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Por José Gandour @gandour

2018 ha sido un buen año para la música independiente latinoamericana. Han sido doce meses de deleite para aquellos que han tenido tiempo para escarbar en los archivos digitales y descubrir que, detrás de las exageradas campañas que han tenido artistas muy populares pero realmente con poco contenido de calidad, se encontraban cientos de buenas producciones que han rescatado, con limitadísimos presupuestos, el buen valor de los sonidos contemporáneos del continente.

Eso sí, la forma de operar de las cada vez más omnipresentes plataformas digitales ha establecido la sensación de que lo que vale es el lanzamiento del sencillo, del single, de una sola canción que intenta imperar por unos días en el oído del aficionado para luego ser desplazado por el siguiente ejemplar, presentado unas jornadas más tarde, sin necesidad de estar creando una línea coherente entre ellos. El própósito es estar en una constante relación con la memoria del oyente a punta de balazos que pueden (o no) llegar a impactar de manera suficiente como para establecer ese vínculo que mantiene la popularidad. Pero eso, igual, no combate la belleza del concepto original del álbum, del compilado de grabaciones bajo una sola portada, grabadas quizás durante un mismo período y consiguiendo ser reflejo de una idea coherente entre sus elementos. Algunos expertos aseguran que los tiempos de las extensas producciones al estilo de clásicos como Exile on Main Street de The Rolling Stones, London Calling de The Clash, Dynamo de Soda Stéreo o Re de Café Tacvba, pronto serán simples recuerdos y que la competencia  será a punta de éxitos demasiado individuales que en el caso de cada artista sólo veremos siendo presentados de manera conjunta en los conciertos.

Mientras eso sucede, y ojalá sea más tarde que temprano, nos hemos puesto en Zonagirante.com en la labor de seleccionar los discos que más nos han llamado la atención durante 2018, un trabajo que nunca es fácil ante la abrumadora cantidad de material que nos deja cada año el continente. En esta ocasión hemos escogido 8 piezas que fueron presentadas desde México, Chile, Argentina, Perú y Colombia, con contenidos relacionados con el pop, la electrónica y el rock. Una de ellas, desde que fue publicada, la hemos considerado una obra maestra, una pieza incuestionable digna de ser recordada por mucho tiempo entre los seguidores de la mejor música de América Latina. A su lado, reseñamos, para completar nuestra selección, siete bellas joyas que descollan de forma brillante, confirmando nuestras sospechas sobre el avance que han tenido las artes sonoras este año de este lado del mundo. Comencemos entonces a enumerar y a justificar nuestra decisión frente a nuestros lectores.

Las siete joyas son las siguientes:

No soy un Robot NS1R:

8 canciones grabadas en bloque por un proyecto que se mantuvo en el oscuro secreto hasta su estreno en un festival de alta importancia a las afueras de Bogotá a comienzos de este año. Esta banda, conformada por integrantes de reconocidas agrupaciones como Superlitio, Revólver Plateado, M. Periné y Seis Peatones, ha logrado recuperar de manera natural la ácidez del rock de los años setenta y sumarle, como elemento propio, condimentos de sonoridad local, sin caer en lo folclórico. Quizás su timidez promocional no le permite ser una pieza más reconocida, pero si tiene veinticinco minutos de su vida para llenar sus ganas de enfrentar texturas intensas de distorsión guitarrera de fina construcción, este es el álbum al que debe acudir.

 

Los Siberianos Algo tuyo

Si nombráramos las veinte, treinta, cincuenta ciudades más rockeras del continente, estoy seguro que muy pocos incluirían en la lista a Santa Rosa, provincia argentina de La Pampa. Bueno, de ahí viene una de las más agradables sorpresas de este año. Esta banda llena de clásicas referencias rockeras bien traídas a nuestros tiempos, y de letras irónicas e inteligentes, presenta un álbum de 10 canciones de tranquilo pero emocionado transcurrir, cada una con la capacidad de impactar en cualquier radio del hemisferio con buen gusto en su programación. Sonido impecable y divertido resultado, para escuchar en repetidas ocasiones.

 

Quiero ClubOportunidad de Oro

Este es un disco construido a medida que este trío mexicano ha ido sumando, desde el año pasado, canciones que han calado fuertemente entre el público adicto al buen pop electrónico del momento. Cada tema que compone este álbum tiene la capacidad de ser un éxito instantáneo en los charts del género, pero, a diferencia de lo que cualquiera puede sospechar, cada tonada contenida en este compilado ha sido construida con elegante intención, con inusitadas tramas sonoras que se esfuerzan por marcar la diferencia entre la genialidad y lo simplemente convincente. Desde Monterrey, pero establecidos en la capital, vuelve Quiero Club a estar entre nuestras preferencias por su labor equilibrada entre el esfuerzo de gustar a las masas y su esfuerzo por permanecer en la evocación de los tiempos venideros.

 

Blue Velvet In event of Moon disaster

Gentil y oscuro ruido propuesto seguramente para ser tocado para públicos selectos que buscan la constante renovación de sus catálogos resonantes. Desde Lima llega el trabajo de esta pareja de cultores del sythwave, que, inspirados en los sonidos más alternativos de la década de los ochenta, han elaborado un álbum con contenido sensible, que recomendamos escuchen inicialmente a solas, a través de la intimidad de sus audífonos. Así seguro tendrán la oportunidad de identificarse más personalmente con las sonoridades planteadas y con los pormenores de la delicada producción. Si les gusta, les proponemos, ahí si, compartirlos de manera pública, a alto volumen, para que sus allegados puedan contagiarse de esta exquisita producción.

 

TaniMew

Hecho en la privacidad del hogar, como las galletas caseras que tanto nos gustan. Un disco de apenas 22 minutos que contiene toda la simpatía y la calidez suficientes para sanarnos de un mal día. Dicho de esta manera puede parecer que estamos frente a un trabajo cursi, pero, la verdad es que de vez en cuando necesitamos que una chica milleniar de voz tierna nos cante, acompañada de su piano y pocos elementos instrumentales adicionales, sobre lo que es para ella el amor en tiempos de la nociva inmediatez y las sensaciones que se asumen como palomitas de maiz. En fin, debemos darle tiempo a las imprevistas demostraciones de sensibilidad en coyunturas tan ásperas como las que vivimos.

Theremyn 4 Lost Moments

José Gallo, distinguido músico peruano que ha transitado desde hace varios años entre los olores y sabores de la maquinas sonoras, ha vuelto, a su manera, a reinventar el new wave. Su proyecto, Theremyn 4, ha encontrado la manera de reubicarse en las intenciones sonoras de la década de los ochenta y ha logrado darle una nueva presencia acorde a la exigencia del público contemporáneo. Este es un álbum que no fue elaborado para conquistar a las masas, pero que, a medida que ha sido escuchado en los medios especializados, ha podido ser apreciado por los expertos cronistas como una retumbante alhaja hecha con la suficiente madurez como para superar etiquetas temporales obtenidas por productos de moda y afincarse como un disco que seguramente trascenderá, si recibe la suficiente atención de los aficionados, en los anales de la música electrónica del continente. 

 

1280 almasMarteko Euriak

Una legendaria banda debe, al paso de los días de su carrera, reafirmar el material del cual está hecho. Para conseguir dicho objetivo, esta agrupación bogotana tuvo que viajar a Euskadi a volver a encontrar su esencia y grabar con el cuidado necesario sus nuevas canciones y con ellas volver al ruedo, estableciendo que todavía hay suficiente vida en ellos y que, por el momento, están lejos de jubilarse o, peor aún, vivir simplemente de sus clásicos registrados muchos años atrás. Lo suyo es punk crudo que no abandona la sensibilidad y las buenas letras de siempre, que les permite, con holgura, proponer himnos para las nuevas generaciones.

 

Y bueno, ¿cuál es la obra maestra de la que tanto hablamos al principio de la nota? Es, por supuesto:

RubioPez

Lo repetimos hasta el cansancio: Fran Straube es (y debe ser) la candidata perfecta a ser el ícono musical de esta época de la música moderna latinoamericana. No creemos ser exagerados cuando decimos que esta chilena tiene suficientes razones artísticas para ser reconocida como uno de los grandes tesoros de la independencia sonora de nuestro continente. Lo suyo es avanzado y a la vez entra sin dudas en la categoria de producto pop, en la medida que tiene todas las probabilidades de poder llegar a los oídos de la mayoría y fascinar. Si nos obligan a definir este álbum con palabras concretas, con adjetivos contundentes, debemos decir que Pez es, en su máxima expresión, un disco precioso, elegante, revolucionario. Es extasis para nuestros oídos. Puede parecer desmesurado, pero este trabajo lo calificamos de obra maestra porque ostenta la suficiente brillantez creativa para poder calificarlo no sólo como el mejor disco del año en este lado del mundo sino, más allá, quizás uno de los más destacados en el orbe en 2018.

 


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