Música Latina
 

 

Un balance de Rock al Parque

Hacer un balance del festival Rock al Parque 2012 sin caer en el apasionamiento extremo es una labor ardua. Ya ustedes nos han leído y han observado los debates en los que hemos participado y saben nuestra posición. Pero decir simplemente “esto fue un desastre” o “deberían ya rodar unas cuantas cabezas” sería un tanto irresponsable, al menos a la hora de  comenzar el articulo. Veremos si llegamos a esa conclusión después. Pero antes, dividamos todo el tema en distintos puntos:

1: El discurso de la diversidad.

Ustedes conocen Zonagirante.com. Decir que nosotros somos un medio estrictamente “rockero” sería una falacia. Aquí en nuestra página cabe desde la nueva cumbia hasta (en pocos casos, pero lo hay) el metal. Desde 1999 nos comprometimos con el sonido contemporáneo latinoamericano y eso significa desde entonces aceptar nuestro mestizaje en todas las variedades existentes. Nunca lo hemos dicho, pero, si quieren usar el término, podemos decir que somos “diversos”.  Nunca estuvimos del lado de aquellos que creían que hablar de rock era solo hablar de metal y sonidos cercanos. Y aunque algunos de esos radicales nos han felicitado por nuestras cartas, debemos aclarar que ello no nos ha hecho cambiar de posición.
El problema del hecho de hablar de diversidad en Rock al Parque ahora es el siguiente: Se dice como parte de una política electoral y no de unas intenciones de hallar esa riqueza en lo musical. Y se dice de la manera más desmedida y menos estudiada. Ignora la realidad de la historia del festival (sus actuales organizadores creen sinceramente que todo lo hecho antes de su entrada a estas labores fue parte de un proyecto beta, que por obra y gracia del espíritu santo ellos vinieron a rescatar) y por ello en la publicidad se cae en la trampa  de mandar un mensaje similar a “ahora si traemos diferentes géneros”. Hace quince años, por citar un ejemplo, se presentaron en la misma tarima Animal, Control Machete y El Bloque de Búsqueda (metal, hip hop y fusión) y nadie dijo nada. Todo fue paz y armonía. No había necesidad de ir por ahí diciendo “uy, miren cuan tolerantes somos entre nosotros”. Otro ejemplo: en 2005 vino Miranda, la banda más pop que pudo aparecer en ese momento en el festival y no hubo quejas por ello. Eso si era diversidad. Y asi podemos citar muchos ejemplos.
Trasladar los lemas de campaña de Gustavo Petro, actual alcalde de la ciudad, a las esferas de Rock al Parque trajo varias señales equívocas. La primera es que, a través de la “diversidad”, los responsables de la programación artística intentaron mandar un mensaje “evangelizador” en el cual se le decía a la gente que comenzaba a protestar por el cartel, que era hora de abrirse a nuevas tendencias, una especie de “renuévate o desaparece”.
Además, a nombre de la diversidad, intentaron hacer trampas sobre las normas de la convocatoria que ellos mismos deben sostener, por aquello que una institución pública debe dar igualdad de oportunidades en la competencia. Invitaron a una banda llamada The Castles, que por ser niños y haber grabado supuestamente 3 discos (que nadie conoce) iban a la programación del festival sin siquiera consultar al comité asesor. Cuándo el comité se enteró del escándalo que arreció, pidió la exclusión de esta banda infantil. La coordinación artistica del festival, entonces, en uno de sus comunicados dijo  que The Castles había renunciado a presentarse por múltiples amenazas. El desarrollo de todo este tema fue vergonzoso, más al buscar calificar a los opositores de tan turbia medida de responsables de dicha violencia.
Hablar forzozamente y tan torpemente de diversidad en Rock al Parque da pie a actos maniqueos de politiquería, despierta resentimientos innecesarios y da pie a jugadas irregulares como la narrada anteriormente. Para mi (y asumo la responsabilidad por lo que digo) es bienvenido presentar a Systema Solar en Rock al Parque, pero su presentación se empaña, sin que de ello debamos culpar al artista, en este enrarecido ambiente creado desde la misma administración del festival.

2: Las votaciones online o cuando mamá advierte que debemos leer las instrucciones antes de hacer uso de la licuadora.

El problema de la modernidad es que a veces pensamos que todo lo nuevo es mejor que lo viejo. No importa si algunas cosas funcionan bien, siempre vemos la necesidad de cambiar porque viene con una lucecita más, un poco más de velocidad, un color que no conocíamos, etcétera. A alguien con ese afán de constante renovación se le ocurrió un día que las convocatorias distritales para presentarse a Rock al Parque no bastaban, y a la manera de emisora juvenil, puso a la gente a votar en línea por unos cuantos grupos que no habían pasado por el conducto regular para completar los cupos correspondientes a la representación bogotana y nacional. A nombre de la “cultura digital”, se olvidaron de la naturaleza demasiado humana de algunos seres, que descubrieron la forma de burlar el sistema e incrementar el voto por sus favoritos. Olvidaron que ahí afuera si hay verdaderos expertos en la cultura digital y por ello el desarrollo irregular de esas votaciones. ¿Cuál fue la solución que tomaron al darse cuenta del inconveniente? Decir que todo había sido un ejercicio, e hicieron pagar a justos por pecadores, haciendo un oso que, si no hubiera sido hecho en una entidad pública, sólo produciría risa. Si alguien en una empresa privada hace todo este proceso, con el costo económico y de imagen que significa, y tiene estos resultados, es inmediatamente despedido. Aquí, a pesar de haber utilizado recursos del Estado, no ha pasado nada.

3: Primera perla entre paréntesis:
(¿Sabía usted que la agrupación colombiana, residente en la ciudad tejana de Austin, Headcrusher, fue invitada al festival, asegurándosele un contrato de $2500 dólares y que faltando pocos días para el evento, la organización les dijo que no les podía pagar porque la plata se les había acabado? Bajo esas circunstancias y teniendo ya todo arreglado para el viaje, Headcrusher, “por añoranza a la patria” y con todo el disgusto del caso, sólo recibió los pasajes, el alojamiento y la comida de esos días).

4. Preguntas importantes antes de continuar:

-¿Conoce usted un festival en el mundo donde la responsable del armado del cartel artístico tenga prohibido dar declaraciones a los medios?
-¿Conoce usted un festival en el mundo donde la responsable del armado del cartel artístico, antes de ser nombrada en el cargo, no hubiera tenido relación alguna con la escena del género musical del festival?
-¿Conoce usted una organización en el planeta que organice muchos festivales de distintas índoles y estilos, que van desde el Rock hasta la Ópera, pasando por el hip hop, la salsa y el jazz, y que tenga a la misma persona a cargo de todos estos eventos?

5. El balance artístico.

Los que menos tienen que pagar por toda esta maraña de errores, torpezas y actos de mala fe, son los artistas, vengan de donde vengan y suenen como suenen. Ellos no pueden ser marcados por esta hecatombe.
Hay algo claro: el cartel (y la discusión que se generó en esta ocasión) hizo que muchos ciudadanos desistieran de ir al parque. Pero, insisto, a fuerza de ponerme cansón con esta frase: los artistas no tienen ninguna responsabilidad en este aspecto.
Yo fui al festival a ver bandas, a dejarme sorprender, a confirmar el estado de algunas propuestas y también a esquivar algunos conciertos que desde el principio no me atraían (bueno, eso hizo todo el mundo, ¿no?).
En este festival salí convencido que el punk también puede ser la voz del pueblo, la expresión marginal más pop (ojo, la palabra “pop” la respeto mucho). Salí feliz de ver a casi 10mil personas cantando todo el repertorio de la banda bogotana Chite, y desentoné con toda fuerza pero todo el cariño  “Miña terra galega”, la emocionante versión que Siniestro Total ha hecho desde hace muchos años de Sweet Home Alabama. Me gustó ver a Carlos Reyes y su Killer band por fín cantando en castellano y hablando de temas cercanos a nuestros días, sin dejar su esencia blues y rockanrollera. Colectro me confirmó que con su sabor costeño del rock es una de las bandas a tener en cuenta en el nuevo panorama colombiano. En géneros más pesados, Cambio de Frente, el primer día, me sorprendió.  Por otro lado vi bandas distritales (que es mejor no citar con nombre propio) que están enredadas en dirigirse a un público de aspiración “indie” que nunca los va a seguir por más que intenten estar a la moda del momento. No pasa nada por ese lado.
¿El nivel general del cartel? Desde el principio se mostró deslucido y más pensado para sostener un intento por lucir “independientes” y “experimentales”. Dicho de manera decente: hubo ediciones mejores, la gran mayoría de las más recientes.

6. Segunda perla entre paréntesis:
(¿Alguien tiene claro cuánto costó este año el festival? Si observan el debate realizado via streaming en Zonagirante.com, se hablo de cifras que iban entre 800 millones de pesos ($445.000 dólares) y $1400 millones de pesos ($775 mil dolares). Luego escuchamos, en versión de uno de los miembros del cómite asesor del festival, que un alto directivo aseguraba que la cifra estaba más cerca de los dos millones de dólares. En todo caso, lo mínimo que uno piensa ante esta circunstancia, es que hay gente en Idartes que no tiene claro ese presupuesto y que transmite una sensación que no es sana para el ambiente que rodea a Rock al parque).

7. La asistencia y otras inconsistencias.

Siempre se habló de superar los trescientas mil asistentes en las tres jornadas de Rock al Parque. En esta ocasión los números reales no llegan a las ciento ochenta mil personas. Las fotos de los asistentes (si, otros que se integraron a la cultura digital sin permiso de Idartes) demuestran lo que muchos medios no quieren decir: El parque no tenía el esplendor de otros años. Pero, aún asi, alguien de la organización decide decirnos en la cara, y sin que le tiembre el gesto, que entraron 250 mil personas al parque. En términos de asistencia, el festival no cumplió las expectativas planteadas. Algunos podrían calificar en ese sentido a la décimo octava edición de Rock al parque como de fracaso, más cuando el festival, en manos de los actuales organizadores, está planteado como un circo para convocar masas antes que como un programa real de fomento para el crecimiento de la escena local. Pero al parque no dejó de ir la gente sólo por el cartel. Muchos habituales de esta actividad no fueronporque creyeron que si asistían seguirían favoreciendo este descontrol. El discurso transmitido desde la organización y la soberbia contenida en el mismo hizo que más de uno simplemente se quedara en su casa viendo de vez en cuando Canal Capital o esperando los comentarios y videos de sus amigos en el facebook.
Otra vez utilizo el recurso de la pregunta: Este tipo de declaraciones evidentemente mentirosas, dichas desde cualquier ente público, ¿no deberían tener un castigo de algún tipo? Es decir, estas no son mentiras blancas, no es la ingenuidad o la candidez hablando: es un intento descarado de engaño, que a cualquier persona suspicaz podría poner a pensar que, si nos mienten en este tema, ¿nos habrán dicho la verdad en todos los demás?.

8. Ahora si, la conclusión….

Siempre que se entra en este tipo de debates, hay quien de manera amable nos invita a proponer soluciones, que no nos quedemos en la queja y en la acusación. En algún minuto de esta ardua conversación, nuestra observación de los problemas contenidos en la organización de Rock al Parque conducía a integrarnos en esa busqueda de nuevas alternativas dentro del actual esquema. La verdad es dificil seguir por ese camino. Es claro que las cosas tienen que cambiar. Y es claro que los actuales responsables directos de este festival no están en la capacidad ni el ánimo de que esto suceda. Ellos mismos se niegan a aceptar que las cosas cayeron en un abismo inmanejable y que su respuesta a todo es exagerando su altivez y mirando a los críticos sobre sus hombros. Ni la coordinadora artística del festival ni el productor general dan la talla para las labores que tienen encomendadas. Al interior de la Alcaldía de Bogotá, y más particularmente del Instituto de Artes de la Ciudad, ente encargado del festival, muchos ya saben eso y lo hicieron notar en sus discusiones internas. Rock al parque está perdido y es claro que hay que reinventarselo, y para ello hay que renovar el personal y escuchar nuevas ideas, integrar a la escena musical al proceso de manera seria y escuchar sus distintas voces para recuperar una ruta que logre en pocos años ese puesto de punta que tenía el festival en América Latina. Una vez salga esa gente, podemos entrar a discutir las cosas como son.

 

José Gandour (@gandour)

info@zonagirante.com

(Foto Luis Villa)

 

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