Por José Gandour @gandour

Este tipo no tiene pelos en la lengua, se pone fino cuando interpreta su tema Canguro:

«No para de toser, trabajando doce horas
Cobra dos monedas al mes, pa’ mantener cuatro personas
Y no hables de meritocracia, me da gracia, no me jodas
Que sin oportunidades esa mierda no funciona»

La tiene clara, su voz se alza sobre la de los demás, es el puto amo.  Lo registraron bajo el nombre de Valentín Oliva, pero millones lo conocen como Wos. En un país, Argentina, donde el hip hop era un movimiento cuasi marginal hasta hace pocos años, ahora él, como varios artistas de su generación, están marcando la pauta, y registran decenas de millones de reproducciones en las plataformas digitales. Más que un figurín de moda con éxitos esporádicos, rápidamente Wos se está ubicando como un ícono de una generación que la parió de mala manera en los últimos años en su país, que habla de frente contra el actual gobierno, y, sin embargo, pone a moverse a cualquiera, porque se nota que entendió claramente que protestar no significa quedarse quieto ni perder la oportunidad de bailar. 

Acaba de esrenar su primer álbum llamado Caravana. 19 minutos, siete canciones. Y, aunque usted sospeche que no ahí hay suficiente, en apenas un tercio de hora, le da vueltas a todo. En un momento, cuando revienta Fresco en el estéreo , Wos acude al funk y descarga todo el sabor necesario para agitar a las masas. Al otro rato enciende el piso y reduce a cenizas las formas que se sugerían hasta este momento para mezclar rock y rap, y mientras suena Luz Delito, él dice, con todas las letras,

«Qué tal, dijo el hombre rutinario
Mirala a la muchacha cómo besa su rosario
Pide al cielo y suspira con su rezo diario
Pero se ve que Dios no escucha a los de su barrio

Y qué tal, salí a fumar a tu vereda
Tenés cara de asco porque la verdad te altera
Tenés un perro feo, unos ojos de madera
Y el alma igual al maniquí que mira en la vidriera»

Y luego, en una parte de Melón Vino, de su repertorio la canción más «suave» (no me atrevo a llamarla balada, no quiero que me regañen los expertos) se describe asi mismo sin miedo a mostrar sus debilidades, sin elevarse a un innecesario estrellato:

«Siempre vuelvo con mi sombra
Te invito a que la conozcas
Me revuelco con mi sombra
Te pido que no la rompas

Tengo estudio y un colchón
Tengo amigos un montón
Tengo vino y un melón
Ready para el vacilón, ey»

Si, apenas 21 años, esa es la edad que tiene Valentín (si, Wos, lo sé), pero se nota que ha pasado por cientos de batallas de freestyle, batallas de gallos en toda América Latina. Pero, a su vez, se preocupó por tener una propuesta musical que fuera sólida en su parte instrumental, que no se confiara únicamente en los argumentos digitales, y que, además, tuviera la capacidad de convocar a los aficionados de la vieja escuela del hip hop, y aquellos que vienen de otros palos. Eso si, no se confundan, Caravana es un disco hecho para romperle la cara a los incrédulos, a los porfiados, a los que se quedaron en los sonidos y palabras de antes. Wos es un innegable genio que se afianza en el planeta musical con un álbum que quedará en la memoria colectiva durante mucho tiempo. Su voz debe ser oída en cualquier parte de este maldito y bello mundo.

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