La historia es así: En el verano boreal de 2018, la artista argentina Juana Molina ha sido programada en el prestigioso festival de Roskilde, uno de los más importantes de Europa. Al llegar a Dinamarca, se encuentra con que la aerolínea que la transportado con su banda ha perdido sus instrumentos. Lo único que se salva de ese inoportuno suceso es su guitarra. Ella, al contrario de lo que hubiera decidido la mayoría de los músicos en esas circunstancias, decide asumir el riesgo de presentar su concierto con lo que hay en el escenario, un teclado y una batería. Eso da le da la oportunidad de, en la misma tarima, rehacer en vivo sus temas, dándoles un matiz más agreste, más crudo. El público acepta el experimento y exclama su aprobación. Todo esto le permite un interesante giro que comienza a implementar en sus siguientes presentaciones. Un año y pico después, Juana Molina presenta su nuevo Ep Forfun, un compilado de cuatro canciones de su repertorio reversionadas y con una etiqueta sorprendente: todas llevan como apellido la palabra punk. 

Pocas artistas, y más de su nivel y su popularidad, se la juegan de ese modo, pero es que de eso se ha tratado la carrera de Juana Molina. Desde el comienzo ella combatió el cliché. Después de una exitosa experiencia como actriz de telecomedias, decidió romper con todo y grabó en 1996 su álbum Rara, teniendo como productor a Gustavo Santaolalla. Soportó las críticas de la prensa (nosotros los periodistas somos unos genios, ¿lo sabían?) y, poco a poco, se volvió el referente vanguardista de la música argentina en todo el mundo. Se salió de su exquisita zona de confort, en la cual hubiera podido quedarse, viviendo de una gloria que seguramente se hubiera tornado aburrida pero segura, y jugó a reimarginarse, capítulo tras capítulo, y lo ha hecho cada vez que ha tenido la oportunidad. En esta ocasión, escuchar su nueva versión de Paraguaya es trasladarse a una sensación aceleradisima de la composición original, con un aire que nos recuerda a B-52´s y otras bandas anglosajonas del momento, con aroma alegre que pone a bailar a cualquier desprevenido. Aquí Molina vuelve a tocar Un día, un tema hecho inicialmente a manera de laboratorio electro folclórico, y lo convierte en una rabiosa experiencia de garage rock, llena de detalles vocales altisonantes que mantienen constantemente alerta al espectador.

En fin, Forfun son 12 minutos de algarabia y delicioso bullicio dignos de una mujer genial que no tiene miedo a jugar con todo lo que ha establecido en sus pasos anteriores y que se atreve a cambiar su sonido y su imagen para romper moldes y fascinar a su audiencia. Eso no sólo se llama valentía, también se llama diversión.

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