Milmarías: Retomando el camino tropical

Por José Gandour @gandour

Hay una pregunta que constantemente se hace en el medio musical colombiano: ¿Qué viene después del boom de la fusión electro caribeña que ha triunfado por todo el mundo? ¿Qué viene después de Bomba Estéreo, Systema Solar y otras propuestas que inundan las pistas de baile más aventajadas, y de las irregulares copias que intentar seguir el camino y que no la logran? Ya el oyente quiere escuchar algo diferente, un nuevo sabor, quizás no tan untado de nuevas máquinas y experimentaciones corporativas. Quizás algo que uno escuche y sienta la urbe, algo más sucio, quizás un tanto alejado de la costa y que más bien contenga más olor de fonda de barrio bajo, más sonido guitarrero, más Noel Petro, más feria popular, más garra social. Bueno, quizás sea hora de escuchar a Milmarías y su nuevo disco Araucaima.

Lo hecho por los hermanos Kike y Erick Bejarano junto al brillante baterista y percusionista Gregorio Merchán es llamativo. Siempre han tenido ánimo de componer canciones que parecen ser elaboradas a la vereda de la carretera vacacional, temas que aspiran a sonar en las fiestas de pueblo, pero sin perder el ánimo de experimentación, de buscar mezclar lo que otros consideran irreconciliable,  logrando mixturas asombrosas. Pero lo logrado en Araucaima es lograr, aparentemente,  el punto deseado.  Ellos mágicamente han conseguido juntar los sonidos de discoteca logrando un sentido propio. Se acercan a la champeta, al dembow y al mismísimo reggeton y lo han juntado, con espíritu punk (aunque se ofendan los radicales con esta afirmación) con  momentos tropicales tradicionales. Han abusado de los samplers y otros elementos tecnológicos para distorsionar obviedades y darles un nuevo color más auténtico a sus texturas sonicas. Es psicodelia de cantina, más cerca de lo cotidiano, más lejos de las pretenciones vagas de los presumidos fantoches de siempre.

Araucaima tiene canciones inteligentes, arriesgadas, que logran, sin embargo, ser tremendamente divertidas.  Este disco se escucha sin ninguna prevención y está hecho para bailar en cualquier circunstancia, pero si se oye varias veces, la audiencia podrá detectar detalles inesperados. Es un disco hecho para perdurar, aunque algunos felizmente insistirán en ponerlo repetidas veces en las próximas fiestas navideñas.

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