancar desde lo visto a las 7 p.m. cuando la verdad ya había perdido las esperanzas de observar algo diferente a la exposición de mucha testosterona con nostalgia de mitos medievales envueltos en pantalones de cuero. Hasta ese momento sólo me había divertido con Ratos do Porao, de Brasil (se nota el paso del tiempo y la decadencia, pero siguen siendo poderosos) y con Loathsome Faith (agrupación bogotana clasificada al festival por las convocatorias selectivas, de sonido poderoso y concreto). Hasta las 7 p.m. venía pensando que el metal expuesto en Rock al Parque se había quedado anquilosado en tiempos pasados infernales y que no había salvación. Que lo expuesto por bandas como Entropia, Awaken o Ethereal hacía parte de una banda sonora de una película llena de pesadillas, que, increiblemente eran celebradas por un público que pedía más sangre sonora para deleitarlos. Casi todo lo ejecutado hasta esa hora lograba, además, hacer ver a la antigua banda Kronos, que después de mucho tiempo regresaba al escenario, como compositores de las baladas más cursis de la tarde (lo suyo, al fin y al cabo, tiene en estos momentos más de Franco de Vita que de Megadeth). También había visto a Paradise Lost, de Gran Bretaña, llegar con muchos bombos y después de pocos minutos, aburrir al más paciente de los asistentes. Pero por suerte a las 7 p.m., por recomendación de Renata Rincón, me dirigí al escenario alternativo, el localizado en el lago del Parque Simón Bolívar, y vi a Fractal Flesh. Fractal Flesh tiene al frente a la más desenfadada líder vocal que haya visto en mi vida en una banda de metal. La verdad es que no creo que los cánones tradicionales del género permitan con mucha complacencia que una mujer tremendamente sexy y con toda la actitud para desafiar a los más radicales, con cierto aire gatúbelo en su imagen, se enfrente con estos elementos a propios y extraños y salga victoriosa. Pero Maria José Camargo (sí, asi se llama la protagonista de este episodio), sorprendió. Y se nota que con ese desparpajo empuja a su banda a sentirse más libre en su proceso de composición. Se nota que, aunque es en esencia metal, lo que hace Fractal Flesh tiene momentos de jazz, funk, pop y hasta cierto sentido rítmico tradicional colombiano oculto por algún lado. No les voy a decir que Fractal Flesh pasó a ser una de mis bandas favoritas, pero fue refrescante verlos, en medio de tanto desespero fingido propuesto por otras agrupaciones. Después de ello, vi por un rato, mientras llegaba la lluvia, a Carcass cerrando la jornada. Hay que aceptarles su trayectoria y todo lo que han marcado en su estilo. Su sonido es contundente y definitivamente hacen ver a aquellos que los antecedieron como unos novatos en la materia. Merecen todos los reconocimientos. De todos modos, tengo que decirlo, no fue el show más divertido de la noche, pero es que de diversión son pocos los metaleros que se atreven a buscarla encima de un escenario. Por eso me gustó Fractal Flesh. Ojalá continúen por la misma senda. José Gandour (zonagirante@yahoo.com) Noviembre 02 de 2008 (10 a.m.)
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Noviembre 01 de 2008 (10 a.m.) Antes de arrancar al Parque Simón Bolívar, a la primera jornada, vemos los editoriales de los principales periódicos de Bogotá hablando del festival. En general hablan de la preocupación que ronda sobre la violencia que se pueden generar entre varias tribus urbanas . El Espectador dice que "la apuesta es arriesgada y ello no se pone en duda. Las llamadas tribus urbanas han protagonizado lamentables enfrentamientos. Entre punkeros y emos, para dar un ejemplo, se dice que no hay ninguna empatía. Lo mismo sucede con otros grupos. Reunirlos a todos en un mismo sitio podría parecer provocador. Pero con la misma lógica también lo sería la democracia y su devoción al pluralismo y el respeto de las diferencias. He ahí la importancia de Rock al Parque". El Tiempo, a su vez, escribe que "es imperativo, para garantizar la seguridad de los asistentes, que los jóvenes entiendan estas medidas y sean tolerantes con la Policía. También de la Fuerza Pública se espera un tratamiento respetuoso. Debido a que el vandalismo juvenil se convirtió en noticia permanente, Rock al Parque constituye, una prueba de fuego donde punks, emos, metaleros, hippies, rastafaris y todas las tribus urbanas de Bogotá puedan gozar de este encuentro de rock y civilidad". Está claro que los tiempos han cambiado. Por un lado extrañamos los comienzos del festival, donde quienes vigilaban la convivencia entre los asistentes eran miembros de una entidad civil, desarmada, llamada Fuerza de Paz, que lograba manejar de manera efectiva los distintos grupos sociales que se encontraban en el parque. No intervenía la fuerza pública. Y, por otro lado, se nota el paso de los años cuando los principales medios de comunicación dedican sus editoriales, aunque sólo por razones de orden público, a Rock al Parque. Antes, en estas fechas ignoraban la importancia del evento por estar en Cartagena promocionando el Reinado de la Belleza. José Gandour (zonagirante@yahoo.com) Octubre 31 2008. (11 p.m.)
Aquí comienza nuestro ritual de todos los años. Y si, a pesar de vernos a veces criticando con dureza lo que sucede o añorando algunos tiempos pasados, Rock al Parque sigue siendo la fiesta favorita de Zonagirante.com, la fiesta que siempre nos emociona desde nuestro nacimiento, hace ya 9 años. La idea en 2008 es incluir toda la información día a día como si fuera un gran blog que iremos llenando de manera descomplicada, en un solo espacio, y el visitante tendrá viendo la información actualizada dispuesta desde el comienzo de nuestra página. Incluiremos noticias, reseñas, fotos, y, por primera vez, videos de lo que veamos durante este festival. Contaremos con la colaboración de un gran equipo de trabajo que siente con pasión la música actual y que siente que aun Rock al Parque, como el festival gratuito más grande de América Latina, sigue teniendo mucho que decir y que mostrar. Rock al Parque 2008 parece tener ánimo de desquite. El año pasado se vivió una de las ediciones más flojas de la historia del festival y este año, ya asumiendo los problemas del pasado, ha armado un cartel muy interesante donde hay cuatro agrupaciones anglosajonas (3 británicas y una norteamericana) que acompañarán a algunas de las bandas latinas más destacadas del momento. Nos alegra (y lo decimos así, claramente) nos alegra ver a Black Rebel Motorcycle Club cerrando la jornada del domingo en el escenario principal. También nos emociona Bloc Party como la gran banda final del festival. Los metaleros andan felices con Carcass, vieja y adorada leyenda del género, y Paradise Lost. También estaremos atentos a lo que haga Babasónicos, Austin tv, Ratos do Porao y Los Concorde, entre otros. ¿Qué pasa con el talento colombiano? Esa es la gran duda en Rock al Parque 2008. En esta edición, el listado local es una combinación de bandas que llevan años gozando de la popularidad y los nuevos proyectos que comienzan a asomarse para decir presente. Esperamos que alguien nos sorprenda, que los consagrados no repitan sus viejas fórmulas en concierto y que entiendan la necesidad de su renovación y de los novatos pedimos que tengan la actitud para refrescar la escena. De entrada, nos producen curiosidad propuestas como F Mac, Los Swingers y Mmodcats. Pero, deseando lo obvio, es decir, buena música durante estos 3 días, lo que más pedimos es que el espíritu de convivencia y paz con el que se creó este festival prevalezca. Que todos los actores en este evento se porten como es debido, con ánimo democrático y respeto de la diferencia. Eso lo esperamos de los organizadores, de los asistentes y de la fuerza pública encargada de velar por la seguridad del festival. La policía desde ya da señales de no respirar mucha tolerancia en sus decisiones, justificándo sus prejuicios por el accionar de unos vándalos, y por ello ha sido prohibida la entrada de menores de 14 años a las jornadas de esta edición. Zonagirante.com rechaza ese tipo de medidas. No nos gusta como con esas disposiciones da señal de no entender que es lo que sucede con el rock en Bogotá y lo estigmatiza. Ojalá, con el paso de las horas, su actitud se torne prudente y tolerante con la alegría de los rockeros de esta ciudad. Bueno, desde aquí comienza la información. Todos los días durante este fin de semana largo hablaremos sobre Rock al Parque. Esperamos siempre traerles buenas noticias y transmitirles el placer que la música nos dara durante este comienzo de noviembre. Gracias por compartir con nosotros estos momentos. José Gandour (zonagirante@yahoo.com)Videos recomendados para ir prendiéndose:
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