Por José Gandour @gandour Fotos An hueso

Hace unos años, quizás en tiempos menos estrepitosos que los que vivimos ahora, se hablaba en la industria musical que el tercer álbum de una agrupación, si es que llegaba a ese momento de realización, era su punto de consolidación. Ya la banda había pasado de ser una novedad, una sorpresa para el mercado y había superado la presión de permanencia a la que se somete el artista en su segunda placa. Un tercer disco significaba que se había llegado a ese instante de seriedad que confirmaba que su propuesta no era flor de verano, que podían venir las grandes giras y los inmensos compromisos profesionales y que podía haber plena confianza en que todo se iba a llevar a cabo. En fin, eran otros tiempos, no muy lejanos, pero definitivamente muy distintos a los de ahora. Pero todo lo dicho se puede aplicar a la agrupación bogotana Oh’laville. Presentan su nueva producción, Soles negros, y confirman, a punta de canciones, que tienen aún mucho que decir y mucho que darle a sus aficionados.

 

Soles negros es un álbum que se ha ido presentando a pedacitos desde el año pasado, con temas exitosos en la radio y en las plataformas digitales que han ido ratificando la solidez sonora del cuarteto, esa especie de sensible aliento empoderado de musculo guitarrero que en momentos precisos acude a la alta y rabiosa distorsión. Sus seguidores ya conocían desde hace unos meses canciones como Primitivos, Magia Negra y En el mar (tema hecho en compañía de Juan Pablo Vega) y con ello se convalidaba una línea ya conocida en la agrupación, un estilo de composición que se conversaba y que iba adquiriendo madurez en su desarrollo, pero, hay que decirlo, no ofrecía mayor novedad en el quehacer.

La verdadera fascinación y el asombro viene realmente con las grabaciones que completan el disco, las novedades que no habían salido aún a la luz y que realmente encandilan. Los dos últimos ùltimos temas del àlbum, Fiel al fuego y Alas al sol, son los que marcan la diferencia. Aquí es donde està  la experimentaciòn, la necesidad de ofrecer el paso siguiente, el pròximo desconcierto. Aquí notamos un uso màs valiente de las reverberaciones, una tranquilidad inquietante en la voz y la confirmaciòn del paso del tiempo a favor del artista. En estas dos canciones, sin despreciar para nada la buena labor del resto del disco, es donde está la magia de la producción, la esperanza que es ahí donde comienza un nuevo camino para Oh’laville.

Soles negros es un buen álbum que confirma a la banda como una de las mejores propuestas del muchas veces inestable rock colombiano. Es un trabajo que, en días de excesiva velocidad y donde muchos mùsicos caen en la hoguera después de su primera y ùnica oportunidad de rozar el triunfo, este cuarteto se instala en el podio de la permanencia y confirma su intención de larga vida a punta de buenas tonadas. En fín, he aquí una buena labor que esperemos continúe por muchos años.

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