Viernes 9 de Julio 2010 4:05 p.m.

Para cerrar este especial de Rock al Parque, nuestro fotógrafo favorito. Rodrigo Morales, de Ledfoto.com y miembro del staff de Zonagirante.com nos trae su extenso reportaje gráfico del tercer día del festival. En este caso, Rodrigo decide hacer un claro homenaje fotográfico a Mutemath, Estados Alterados y A Place To Bury Strangers y el resultado es sobresaliente. Con estas fotos terminamos de despedir este evento. Pueden hacer click sobre cada una de ellas para verlas en un tamaño más grande y, hasta si quieren, conservarlas para wallpapers en sus computadores. (Los derechos de estas fotos pertenecen a zonagirante.com y a ledfoto.com, no está permitido su uso en otras publicaciones):

 

 

 

Jueves 8 de Julio 2010 3:20 p.m.

Ultimos datos para discutir:

-Preguntar no es acusar, pero ante determinadas cifras no dejan de salir algunos interrogantes: En la primera rueda de prensa dada por las directivas del festival Rock al Parque 2010, se advirtió que el evento había costado dos mil trecientos millones de pesos colombianos (teniendo en cuenta la tasa representativa del día de hoy, eso corresponde a un millón doscientos diez mil quinientos veintiseis dólares). Los organizadores advertían que eran trecientos millones de pesos menos que el año pasado y que por ello se veía una notoria disminución en la calidad de algunos elementos del festival, y la eliminación de otros. El lunes, en la última charla con los periodistas, los representantes de la Alcaldía de Bogotá, en cabeza de Catalina Ramírez, secretaria de Cultura de la ciudad, informan, de manera eufórica, que el festival fue un éxito y que su costo fue de dos mil ochocientos millones de pesos (un millón cuatrocientos setenta y tres mil seiscientos ochenta y cuatro dólares). Doscientos millones de pesos más de los gastados el año pasado (estamos hablando de cifras oficiales) y quinientos millones más de los anunciados durante el primer día del festival. Tengamos en cuenta que el año pasado hubo 3 tarimas, presupuesto para organizar un concurso para un documental, presupuesto para la publicación de un libro homenaje a los 15 años del festival, y, claramente, una labor de producción técnica de superior calidad a la presentada este año.

La cifra de dos mil ochocientos millones de pesos fue anunciada de manera oficial y publicada en todos los medios. Es decir, hubo tiempo de corregirla si hubiera sido un desliz, pero fue confirmada. Preguntamos: ¿qué pasó?.

 

 

Jueves 8 de Julio 2010 9:58 a.m.

Nuestro amigo y colaborador de siempre, radicado en la ciudad de Caracas, Don Kelvin Malavé, estuvo presente en Rock al Parque y nos ha mandado su reportaje gráfico sobre los tres días del evento. Pueden hacer click sobre cada una de ellas para verlas en un tamaño más grande y, hasta si quieren, conservarlas para wallpapers en sus computadores. (Los derechos de estas fotos pertenecen a zonagirante.com y a Kelvin Malavé, no está permitido su uso en otras publicaciones):

 

 

 

 

Martes 6 de Julio 2010 4:07 p.m.

A ver, ¿a quién se le ocurrió presentar el documental “A los 15 años uno ya es grande” en el mejor horario de Rock al Parque? ¿A quien se le ocurrió sustituir a una banda local y en lugar de eso pasar una pelicula? Ok, lo programaron y así lo decidieron. Pero lo curioso es que no calcularon que lo que menos le interesaba al artista de cierre del festival era que su prueba de sonido y luces se viera interrumpida por una proyección. Laboratorios Black Velvet, empresa ganadora de la Convocatoria Audiovisual Distrital “Documental Rock al Parque 15 años” tenía todo listo para la exhibición de su trabajo, y como ellos mismos dicen en su comunicado a prensa "Dicha exhibición estuvo contemplada desde antes de la finalización del documental e incluso puede certificarse en todas las programaciones de mano y digitales divulgadas por la Orquesta Filarmónica de Bogotá, entidad distrital organizadora del evento, quienes le otorgaron al documental un espacio con el mismo carácter destinado a cualquiera de las bandas invitadas". Laboratorios Black Velvet realizó pruebas en la mañana del domingo, en las cuales verificó cada una de las pantallas del parque y estuvo en constante comunicación con el equipo de audiovisuales y producción del evento, y exigió una línea de audio independiente para lograr un sonido perfecto y garantizar una "proyección impecable". Quince minutos antes de la hora de proyección programada, una de las directivas de la Orquesta solicitó una reunión con el equipo de producción del documental para informarles que debido al tiempo requerido por las pruebas técnicas de Calamaro y por la necesidad de evacuar con premura el parque, el documental no se exhibiría completo. L. Black Velvet, entonces recomienda a los organizadores que lo presentaran siempre y cuando el público pudiera verlo en su totalidad. La Orquesta, unos minutos más tarde informó a L. Black Velvet que el documental sería presentado sin cortes y según la programación oficial. Recibida esta comunicación se dio comienzo a la proyección; al minuto 3 de iniciada la exhibición, el equipo de Andrés Calamaro, con consentimiento de los organizadores del Festival, se hizo cargo de los equipos de luces, sonido y video. De ahí en adelante los espectadores presenciaron una proyección sin audio, fragmentada, al punto de llegar a ser interrumpida definitivamente pasados algunos minutos. Y pensar que menos de una hora antes, los organizadores estaban dando parte de victoria de los excelentes resultados del festival y del respeto que tienen por la escena local en todos sus aspectos. Insistimos: ¿no hubiera sido mejor pasar el documental en el canal público bogotano o escoger un horario dentro de Rock al Parque donde no tuvieran que lidiar con el rockstar del cartel? Un detalle más para darse cuenta del desorden y la falta de claridad en los conceptos manejados por la Alcaldía de Bogotá.

 

 

Martes 6 de Julio 2010 2:21 p.m.

Reportando Rock al parque, día tercero

El día más difícil de Rock al parque, ya se ha dicho, es el más suave en cuanto a los géneros que suenan. Como no existe en realidad un común denominador, va gente de todos los estilos y como estamos en Colombia, eso suele degenerar en peleas. Sin embargo, y pese a la tensión existente entre las barras bravas de Santa fe y Millonarios (a quienes dejaron entrar con camisetas y atuendos que revelaban su afición por uno u otro equipo mientras a nosotros en prensa nos querían quitar los cinturones), no pasó nada.

Lastimosamente, tampoco pasó nada con muchos de los grupos que se presentaron, insípidos como el tofu e igual de blanditos, a pesar de sus aspiraciones a rockear como los grandes. Ese es el caso de grupos como El Sinsentido, The Hall Effect y The Mills. Otro grupo de similar origen, como V for Volume, es bueno y suena muy bien a pesar de lo intrascendente que me parece en cuanto al total de la escena rockera colombiana, pero eso es otra historia, así que por lo pronto, felicitaciones a María José Camargo y su banda por la presentación de anoche, ojalá sigan así.

Llegué mientras oía el final de la presentación de Tony Peligro!, que en lo que alcancé a captar me parecieron buenos, pero no puedo decir mucho más. La presentación de Monareta, en cambio, me la oí completa y me encantó. No solo cuenta mi afición a la cumbia y la importancia de este ritmo en la actual realidad de la música latinoamericana, son buenos músicos, y mostraron toda la buena actitud del mundo a pesar de la adversidad, pues les tocó la peor parte de la lluvia que azotó al parque en la tarde del lunes.

Zoé tocó maravillosamente y hasta donde pude ver conquistó al público bogotano con sus canciones. Es una de las mejores bandas latinoamericanas del momento y valió la pena verlos. Además, su cantante estaba en sus cinco sentidos, a diferencia de su anterior presentación. Cantó perfectamente cada canción y el concierto en general fue un éxito. Gracias a la lluvia pude ver además la mayoría del concierto de Hello Seahorse!, que supuestamente estaba programado a la misma hora.

Lo que más me gustó del concierto de Hello Seahorse! fue ver por fin, después de mucho tiempo, un buen grupo de indie en vivo. Su cantante, con esa pinta de nerd alternativa y su vozarrón de cantante lírica, al frente de tres hombres de apariencia extraña, como torpe a la manera adolescente, son un espectáculo digno de ver porque son excelentes. Tienen un sonido original y distintivo, uno se queda mirándolos con la boca abierta, sorprendido por los alcances del canto de su vocalista, oyendo cada nota. Al final les dieron tiempo para una más y tocaron “Luna” de Zoé, así que la pude oír dos veces; premio por estar trabajando un festivo.

Pasé, como ya lo dije, a ver la presentación de El Sinsentido. Me recordaron a la banda barranquillera Los de adentro pero un poco más pesados, y eso no me pareció nada bueno. Bueno, en cambio, el palito de queso y la rueda de prensa de la banda norteamericana Mutemath, ni qué decir su presentación.

Mutemath se pasó. Empezaron por poner a toda la banda al frente, alineados con la batería a la misma altura, y eso nos permitió a todos ver al baterista, que es en verdad la ley, y quien no contento con ser un músico talentoso y un hábil percusionista, es además una fiera en el escenario, rompiendo baquetas y botando una cada dos canciones, para reemplazarla con una nueva de el surtido que tenía atrás de si mismo. Quitaba el platillo, el único de su batería, y le pegaba, o se lo pasaba al bajista, que colaboraba con la percusión y era también un excelente bajista. Todo estuvo muy bien. Lo único malo era esa zona de prensa absolutamente llena, porque Mutemath es una de las mejores bandas que han traído y de verdad se merece algo el genio que quiso traerlos, aunque sea una colombina de Davivienda.

Me fui a oír las últimas canciones de V for Volume y ya saben lo que opino, así que pasemos al eceso que me tomé, en el que aproveché que tocaba The hall Effect para irme a hacer entrevistas a la carpa Distrito Rock, para un artículo que luego podrán leer en esta misma página. Lastimosamente por andar en esas me perdí el toque de Estados Alterados, a quienes tenía muchas ganas de ver, pero llegué justo a tiempo a la presentación de A Place To Bury Strangers.

Me hacen falta más palabras de crítico teatral para describir lo que A Place To Bury Strangers produjo, no solo en mí, también en todos los asistentes al concierto en el escenario del lago. El sonido de esta banda neoyorquina es algo así como una migraña de Joy Division, a falta de mejores términos. Combinan el noise con el new wave y plantaron además una propuesta escénica original e interesante, usando como toda iluminación cuatro o cinco video beams y algunos flashes ocasionales de las luces blancas en el techo. En lo que respecta a la música, a veces se funde para ser sonido puro, o ruido, si se quiere. Una sucesión de sonidos dentro de los que a veces se podía rescatar la voz famélica del cantante.

Fue un momento muy bonito, íntimo y penumbroso, libre de populismo, de banderas de Colombia o de gritos tradicionales de “qué energía rockalparquehijueputa”. No dijeron nada y simplemente tocaron y tocaron. Al final el cantante se despidió simplemente alzando la mano y yo, estupefacto, en vez de aplaudir levanté la mano en respuesta, como si pudieran verme. En todos mis escritos anteriores he hablado en contra de los grupos que son posudos, sean metaleros, rocanroleros, punkeros o lo que sea, y tengo que decirlo: A Place To Bury Strangers es un grupo muy posudo. A diferencia de los demás, ellos tienen todo para sustentar esa pose, porque son un espectáculo completo, bien hecho, que pone atención a cada detalle y que así y todo es un espectáculo visceral, con accesos de rabia y melancolía; qué bueno no haber visto a Calamaro completo.

Para la presentación de Calamaro la zona de prensa estaba a reventar y era imposible entrar sin apretarse u obstruir el tiro de algún fotógrafo. Entré en la montonera un rato, queriendo oír una canción. Oí en cambio a Calamaro hablando sobre sus penas por la eliminación de Argentina. Oí también a un grupo de lambones coreando “¡MA-RA-DO-NA, MA-RA-DO-NA!”. Justo después empezó a cantar “Te quiero, pero me dejaste el....” y decidí, tal como el año pasado, que estos refritos del rock argentino en el cierre del festival son una excelente excusa para abandonar el ruido, el ajetreo, el barro y la multitud.

Había sido un día pesado, y más aún para José Gandour, que se vio enfrentado a la organización y de paso a Juan Pablo Ospina, que llegó por allá a bravear. Mientras caminábamos a la salida con Rodrigo y José, Calamaro cantaba una aguada versión de la ya insípida “No Woman, No Cry”, de Bob Marley. Cualquier reseña de Rock al parque sobreviviría sin eso. Mis conclusiones sobre este festival las expondré en otro artículo.

Santiago Rivas miamigorivas@gmail.com
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www.myspace.com/larecontra
Twitter: @Rivas_Santiago

 

 

Lunes 5 de Julio 2010 11:49 p.m.

Comentarios que no se pueden dejar atrás

Quizás todo esto que les comente a continuación a ustedes no les interese. Hablar de asuntos políticos por encima de lo musical no es característico de Zonagirante.com y si ustedes no viven en Bogotá es muy posible que el tema les parezca demasiado lejano. Me disculpo desde ya si es asi el asunto. Yo, José Gandour, director de este medio, viví el primer Rock al Parque y lo he comentado en distintos artículos: desde entonces hago parte del festival, como muchos otros bogotanos, y he participado en él ya sea como periodista, en algunas ocasiones como manager de grupos y hasta fui jurado de las convocatorias en el 2004. He hecho, como muchas personas que siempre creyeron en esta causa, parte de esta historia y junto con ellos hemos sido niños felices yendo al parque a ver algunas de las mejores agrupaciones que hemos presenciado en nuestras vidas. Pero hoy termino totalmente decepcionado y triste por lo que sucede en este evento.

Es un festival que afortunadamente lo salvan los músicos, que hacen lo que saben hacer bien y dan alegría a la gente, pero no comprenden que quienes organizan este festival solo los tienen como monigotes de una gran campaña poíitica que trata de rescatar la imagen de un alcalde hace mucho tiempo alicaído y que para lograrlo hacen lo que sea y se comprometen con cualquier tipo de personajes, no importando su talante.

Que una organización de un festival en América Latina gaste (cifras corregidas y aumentadas con mucho orgullo hoy por la secretaría de Cultura de la Alcaldía, descuadrando las declaraciones dadas hace dos días, en las que se exponian números mucho menores) más de un millón cuatrocientos mil dolares (dos mil ochocientos millones de pesos) para que, por ejemplo, una agrupación local como Monareta, que tiene recorrido internacional y publica sus discos en diversas partes del mundo, asistiendo a distintos festival de prestigio, sea vista por solo 200 personas, por la desidia de la promoción ejecutada, señala fallos claros. Un caso similar sucede con Jimena Ángel, nominada a Grammy latino, que es presentada a las 12 del mediodía, cuando apenas abren las puertas, y sólo permanece en tarima 25 minutos. Es grave que una organización, con todo este presupuesto elimine la tercera tarima, construída el año pasado para dar más espacios alternativos dentro del festival a las agrupaciones bogotanas en desarrollo, y la sustituya por un muro de escalada y una cancha de futbol tenis, como si esto fuera parte de un programa deportivo o un reality. Es sospechoso que una organización estatal que maneja un evento consagrado como patrimonio cultural de la ciudad desmejore todos los aspectos de la producción técnica y luego en rueda de prensa diga que invirtió más que en otros años. Se detecta improvisación cuando una organización de este tamaño no se haya dado cuenta a tiempo que en las mismas fechas se realizaba el Congreso Iberoamericano de Cultura en Medellín y que no haya aprovechado las circunstancias para traer a los invitados de este certamen, que vinieron a Colombia a ofrecer oportunidades de desarrollo cultural y que, según quienes viajaron, hicieron negocios interesantes, cosa que no sucedió para nada en nuestro festival. Y es irresponsable que para defender su gestión, esa misma organización, con todo el descaro del mundo, exponga como gran triunfo del momento las cosas que hizo el año pasado, suponiendo que nadie hará la suma o revisará el calendario. Tienen la soberbia suficiente para atribuirse los triunfos de administraciones anteriores y hacerlos propios con tal de tapar sus ineficiencias.

Insisto, en estas condiciones, el festival solo sirve para tres días de diversión de una masa, que mañana no recordará mucho de lo que pasó. Aquí, y en esa actitud, no se construye industria cultural (un concepto totalmente desconocido para ellos). Aquí sólo se apoya al talento local de manera paternalista y pretendiendo que pronto esas bandas y sus seguidores sean votantes de algun proyecto para instancias electorales distritales. En este punto freno y digo, para dejar claro algo importante: Estoy seguro que Maria Claudia Parias, directora de la Oficina de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, institución encargada del festival, es una persona honrada y con todo el interés de que salgan las cosas adelante, pero es claro que el desastre que pasa ante sus ojos no lo está observando claramente. Me da tristeza que alguien de su capacidad se vea envuelto en este absurdo y que a su vez tenga que defenderlo. Lo lamento mucho.

El festival duele en la medida que hubo personas que no tenían porque estar ahí y fueron parte importante de las decisiones. Es inaudito que trabajen con un personaje como Juan Pablo Ospina, funesto por su actitud envalentonada como el peor de los gansters criollos, que se cree el salvador del mundo por haber tenido el dinero para organizar conciertos internacionales (cobrando precios de entrada superiores a los que se cobran en Europa o en Estados Unidos y, aún así, no le paga a las bandas bogotanas que participan como teloneras en sus conciertos). Este personaje, perdido en alcohol en medio de una rueda de prensa de un evento público donde está prohibido el consumo de trago, se acercó violentamente a reclamarme en tono de amenaza mi crítica sobre su participación en el festival. Pero lo más ofensivo es que la misma organización del festival no hiciera nada al respecto, sucediendo todo en sus narices. Una muestra del carácter de quienes estaban a cargo de Rock al Parque.

Si este festival no cambia el próximo año, se hunde. Si las personas responsables de que se lleve a cabo el evento no reflexionan en serio sobre el objetivo que se debe cumplir después de invertir del erario público una cantidad nada despreciable de dinero, deben renunciar. Yo deseo que haya cambios, que se vuelva a caminos anteriores donde este festival era menos soberbio y no se engañaba a si mismo repitiendo a voz herida que este "el evento rockero gratuito más grande de América Latina". Ese discurso ya se superó y se debe pensar más claramente en cómo lograr que la sensación de alegría de los tres días de concierto traigan consigo beneficio cultural consistente durante todo el año a la escena rockera bogotana y no simples globos que se revientan con la resaca del día siguiente.

Por José Gandour (zonagirante@yahoo.com)

 

Lunes 5 de Julio 2010 1:29 p.m.

Reportando Rock al parque, día segundo

Hoy al medio día pasó por la carrera séptima de Bogotá una caravana de personas en una marcha de agradecimiento al presidente Uribe, con motivo de su cumpleaños. Mientras esta pequeña multitud le cantaba el Happy Birthday, en Rock al parque miles de personas le cantaron la tabla, y un par de verdades. Es cierto que la mayoría del país apoya el uribismo, o eso parece, pero nuevamente se prueba que quienes nos oponemos al régimen actual somos más de los que pensamos.

La primera noción de esta idea me la dio el grupo local Chite. Después de un día entero de metal y hard core, dos de los géneros que se toman más en serio sus propias tribulaciones, es refrescante oír algo de punk, para variar. Chite toca punk rock, o por lo menos esa impresión me dio, y dedican gran parte de sus letras a criticar y cuestionar a nuestro actual gobierno (y el que ha de venir, seguramente). Me gustaron, no solamente por nuestra afinidad política, también por su sonido de garaje que me recordó las épocas en que todos mis amigos y yo queríamos tener una banda para tocar, y soñábamos con Rock al parque. Ellos lo lograron, y no importa si lo habían soñado o no, tocaron muy bien, sin timideces propias de los horarios del medio día y sin pretensiones de nada.

A mi no me gusta el reggae. No me gusta que pronuncien las palabras para sonar como negros de la isla cuando son gente blanca y marihuanera. No me gusta que invoquen a un emperador de Etiopía que la gran mayoría de los aficionados a esta música ni siquiera han buscado en Wikipedia, me molesta profundamente que hablen de Sion sin saber qué es y me molesta más aún cuando lo saben y no hacen sino repetirlo y me molesta sobre todo que traten de hacer música de resistencia basándose en clichés y fórmulas repetitivas cuando en realidad hacen música religiosa. Sin embargo, Sudakaya de Ecuador es un muy buen grupo de reggae.

De hecho Sudakaya es un buen grupo porque se nota que componen, a diferencia de muchos grupos de reggae político, como los que tenemos en el país. No estoy diciendo que los grupos de acá no compongan, pero digo que es todo una sucesión de fórmulas y módulos que hacen que todas las canciones suenen iguales. Sudakaya tiene unos bonitos vientos, que ayudan a la contundencia de sus canciones y sus letras son combativas. Lástima que canten tan apegados a la regla del reggae en la mayoría de las frases, pero eso se puede pasar por alto perfectamente, porque de verdad tocan muy bien. Son honestos en escena y generosos, tocan sin miedo y saben hacerlo, así que recomiendo definitivamente hacerse a un disco de ellos.

Subió al escenario Ras Jahonnan & Natural Selection. Una nube de humo aromático se posó sobre la multitud, muchos tuvieron ataque de risa, algunos mucha hambre de brownie y otros simplemente miraron con sus ojos entrecerrados a este cantante y su banda, que encarnan el cliché absoluto de la cultura reggae. Estuve un rato, pero empecé a aburrirme mortalmente y me fui.

Luego llegó, como no, el momento de la nostalgia. Yo jamás he tenido un disco de La Mojiganga, pero mi hermano, aficionado al neo punk, ska punk y todos los subgéneros que se desprendieron de ahí, tenía discos de ellos, y siempre me han encantado. Qué alegría verlos en el escenario plaza tocando con esa buena actitud de siempre y la guapa de la saxofonista siempre sonriente, todos bailando y disfrutando a fondo eso que hacen y que hacen tan bien. Independientemente de si a alguien le gusta o no la música de un grupo, siempre es de elogiar generosidad en el escenario, y La Mojiganga tiene de sobra. Me animaron completamente el día.

Luego de eso, y habiendo visto lo que se avecinaba en la programación, decidí hacer un pequeño safari por la carpa Distrito Rock, que se ha convertido en una versión muy interesante de Sanandresito. Vi con una amiga camisetas, estampados y todo tipo de productos y además un surtido interesante de causas, como el metal de Ciudad Bolívar que toca en pro de los derechos humanos o la “revolución de la cuchara” unos vegetarianos militantes que tienen un par de ideas interesantes, aunque no me mueven para nada a abandonar el consumo de la carne. Interesante en general la carpa, me dio una idea para un artículo que aspiro a entregar al final del festival.

Me fui a ver a Smoking Underdog, con todas las recomendaciones en contra, y la verdad es que son músicos talentosos y tocan bien en grupo, pero no pasa nada con ellos, salvo que parecen un muestrario de estereotipos del rock y el blues, incluyendo un saxofonista con blazer gris y gafas negras de escolta, otro de tantos cantantes aficionados al rock clásico y un bajista que nos recuerda al grupo The Roots. Son inofensivos, y su propuesta no llega muy lejos, si acaso a rozar en algunas partes el jazz, pero no es jazz, es algo por el estilo. Recomendado para los que necesiten grupo en su pub.

Me negué a ver a Ky-mani Marley, debido a que me precio de tener un agudo sentido del entretenimiento. Así que seguí de largo comiendo palito de queso hasta que empezó No te va a gustar, que efectivamente le gustó a todo el mundo. Tanto así, que pese a que se les reventó un circuito en un amplificador y se les quemó alguna cosa, la gente siguió aplaudiéndolos y animándolos mientras no sonaba nada y salía humo dela parte de atrás de la tarima. Eso fue recompensado con una canción extra y una sonrisota enorme en las caras de toda la banda. De resaltar la sección de vientos, y sobre todo la actitud del trombonista, que es hincha de Peñarol y tiene todo el ángel del planeta. Gran recomendado de anoche.

Velandia y la tigra siempre es una buena opción. Es raro que a tanta gente le guste la música que hace Edson Velandia, no porque sea mala, todo lo contrario, sino porque es muy rara, insolentemente rara. Son muy entretenidos y componen una música que nunca me imaginé oír, no porque sea sonoramente compleja ni nada por ese estilo, sino porque las canciones siguen una línea muy irregular y en general porque están hechas de chistes internos de Velandia, que no cesa de sorprender y sigue siendo una cabeza visible en la música colombiana, pese a su estatura. Es un atravesado, en el mejor sentido de la palabra. Sabe que lo que hace es muy bueno, sabe qué tan raro es, y eso lo convierte en un músico desfachatado, que es su principal virtud; al tipo no le importa lo que piensan de él y eso le da una libertad que muchos de nuestros rockeros nunca tendrán. Bogotá a veces no es una buena maestra.

Al final, el imperdible: Asian Dub Foundation fue todo lo que yo esperaba que fuera, y puso a la gente a reventar durante casi una hora y veinte minutos. Es poco lo que no se ha dicho sobre ellos. No son un grupo que llene Rock al parque, pero mucha gente simplemente viene a rock al parque a oír lo que haya, y en ese sentido es una buena idea traerlos a ellos, que tienen todo lo que se necesita: Un sonido contundente, letras serias y bien escritas, músicos talentosos, presencia escénica y una propuesta musical en constante evolución, además de su compromiso con las causas de resistencia en el mundo entero, que los hacen músicos y activistas de la cultura francamente respetables.

Y así termina este reporte del segundo día. Salgo de inmediato a ver si alcanzo a ver la Monareta, para abrir con ellos mi reportaje del tercero. Disfruten.

 

Santiago Rivas miamigorivas@gmail.com
www.elwalkman.blogspot.com
www.myspace.com/larecontra
Twitter: @Rivas_Santiago

 

Lunes 5 de Julio 2010 11:27 a.m.

Otra vez al ataque se encuentra nuestro fotógrafo favorito. Rodrigo Morales, de Ledfoto.com y miembro del staff de Zonagirante.com hizo su reportaje del segundo día del festival y una vez más estamos, al ver los resultados, orgullosos de tenerlo entre nosotros. Pueden hacer click sobre cada una de ellas para verlas en un tamaño más grande y, hasta si quieren, conservarlas para wallpapers en sus computadores. Algunas de las fotos, a manera de diversión, muestran al staff de Zonagirante.com haciendo de la manera más seria su labor periodística. (Los derechos de estas fotos pertenecen a zonagirante.com y a ledfoto.com, no está permitido su uso en otras publicaciones):

 

 

Lunes 05 de Julio 2010 08:14 a.m.

La sencillez brilla

Debo confesarlo: Durante esta edición de Rock al Parque me he sentido más ácido que de costumbre. He sentido mucho disgusto por la forma cómo internamente se maneja el festival y los grados de desidia y descaro que hay en muchas de sus ejecuciones. Me molesta mucho ir a los conciertos pensando más en las historias que he escuchado sobre las contrataciones y el manejo político que se refleja en cada acción puesta en el Parque Simón Bolívar que en la música que voy a oir. Además, ayer domingo, hasta las seis y pico de la tarde (ya que llegué tarde y solo pude escuchar media canción de Sudakaya, de Ecuador), lo que había en el cartel no me producía ningun interes. El reggae tradicional me aburre y ver a uno de los setecientos mil hijos de Bob Marley cantando lo mismo que sus hermanos la verdad no es lo mío. Parecía todo destinado a que el único momento que iba a disfrutar en la jornada de ayer, la segunda del festival, iba a ser la presentación de Asian Dub Foundation. Pero llegar al Escenario Lago a esa hora, a las seis y pico de la tarde fue una bendición.

Yo nunca había escuchado con mucha atención a No Te Va Gustar. Alguna prevención sin razón lógica me había puesto en la terquedad de no conocerlos a fondo. Pensaba que sonaban (eso me decía mi mentirosa voz interior) a cualquier cosa parecida a Los Piojos o Las Pelotas o que se yo. Igual, ya estando en el parque, y teniéndolos ahi, y en un día tan ácido como el que estaba viviendo más daño no me podía hacer. Por suerte en el sector de prensa me encontré con mis amigos Kelvin, Rivas e Iván, que iban con una curiosidad un poco más optimista que la mía.

Yo ya iba pensando que apenas viera a esta agrupación uruguaya dar salticos y gritos desentonados para alentar burdamente al público me iba a regresar al sector de los palitos de queso y las gaseosas, cuando arrancó, de manera bella y emocionante ese reggae que en lugar de estar lleno de un Caribe ficticio, tenia la nostalgia rioplatense, que lo hace acercarse más a la sensación de bolero antes que a la de cualquier ritmo jamaiquino. Y eso, mezclado con los momentos experimentales funk que le imprimen una serie de texturas sonoras diferenciales que lo hacen más pop y a la vez más honestos, me pararon en mi sitio y no me permitieron moverse sino hasta el final de la presentación.

Emiliano Brancciari, el cantante de NTVG, se nota que es un buen tipo. Se nota que se sorprende de tener una banda exitosa, que no se lo esperaba, que lo suyo debe ser tomarse unos mates entre amigos antes que la locura de las estrellas. Y eso es lo que transmite su voz, lo que transmite su actitud. Eso es lo que hace que le crea cuando canta El Camino (Volvé a nacer, no dejes que nos mientan/Quiero creer, que no estamos a la venta). Y se ve a leguas que su grupo lo respalda, se toma los mismos mates y que todos se juntan con la gente que los rodea en la cuadra como si no pasara nada, como si no fueran una banda que ya alcanza a mover masas en su país y en Argentina. Deben ser hombres que se transforman en alegres niños que van a la cancha a ver a sus equipos en la tribuna popular y que de estar siempre con los pies en la tierra salen sus maravillosas canciones. Son nueve en la tarima y seguro que se juntan con el roadie y el manager para jugar un partidito en el barrio contra los rodillones de turno.

Esas son las bandas que se agradecen, más cuando se suben al escenario y no dan discursos poco creibles relacionados con la creencia de que un dictador y sátrapa etiope era un dios sobre la tierra, o lo que llama un amigo "someterse a la dictadura de la cheveridad", a creer que a punta de gritos destemplados y palabras políticas mal elaboradas se emociona constantemente al público. No Te Va Gustar es volver a las bases de que la música está hecha para sacar adelante las emociones del momento, y que el tener canciones exitosas en la radio no hace a nadie mejor persona, y que su trabajo es hacer sus composiciones con el gusto y el amor que se merecen. Es comprender que la sencillez brilla, que la sencillez rescata a cualquiera de las porquerías del día a día. Y es claro para mí que presenciar a No Te Va Gustar me mejoró la jornada. Me hizo feliz por un buen rato. Apuesto que todos los presentes vivieron lo mismo. Seguro que Brancciari y sus secuaces lo supieron y se fueron con la satisfacción de la labor cumplida. Se les notaba en su simple sonrisa.

Por José Gandour (zonagirante@yahoo.com)

 

Domingo 04 de Julio 2010 11:53 a.m.

Rodrigo Morales, de Ledfoto.com y miembro del staff de Zonagirante.com nos envió sus fotos favoritas del primer día del festival. Pueden hacer click sobre cada una de ellas para verlas en un tamaño más grande y, hasta si quieren, conservarlas para wallpapers en sus computadores. Algunas de las fotos, a manera de diversión, muestran al staff de Zonagirante.com haciendo de la manera más seria su labor periodística. (Los derechos de estas fotos pertenecen a zonagirante.com y a ledfoto.com, no está permitido su uso en otras publicaciones):

 

Domingo 04 de Julio 2010 11:26 a.m.

Más datos que salen a relucir:

-Una muestra de que Rock al Parque requiere convertirse en institución permanente es el documental "A los 15 uno ya es grande", resumen del festival desde su nacimiento , finalizado hace ya varios meses y que sólo pudo ser estrenado a partir del lanzamiento de la edición 16. Es decir, si este documental hubiera podido ser presentado en una fecha diferente, como parte de una labor cultural realizada por la alcaldia todo el año, hubiera tenido un impacto mucho más contundente. Pero, además, lo planes de promoción de este año incluyen, como detalle peculiar y realmente poco conveniente, estrenarlo para la gran masa el lunes en el Escenario Plaza, a las 8:10 p.m. mientras Andrés Calamaro hace prueba de sonido. Es decir: ¿tomarían en serio un festival de este tamaño que prefiere mostrar un documental a la hora de mayor audiencia en su programación en lugar de presentar a una de sus bandas locales, cualquiera que sea esta, para exponer el talento bogotano por el cual supuestamente trabaja el festival?. Hey, señores, es un festival musical, recuerden ese pequeño detalle.

-Ayer asistieron 54.000 personas a la primera jornada del festival, al menos treinta mil menos de lo habitual. "Futbol mata metal" diría un amigo. Aún así el resultado fue mostrado como un éxito por parte de los organizadores.

-¿De que clase de periodistas estamos reunidos en Rock al Parque? Hay gente cuyo trabajo es tremendamente respetable (Nos gusta lo que hace Nicolás vallejo, editor de la revista Shock, y Renata Rincón, que publica en diversos medios, incluido latin-roll.com y El Tiempo). Pero la gran mayía no tiene nada que hacer ahi. Algunos tienen credenciales porque las han conseguido inventándose algún blog o un supuesto experimento universitario. Otros se graduaron de Comunicación social o carreras similares, pero se saltaron muchas lecciones en el camino. Una de ellas, no aceptar que los organizadores de un evento les impidan preguntarle a los artistas con su propia voz lo que quieran en medio de una rueda de prensa. Es ridículo que no se sientan humillados escuchando cmo la coordinadora de turno lee sus preguntas proveniente de un papelito, alegando que asi evitan "que se digan pendejadas". Los censuran y ellos aplauden. Tambien esán los de la categoria de lambones, aquellos que cuando el director de Zonagirante.com se levanta a hacer una crítica sobre el talante y las inversiones realizadas por los directivos del festival, se sienten en la obligación de desmentirlo en la siguiente intervención, porque acaban de ver a uno de sus grupos favoritos. A los lamesuelas no los soportamos. Seguro que se ganaron su credencial a punta de halagos indebidos y sonrisas forzadas.

 

 

Domingo 04 de Julio 2010 08:42 a.m.

Reportando Rock al Parque, día primero

El primer día de Rock al parque siempre es una apuesta complicada para todos los que nos alejamos del metal hace ya tiempo, pero en el caso específico de esta versión, hay un par de preguntas que vale la pena hacerse. La primera sería algo así como ¿Seré solo yo, o de verdad el metal cada vez está más aburrido? Y la segunda ¿Será que existe alguna posibilidad de hacer alguna innovación, algún cambio que saque al metal de ese punto muerto en el que ha caído?

Llegué tarde por andar viendo el partido entre España y Paraguay, como la mayoría de la gente, y me encontré de primerazo con Stick To Your Guns, un grupo californiano de hard core que no lo hace nada mal. Son cinco jovencitos que se apegan a su género con gran suceso. En la ruda de prensa les pregunté si creían que el hard core, un género tan lleno de activismo político de todo tipo, podría ser tomado todavía como un movimiento de resistencia. Su respuesta fue básicamente que sí, que ellos esperan siempre que a la gente le importe lo que pasa a su alrededor. Una frase, sin embargo, me gustó por encima de todo lo demás. El cantante me dijo (traducido del inglés) “...yo no iba mucho al colegio, de hecho faltaba muy a menudo; en cambio, iba a muchos conciertos, en los que hablaban de la situación política, medioambiental, etc. y puedo decir que la mayoría de las cosas que he aprendido en la vida las aprendí del hard core...” de manera que siguen vivitos y coleando los seguidores de este género que tanto éxito tuvo en los noventas y que hoy salvó el día en un día del metal más aburrido que de costumbre.

Fui a ver a Cromlech, Soulburner, Shadows Fall, Witchtrap y al final al famoso grupo suizo Samael, pero no encontré nada ni medianamente divertido. Al contrario, me encontré con un sonido demasiado convencional (en términos de metal), pese a que la reseña que dan de Samael es la de un grupo que experimenta e innova con el sonido.

Así que de vuelta al hard core. La nota más alta de hoy la puso Def con dos, un grupo español muy conocido en nuestro país, y grande entre los grupos de aficionados al cine de Alex De la Iglesia, pues han hecho la banda sonora de El día de la bestia y Acción mutante, clásicos ambos del cine español contemporáneo. Sus letras son buenas y lo dan todo en el escenario. Hablan de empoderar a la mujer, del movimiento social y de la “europeización” de España como un negocio trucho, pero todo lo hacen con muy buen humor, cosa que no pasaba en el escenario de la plaza, donde la opresión que todos buscan tumbar es la de Dios, incluso la de Lord Saurón.

Luego vino Biohazard, directo desde los noventa para deleite de todos nosotros. Son buenos, muy buenos, pero no los extrañaba. En cambio, un grupo de personajes que andaban en la zona de prensa casi se mueren de la alegría y se pusieron a poguear.

Pese a episodios como el pogo, o la subida del cantante de Sin Salida, un grupo fascistoide que muchos todavía recordamos con cierto estremecimiento dentro del espectro de la derecha pre uribista (¿Sabrían los de Biohazard las barbaridades que cantaba ese grupo?), el concierto estuvo bueno. Añoré los noventa, porque ya no estaba interesado realmente en oírlos, sin importar cuán buenos fueran, porque el hard core a mí me pasó derecho en la vida y ya no me emociona.

La conclusión que saco de todo el día de hoy es que no importa qué género sea el que mueve a los músicos, nada se puede hacer si no existe generosidad y honestidad, y eso fue lo que se vio esta noche que termina en Rock al parque, por lo menos en uno de los escenarios. El metal, mientras tanto, sigue haciendo lo mismo que hace un tiempo, sin aportar gran cosa a la escena nacional o internacional.

 

Santiago Rivas miamigorivas@gmail.com
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Domingo 04 de Julio 2010 08:39 a.m.

Usted, el que está al otro lado de la pantalla, si usted: si algo tiene que decirle el equipo entero de Zonagirante.com es que si algo vale la pena en este Rock al Parque, definitivamente es Asian Dub Foundation. Esta banda, formada en 1993 en unos talleres de tecnología musical para jóvenes asiáticos con base en la Londres Community Music, explora la combinación agresiva del dub, el bhangra, el drum & bass y el rock, teniendo labores vocales que navegan por el raggamuffin y con una actitud claramente punk. Es una banda poderosa que tiene un mensaje claramente político a favor de las luchas en el tercer mundo y que tiene como bandera luchar contra el racismo de cualquier tipo. Hacen parte de una escena que se ha dado a conocer (ustedes saben, para simplificar las cosas, los críticos musicales suelen usar etiquetas que no siempre correponden a la verdad) Asian Underground, donde los hijos de los inmigrantes procedentes de India, Sri Lanka y Pakistan, radicados en Londres, Birmingham, Manchester, Bristol y otras ciudades inglesas, han recuperado el sonido de sus ancestros y los han alimentado de la electónica y el rock de occidente. Tenganlo claro (y el staff de Zonagirante no les va a mentir): esta es quizás una de las mejores 5 agrupaciones que alguna vez pasarán por el Parque Simón Bolívar en la historia de este festival. Preparese para saltar, para bailar, para alzar los puños sintiéndose el más rebelde del paseo. No dude esta noche de estar presente a las 9:00 en el escenario Plaza y compartir con su gente esta experiencia.

P.s. Por cierto, un mensaje para los responsables culturales de la Alcaldía de Bogotá: Esta es una banda salida de proyectos culturales públicos. Miren a donde llegaron. ¿Se acuerdan de su programa "Escuelas de Rock y Rap"? ¿Se acuerdan como las acabaron sin pena ni gloria?

(Tanto discurso tiene que estar complementado con un buen video de muestra. Ok, aquí va la mejor explicación de lo que estamos hablando):

 

 

 

 

Domingo 04 de Julio 2010 07:53 a.m.

 

 

Algunas impresiones sobre Rock al parque.

En medio del día uno, dedicado al metal y al hard core, nos fue posible a los miembros del equipo de zonagirante.com mirar a Rock al parque en lo que se refiere a su organización, y la verdad es que existen muchas cosas que se pueden mejorar, no solo en cuanto al festival en esta edición, también con respecto al año pasado.

Lo primero es que quitaron la zona de computadores, que era muy útil para poder reportar permanentemente y enviar artículos escritos en caliente, ni qué decir de la posibilidad de escribir en Twitter lo que quisiéramos en el momento en que pasaba (afortunadamente Rodrigo llevó su blackberry).

Quitaron también la rueda de negocios y el tercer escenario. Entorpecieron el flujo, cerrando uno de los pasillos para ir a los escenarios y obligándonos a dar una vuelta inútil. No abogo por la calidad de diva de los que estamos haciendo prensa en el festival, pero valga decir que si algo necesitamos es la posibilidad de llegar rápidamente a todos lados, y la organización pasada nos proveía de esa posibilidad.

Lo realmente grave de todo es que el festival costó dos mil trescientos millones de pesos, lo que equivale a más de un millón de dólares, que no se ven por ningún lado. A mí me parece que están pasando de agache con un festival apenas bueno, porque básicamente Rock al parque siempre es bueno y no creo que ni siquiera un período más de Samuel Moreno en la alcaldía pueda quitarle ese brillo especial que tiene desde su nacimiento. Me parece también que toda esa plata que no se ve se la están comiendo los políticos que gustan tanto de mamar de la teta del distrito. Si nuestro alcalde se parece en algo a su hermano, ex alcalde de Bucaramanga (y seguro que sí se parece), él también está mamando en grande de una plata que bien invertida nos habría dado un fin de semana brillante, con una organización infalible, computadores, pasillos y un tercer escenario. Incluso les habría alcanzado para montar el famoso muro de escalada, la carpa de los souvenirs y la cancha de fútbol-tenis. Pero esa es mi impresión, y no puedo de ninguna manera comprobarlo, me atengo simplemente a las costumbres políticas de mi querido país y sus políticos.

Santiago Rivas miamigorivas@gmail.com
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Sábado 03 de Julio 2010 12:05 p.m.

Neuróticos del mundo uníos: una guía breve para asistentes de todo tipo

Kit práctico para hacer cubrimiento de Rock al parque

  • maleta pequeña, ojalá con un bolsillo oculto
  • un libro de cualquier tipo, para cuando la cosa se ponga aburrida, que además permite ir solo al festival y no depender de un parche que seguramente saldrá faltón
  • libreta de anotaciones chiquita
  • esfero bic cristal, con esfero de repuesto
  • botella de agua
  • chicles
  • dulces de cualquier tipo
  • Para nosotros los cachacos, bloqueador solar para los tres días de cubrimiento

Recomendaciones prácticas para Rock al parque:

1: Lleven sus propios cigarrillos. Las mañas que se den para entrarlos son problema suyo.

2: Mejor plástico o impermeable que paraguas, en caso de lluvia. Respeten a la gente que está detrás de ustedes

3: Rock al parque no es una pasarela: como no sabemos si el buen Dios nos tiene preparada una tormenta o un chubasco para este fin de semana, mejor es hacerse a la idea y llevar todos los días el mismo pantalón. Luego pueden cambiarse e ir a posar al bar alternativo de su preferencia. Es por su bien

4: Si son adolescentes primerizos, por favor no miren raro a la gente que no se ve como la gente que ustedes conocen. Si además son cristianos evangélicos ¿Qué demonios hacen allá?

5: Armen su propia fiesta de remate de festival, o péguense a la de algún amigo que haya seguido esta recomendación. En la fiesta oficial no pasa nada y cobran carísimo por las treinta boletas que venden.

6: Para aquellos que no pertenecen a ninguna “tribu urbana”: Los góticos son posudos y a veces antipáticos, pero inofensivos. Los metaleros suelen ser muy amables y a veces hasta ñoños. Los Skin heads juran que no hay nadie más fuerte que ellos y no vale la pena hablarles. Algunos punks son chistosos, otros quieren serlo, el resto simplemente están pasados. Los emos no van. Los que peor miran normalmente son barras bravas de algún equipo.

7: Si tienes pase de prensa y no estás realmente trabajando en Rock al parque haznos el favor de hacerte hacia atrás y no estorbar, ya es bastante con tener que usar tapones en los oídos todo el día como para andarnos tropezando contigo.

8: No la monten de rudos: Siendo Rock al parque un festival tan grande, no tienen que demostrarle nada a nadie. No se disfracen de metaleros si no lo son, no lleven botas que luego lamentarán estar usando, no miren mal a la gente y no pogueen tratando de hacerle daño a alguien, recuerden que es un rito de unión antes que cualquier cosa.

9: ¿Cuándo aprenderá la gente a no enloquecerse de la dicha si el cantante de la banda saca una bandera de Colombia o una camiseta de la selección?

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Sábado 03 de Julio 2010 11:59 a.m.

Stick to your Guns es una buena excusa para asomarse por el parque hoy. Esta banda de Orange County, California, hace un hardcore meódico interesante. No sorprenden, pero hacen las cosas bien y eso es suficiente para ir al menos en plan "investigativo" a verlos. Son del prestigioso sello Century Media y eso nos da más excusas para verlos en el escenario Lago, a las 4:40 p.m. Aquí uno de sus mejores videos:

 

 

 

Sábado 03 de Julio 2010 11:15 a.m.

Aclaremos varias cosas antes de salir al parque (lo haremos después del partido Paraguay - España).:

A varios del staff de Zonagirante.com nos gusta mucho Andrés Calamaro. Creemos que es un gran artista y que muchas de sus canciones nos fascinan. Creemos que tiene toda la actitud e historia para que honre al festival cerrando su última jornada. Eso lo tenemos claro. Lo que nos parece reprochable es la irresponsabilidad de asumir los costos del artista (mejor no decir cifras, pero les aseguramos que es la contratación, con gran diferencia, más costosa del festival en su historia). Eso no es presentable. Más cuando se eliminan la mesa de negocios, donde las bandas locales tenían oportunidad de buscar espacios en otros festivales y la tercera tarima (y se le sustituye, como si fuera una feria con un muro de escalada y una cancha de fútbol tenis). Eso es una señal clara que la Orquesta Filarmonica de Bogotá, ente encargado por la alcaldía de organizar Rock al Parque, no le interesa realmente el fomento del rock local. A Andrés Calamaro le decimos ¡bienvenido campeón!, pero quienes lo contrataron solo piensan en el circo. Y eso, con erario público, no es serio.

-Otra cosa: Pocos medios han hecho cubrimiento de Rock al Parque con la fidelidad que ha tenido Zonagirante.com con el festival. Lo hacemos desde que Zonagirante era una sección del extinto periódico bogotano Suburbia. Participamos de manera destacada en la defensa de la existencia del festival, cuando en la administración Peñalosa, en el año 98 pretendían acabarlo. Apoyamos con fuerza cuando el Concejo de la capital colombiana lo declaró patrimonio de la ciudad. Vamos todos los años esperando un gran espectáculo y hacemos una labor periodística que abarca de manera seria lo que sucede durante los tres días de conciertos. Eso no nos impide decir que nos disgusta mucho el enfoque que le da la alcaldía, en cabeza de Samuel Moreno, le da al festival. El festival es tomado como arma política y los intereses personales de la administración sobre el tema van en contravía con los intereses culturales de la escena rockera local. Una cosa es como nos gozamos la música de muchos de los participantes (y creannos cuando decimos que somos como niños cuando tenemos una gran banda ante nosotros). Otra cosa es la falta de seriedad de quienes tienen en sus manos la misión de cumplirle a la ciudad en materia cultural y por desidia no lo hacen.

 

 

Sábado 03 de Julio 2010 04:05 a.m.

Rock al parque es Colombia en el Mundial

Son las tres de la mañana del sábado 3 de julio de 2010. Vine a recoger mi escarapela, la programación y el librito que me servirán de guía durante este y los siguientes dos días que dure Rock al parque en su decimosexta edición, y lo único en lo que puedo pensar es en el partido que en seis horas disputarán las selecciones de Argentina y Alemania por los cuartos de final en el Mundial de fútbol.

Yo soy, lo escribí para esta misma página hace un año, un optimista obstinado en lo que respecta a este festival, pero es tan poca la expectativa que han generado en torno al mismo que pareciera que buscan pasar de agache. Es cierto que las circunstancias y las fechas que llenaron los fines de semana de estos últimos meses no han sido convenientes en absoluto, si contamos dos vueltas de elecciones, el día del padre y la mentada Copa Mundial en Sudáfrica, pero todo eso se sabía desde hacía un año, así que no hay excusa.

Por otro lado, la organización de este año es un experimento que tal vez no valía la pena hacer. La supresión de la figura del Director y su reemplazo por un comité de personajes vinculados a la escena del rock y el negocio musical en Bogotá y el resto del país no representa de ninguna manera una mejoría en el esquema; no una que podamos probar de antemano, al menos. Han sido suprimidos el tercer escenario y la rueda de negocios, para reemplazarlos con un muro de escalada y una cancha de fútbol-tenis; elementos completamente anodinos, que aportan al entretenimiento casi tan poco como al rock y que me dan ganas de visitar solamente durante los toques de The Mills y The Hall Effect, consciente de que voy a encontrar una fila digna de cualquier super CADE esperando a tomar parte en estos juegos insulsos, puestos ahí para ocupar un espacio que podría destinarse a tantas otras cosas, incluyendo una pantalla gigante en la cual se puedan ver los partidos de cuartos de final, o el documental “A lo 15 uno ya es grande”, que por alguna extraña razón es el número que precede a Andrés Calamaro.

El cartel también refleja cierto descuido en la concepción del festival. Yo recomiendo a ojo cerrado la banda neoyorquina A Place To Bury Strangers, pero eso se debe a que soy uno de los pocos que ha accedido a su música. Recomiendo también a la gente de Puya, pero resulta que tocan exactamente al tiempo que Asian Dub Foundation, el único imperdible de toda la programación. Me encantan Zoe, Def con dos, Hello Seahorse y Velandia y la tigra, pero siento que a la mayoría no les mueven un pelo. De resto será ver lo que hay esperando encontrar, si no buenas propuestas, al menos un buen surtido de cosas divertidas para rotar en Twitter. Con respecto a Calamaro, me cae mejor que Fito Páez, pero esa categoría incluye a tantos músicos, que puedo pensar en unos diez a los que preferiría ver ahí parados. Me declararé sorprendido solo si decide hacer un popurrí con las ciento cinco canciones de El Salmón, o si toca con Los Rodríguez.

Espero, sin embargo, que me dejen callado. Todo sea para lo mejor en este festival, que sigue siendo uno de los puntos más altos del año cultural en Bogotá y que seguirá convocando a decenas de miles de personas dispuestas a poguearse hasta un bambuco solo por participar de la gran fiesta del rock. Así que pónganse los tenis, escondan los cigarrillos, dejen las armas en casa y anímense a venir al Simón Bolívar, para que el abstencionismo sea siempre el gran perdedor de Rock al parque. Mucha suerte y que disfruten.

Santiago Rivas miamigorivas@gmail.com
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Viernes 02 de Julio 2010 11:45 p.m.

Dentro de las sorpresas del festival, está incluida la presencia de la agrupación norteamericana A place to bury strangers. Con un sonido similar a lo que sonaría en este momento Joy Division, si Ian Curtis estuviera vivo y tuviera un poco más de veinte años, sirve de agradable alternativa en el Escenario Lago el lunes 5 de julio a las 8:05 p.m., mientras, como algo insólito, en el Escenario Plaza, proyectan el documental de los quince años del festival, antes de la presentación de Andrés Calamaro. Quienes asistieron a la presentación de A place to bury strangers en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, salieron maravillados del espectáculo brindado. En palabras de nuestro amigo Nicolas Vallejo, editor de la revista Shock "Hacen falta palabras para describir el toque de A Place To Bury Strangers. Es entonces cuando entiendo por qué es necesaria la poesía". Bueno, para que se entusiasmen, los dejamos con este video.

 

Viernes 02 de Julio 2010 8:35 p.m.

Nos permitimos desde ya recomendar una banda. Ellos se llaman Sudakaya y vienen de Ámbato, Ecuador. De lo poco latino que han traido este año al festival. Se presentan el domingo 4 de julio en el Escenario Lago, a las 2:50 p.m. Demasiado temprano para nuestro gusto, pero por eso nos permitimos avisarles desde ya para que se asomen por el Parque Simón Bolívar y no dejen de ver el espectáculo que esta agrupación brinda. Lo suyo es sabor tropical, detalles tomados del hip hop y discurso contestatario. Para irles adelantando e irlos invitando a saborear lo que ellos nos traen, aquí les mostramos su último video. Para más información, visiten http://www.myspace.com/sudakaya7

 

 

Viernes 02 de Julio 2010 5:30 p.m.

Comencemos con los primeros datos que salen a relucir:

-El interesante experimento de la mesa de negocios que se implementó el año pasado en Rock al Parque, este año no se realizó por falta de presupuestos. Es extraño escuchar esa explicación, justo el año que se trae a Andrés Calamaro, el artista más costoso en la historia del festival. Y luego se ofenden cuando decimos que Rock al Parque en la mentalidad de la actual administración gubernamental bogotana es una función más del circo que quieren montar para distraer la mala imagen del Alcalde Mayor, alejándose cada vez más de las itnenciones de fomento del talento local.

-Surgen preguntas a partir de estos hechos: ¿ya no habrá más intercambios con festivales de otros países? ¿Eso no funcionó? ¿Que hará Rock al Parque para las plataformas de exportacón de talento bogotano?

-No hay una tercera tarima, para nuevas bandas bogotanas. Prefirieron poner muro de escalada y una cancha de fútbol tenis.

-Estas son las cifras oficiales expedidas por el festival:

*  24 Bandas Distritales ganadoras de convocatoria
    * 10 Bandas Locales
    * 6 Bandas Nacionales invitadas
    * 15 Bandas Internacionales provenientes de Estados Unidos, Inglaterra, Suiza, España, México, Puerto Rico, Ecuador, Uruguay y Argentina.
    * 800 personas en la organización y el montaje
    * 541 operadores de logística
    * 21 coordinadores de logística
    * 150 guías cívicos de Misión Bogotá como informativos
    * 7 puestos de salud
    * 80 socorristas
    * 7 médicos
    * 4 ambulancias
    * 4000 efectivos de la Policía Nacional por día
    * 60 guías de movilidad
    * 2 máquinas de bomberos
    * 180 Kwtts de sonido en el escenario principal
    * 80 Kwtts de sonido en el escenario lago
    * Un escenario principal de 24 X 20 mts y 18 mts de altura
    * El escenario lago de 18 X 18 mts y 14 mts de altura
    * 100 cabezas móviles de luces
    * 120 unidades par 64 en luces
    * 6 consolas digitales y 4 consolas análogas
    * 2 relevos de sonido en el escenario principal
    * 1 relevo en el escenario lago
    * 3 pantallas de leds en el escenario principal
    * 1 pantalla de led en el escenario lago

-Otra pregunta: ¿Nadie se dio cuenta que en la misma fecha se realizaba el Tercer Congreso Iberoamericano de Cultura, en Medellín, con todo el apoyo del Minsiterio de Cultura? Mientras Rock al Parque cierra las posibilidades de mesas de negocios, en Medelín está una buena cantidad de los personajes importantes del negocio musical del continente. El Festival gratuito más grande del continente, hecho con erario público falla estrepitosamente en ese tipo de detalles. (Eso si, buscando siempre una noticia positiva, en Rock al Parque, al menos nos salvamos que el presidente Uribe diera discurso de inauguración).

 

 

Jueves 01 de Julio 2010 7:00 a.m.

¿Qué podemos esperar del festival más grande?

Rock al parque vuelve y juega. En su décima sexta edición, Rock al Parque viene cargado desde ya con muchas críticas. En la mente de muchos rockeros aficionados al festival existe el pensamiento que Rock al Parque está hecho con "mañas", con componendas, con privilegios inadecuados. En Bogotá, en términos coloquiales se le llama "Rosca", como si todo desde el principio ya hubiera sido decidido y solo condujera a privilegiar a unas cuantas bandas. Es un festival que esté quien esté al frente siempre enfrentará de parte de algunas opiniones irresponsables un halo de sospecha que en la mayoría de los casos no tiene justificación. Muchas de las incoherencias que se escuchan por ahí, nacen de unos mitos instalados en cierto imaginario popular que piensa que a ciertas tribus urbanas les pertenece el festival, hordas de ignorantes alimentados con un concepto equivocado de "la pureza del rock", creyendo quizas que el rock se lo inventaron en un igloo al norte de Noruega unos personajes con únicas raíces vikingas, y que no ha sido a lo largo de la historia un maravilloso proceso de mestizaje de todo lo que se ha podido mezclar culturalmente logrando un maravilloso y variado alimento sonoro. Todavía algunos se atreven, cada año que se abren las convocatorias para que las nuevas bandas participen en el festival, a decir que tal o cual propuesta no es "rock", estigmatizando al diferente con un fascismo mental que asusta. Pero, bueno, porfiados de este estilo hay en todas partes.

Saltándome esas discusiones que no van a ninguna parte, yo más bien dirijo, como persona que ha asistido a casi todas las ediciones del festival, mis críticas a la suma de los resultados que como instutción Rock al Parque puede reclamar. Aún siendo seguidor profundo del festival, por momentos dudo que, de la manera que se ejecuta este proyecto, realmente beneficie a todas las partes involucradas. Yo dudo que después de 16 años de vida de este evento todas las expectativas creadas tanto para los grupos locales, las bandas invitadas, el público y hasta la misma Alcaldía Mayor de Bogotá, organizadora del evento, hayan recogido los frutos esperados.

Sé que los organizadores han salido a defenderse y no reciben con mucho agrado esos comentarios, pero ellos no se dan cuenta que es consecuencia de su propio invento: es claro que la Alcaldía Mayor de Bogotá se ha concentrado en que, a medida que ha ido pasando el tiempo, Rock al Parque sea un concierto de tres días con estrellas rutilantes, donde el público ve de relleno la participación de la mayoría de las bandas locales y sólo le interesa el nombre de los invitados internacionales. A la Alcaldía pareciera sólo interesarle la masa, la foto final, el titular efímero de la portada de los periódicos del día siguiente. Una filosofía totalmente contraria a la que se originó el evento, donde la idea era que el festival fuera una plataforma de fomento al talento local, teniendo como cereza del pastel la participación de uno que otro representante extranjero, que venía más que por su popularidad, por la actualidad de su sonido y la posibilidad de marcar tendencias entre nuestros músicos.

La institución encargada de organizar el festival, la Orquesta ilarmónica de Bogotá, este año decidió no tener un coordinador exclusivo que cumpliera, como en cualquier otro festival del mundo, una labor de curaduria y de dirección creativa que le diera un rumbo confiable a la producción. Quienes están a la cabeza de Rock al Parque este año cumplen labores administrativas y delegaron el trabajo de concepto en una "junta directiva" conformada por algunos periodistas, unos músicos y otros profesionales de la escena, que no dejaron nunca de defender sus intereses y a su vez no dejaban de cometer las fallas propias de quien no está involucrado de todo el proceso. La enseñanza del proceso tal como se planteó este año demuestra que a lo máximo que se puede aspirar diluyendo la responsabilidad conceptual entre varias personas es que nadie termine de hacerse responsable y que no haya la innovación necesaria para que el festival crezca.

El problema del festival, a mi modo de ver, es que se limita a discutir cuál debe ser el cartel de artistas que participan en cada edición. Y como se piensa de este modo, se observa obsoleta la necesidad de un director. La actual administración gubernamental bogotana ve a Rock al Parque como un simple concierto de carácter masivo y por ello minimiza el potencial de desarrollo cultural y artístico del evento. Sólo cumple con llevarlo a cabo durante los 3 días de cada año y su misión culmina en el momento en que la última banda internacional toca en la noche del lunes festivo. Rock al Parque falla en el momento que sus labores no se extienden durante todo el año, perdiéndose la oportunidad de convertirse en una organización impulsora de una potencial industria cultural a la economía cultural de Bogotá, de Colombia y de América Latina. Sus costos, enfocados de la manera en que se planifican, no toman el necesario carácter de inversión para impulsar la labor sistemática de desarrollo musical de la ciudad. A los organizadores parece sólo interesarle las luces y bullicios que se generan en 3 días de intensa acción. Igual pasa con las demas partes implicadas. El público que asiste a Rock al Parque va sólo en busca de entretenimiento de fin de semana, y en ningún momento se logra, por la fragilidad del esquema, integrar a estas personas de manera estable en la escena rockera de la ciudad. El festival no crea afición y simplemente es la oportunidad para muchos de obtener 72 horas de esparcimiento musical que dificilmente serán recordadas unas semanas después. Pocos salen a conseguir la música de las bandas que vieron y es ahí donde las bandas locales no reciben los resultados esperados ya que en el fondo, se dan cuenta que hicieron parte de un gran circo donde tuvieron un poco más de 30 minutos de supuesta gloria y luego mucho tiempo para el olvido. Eso, permitanme lo digo de esta manera, se convierte en un fracaso muy costoso de la política cultural de la ciudad que organiza Rock al Parque.

Insisto en un punto: yo defiendo fervientemente la existencia de Rock al Parque. Es patrimonio de la ciudad donde vivo. Creo que, al contrario de lo que dicen muchos críticos, debe seguir siendo gratuito (es un evento pagado con el erario público y el espíritu es que todos los ciudadanos de esta ciudad y los visitantes lo disfruten sin pagar un peso). Pero precisamente porque Rock al Parque depende exclusivamente del presupuesto público bogotano, es que creo que es tiempo para sacudirse del limitado y frustrante esquema que lo encierra y que, si es necesario reconstruirlo pensando en el beneficio real de una escena, lo tenemos que hacer ya, por encima de intereses políticos mezquinos, donde se piensa más cómo sacudir la mala imagen que tiene el alcalde de turno y no los resultados económicos, educativos y sociales que se pueden generar. Rock al Parque debe servir y no simplemente entretener. Rock al Parque debe ser un hecho de crecimiento cultural y no un simple momento Kodak para un alcalde en problemas.

 

Por José Gandour (zonagirante@yahoo.com)

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