Magaly Fields o la sencilla felicidad distorsionada

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Por Jose Gandour @gandour

Foto Esteban Zavala.

Por momentos no pedimos más en la vida. Por instantes solo queremos escuchar una agrupación de esquema sencillo, que destile su fina rabia con sólo encender el amplificador, oprima el preciso pedal de distorsión, cante con el desenfado suficiente y sacuda el garage pegándole a los tarros con la fuerza suficiente para hacer temblar el piso. En la vida tenemos de vez en cuando momentos en los que sólo pedimos que la banda nos haga pensar que el rock´n´roll es eso, el ruido mágico de un dúo, solamente guitarra, voces y batería, que devore casi sin esfuerzo todo el aburrimiento del mundo, con canciones sólidas que parezcan haber sido construidas en segundos de inspiración. A eso suena Dreaminder, el segundo álbum de los chilenos Magaly Fields, proyecto conformado por Tomás Stewart (voz y guitarra) y Diego Cifuentes (voz y batería), quienes han publicado este nuevo trabajo bajo el clásica compa{ia independiente santiaguina Algorecords en conjunto con el sello brasileño Forever Vacations.

Igual, hay que advertir: Decir que Dreaminder tiene sonido crudo es dejar creer que el resultado de esta grabación es pura y descarnada furia y lo que en realidad encontramos es una suma canciones emocionantes que conforman un delicioso viaje por altisonantes montañas sonoras. Aquí el valor de las melodías de temas como Chasing Ufo´s o Fever, entre otras, contrasta perfectamente con la exquisita exasperación de Skull Tunnel o Killer Shade. Cuando hablamos de efectiva sencillez, citamos canciones como Nice Touch o Purple eyes, donde la obra es certera casi como el disparo del mejor francotirador. Sin la complicación que asumen la mayoría de las producciones del momento, este disco aniquila al oyente y lo envuelve  de inmediato en el más placentero de los ambientes, como si fuera una brisa veraniega que nació en los mejores días de la década de los setenta en California y rejuveneció al sur del continente hace apenas unos días.

Dreaminder es un buen viaje de 42 minutos que nos ayuda a recuperar la confianza en el rock and roll, sin edulcorantes ni preservantes. Por ello, Magaly Fields ocupa de manera justa desde este momento un buen puesto entre nuestras preferencias artísticas de este año.

 

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