La emocionante profundidad de Rubio

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Por José Gandour @gandour

Fran Straube es cruel con su audiencia. Ella, con su proyecto Rubio, va soltando poco a poco sus canciones, un par a la vez, para dejar a todos los oyentes entusiasmados, queriendo más. Y así los abandona por meses, hasta que les da su nueva ración y vuelve a enganchar, como adictos a una droga sonora que cautiva y te somete por largo tiempo. Lo hemos dicho antes: Ella, Fran, es una de las artistas más interesantes del continente y no sólo porque hace grandes canciones que nos desbordan en su fascinante entorno: Es que además su obra marca el camino. Ella, como pocos, es la vanguardia, sin desperdiciar la oportunidad de seducir a todo aquel que la escucha.

Rubio presenta un ep llamado simplemente I, continuando con la reciente costumbre de usar una letra (antes fue R, luego U, y después B), con dos temas, Hacia el fondo y Árboles. La primera canción es una deliciosa expresión de profundo sonido que invita rápidamente a la danza. Pero, igual, la grabación no es un material hecho exclusivamente para la pista de baile. Es necesario escuchar la particular voz de Straube, a la que hay que prestar atención en sus variaciones, en su sobresaltos, en la transmisión de emociones a lo largo de la emisión. Luego, en Árboles, el movimiento se ralentiza, aqui las notas intentan abrazarnos, darnos una íntima calidez que se agradece desde el comienzo. Aquí es donde la voz se vuelve aún más protagonista, subiendo a tonos que agitan el corazón a niveles voluptuosos. Todo siempre rodeado de un peso que abriga al espectador.

Volvamos a hablar de adicción. Ya tenemos una buena suma de canciones hechas por Straube para escuchar de forma repetida, hechas para reverenciar largamente. Con I, tenemos nuestra nueva dosis atrapante. Aquí, como dijimos antes, hemos sido enganchados a una emocionante sumisión en la búsqueda de la avanzada musical.

 


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