Los viajes de extrema belleza de Quarto Negro

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quartoPor José Gandour @gandour

La discusión puede ser eterna. La pregunta sería si América Latina (en su parte hispánica) no se siente atraída hacia la música contemporánea brasileña o si, al contrario, Brasil no le interesa expandirse por nuestros países. Es muy poco, poquísimo lo que recibimos del buen rock de ese país por estos lados. Y no hablemos de lo que ellos conocen de lo que sucede en nuestros escenarios.

Alguna vez, en el marco de una feria musical, un especialista brasileño me decía que los músicos de su país lamentaban trabajar a espaldas del resto del continente, pero que cubrir un territorio de doscientos millones de habitantes, constantemente ávido de nuevo material artístico, no era fácil y requería muy buena parte del año. Y que, aparte, por el desarrollo del nuevo sonido que había logrado ser tan atractivo para la audiencia europea, su oportunidad de cruzar fronteras se enfocaba en los diversos festivales al otro lado del océano.

Sin embargo, los promotores del nuevo rock de Brasil quieren darnos muestras de lo que sucede en sus ciudades, sabiendo que guardan un tesoro artístico listo para que los interesados en propuestas de vanguardia puedan escuchar. Además, los sellos independientes brasileños acumulan  en su catálogo muestras excepcionales de bandas dispuestas a devorarse el mundo. Entre las bandas adscritas a Balaclava Records está un dúo digno de ser atendido inmediatamente: Quarto Negro.

Thiago Klein y Eduardo Praça, responsables de esta agrupación, han producido en los últimos 4 años dos álbumes, Desconocidos, grabado en Barcelona y Amor Violento, hecho en Portland, Oregon. La música de Quarto Negro puede ser descrita como una especie de blues rock sensible que construye capas seductoras a su alrededor, con momentos de crecimiento emocional elaborados para sacudir al oyente y hacerlo salir de una comodidad tóxica que no le conviene. Quarto Negro es una banda que ha sabido alimentarse de todos los ruidos modernos que la invaden, pero a partir de ahí, han logrado viajes sonoros de extraordinaria belleza, sin desconectarse de la rudeza rockera que desde su comienzo les pertenece.

Tres días antes de su más reciente presentación en el Primavera Sound, Quarto Negro ha decidido lanzar un ep de dos canciones llamado Obsessivo. El primer tema, que da título al compilado, es de corto e intenso vuelo, y durante poco más de tres minutos, sabe acudir a las sustancias más densas y nos atrapa en una selva de capas sonoras que nos quitan el aliento hasta que se genera un final abrupto, inesperado. Luego, a continuación, viene una travesía de más de ocho minutos que, bajo el nombre de Benedito 682, nos toma de la mano y nos presenta un paisaje extenso que va añadiendo mantos y recubrimientos estrepitosos que van aumentando en nuestra presencia con especial elegancia y cuando menos nos damos cuenta, estamos en un pequeño y vibrante planeta que nos acoge  sin que notemos el paso del tiempo frente a nosotros. En fin, una bella expedición dirigida por dos cosmonautas maestros de la resonancia.

Buenos ejemplos como Quarto Negro piden su atención hacia el rock brasileño de hoy. Es hora de atender su llamada.

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