Posguerra, un dramático y bello disco de Palmer

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Palmer

Por José Gandour @gandour

A ciertos solistas se les nota su soledad y su terquedad. Pueden estar rodeados de muchos instrumentistas que complementan su obra, pero se nota que en medio de la complejidad del sonido, se destaca su fuero íntimo y su necesidad de decir las cosas a su modo. El artista argentino conocido como Palmer es uno de estos personajes.

Palmer, quien elabora su discografía individual desde 2009, presenta Posguerra, un álbum cercano al blues, al country y al folk, pero al cual se le siente que sus historias son de hombre solitario en medio de la gran ciudad. Melodías desgarradoras que cobran dramatismo con el uso inteligente de los teclados y las guitarras slide de Norman Mac Loughlin, su productor. Palmer pinta un territorio ubicado de manera imaginaria entre Memphis y Buenos Aires, pero cuyo paisaje sólo le pertenece a él, sólo caben en su mente y en su voz. He ahí el poder de este disco.

Algún prevenido, de los que nunca faltan, al notar la presencia de ukeleles y nostalgias extrañas dirá que estamos frente a la quintaesencia del hipster, pero lo de Palmer no es gratuito ni se somete a la moda alternativa. Su trabajo se siente honesto y es digno de ser celebrado.

Lo mejor: La tierna rudeza de El extranjero, composición que por momentos nos recuerda los viejos discos de Beck.

 

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