Set Latino: Fernando Bautista (La Malasangre)

Por Fernando Bautista @lamalasangreco

Nota del editor: La Malasangre es una de las agrupaciones bogotanas más activas del momento. Por ello invitamos a Fernando, su fundador, a hablar de su música favorita, y en particular de sus 10 canciones preferidas del ámbito latino. Su respuesta trae un listado variado y divertido. Aquí va su set latino:

1 – Cafe Tacvba Trópico de Cáncer (México)

Como músico, el disco definitivo para mí fue el Re de Cafe Tacvba. A mis 10 años, fue el primer disco físico que compré y me enseñó desde el amor por la música nuestra hasta el gusto por la estridencia del metal y el rock pesado (El Borrego es el Ministry latino). Todo lo ecléctico, crítico y vanguardista converge en una ambiciosa obra de arte latinoamericano que, de la mano del increíble Gustavo Santaolalla, logró calar en mí de manera integral y vitalicia.

Entre las 20 increíbles canciones de este disco escogí Trópico de Cáncer, no sólo por ser una de las menos conocidas del disco, sino por lograr en unas cuantas líneas llevar el mensaje claro de la necesidad de comunión entre el planeta y nosotros como especie. Hoy por hoy, no sé si sentir admiración desde el punto de vista artístico o tristeza por la actualidad en la que se sigue contextualizando el tema que aborda: Han pasado ya más de 20 años y la letra de esta canción tiene más vigencia que nunca.

2 – SumoLa Rubia Tarada (Argentina)

Yo sólo lo entendí cuando tuve la oportunidad de recorrer toda la Argentina y conocer in situ su cultura. Desde Divididos hasta Catupecu Machu, desde Los Cadillacs hasta Los Espíritus, desde Illya Kuryaki a Eruca Sativa: Toda la gloriosa música que han dado los artistas argentinos de las últimas 3 décadas está impregnada por ese inefable sonido logrado por Luca Prodán, Ricardo Mollo y esa constelación llamada Sumo

Entre tantas canciones, no me decidía entre Banderitas y Globitos, Mejor No Hablar de Ciertas Cosas, Mañana en el Abasto o tantos otros himnos emblemáticos que aportaron a la música argentina. Me voy con La Rubia Tarada, no sólo porque me encanta la descripción puntual, mordaz y crítica de esa sociedad porteña superficial y plástica, sino por la frase concluyente contenida en su letra que puede concretar todo lo que estoy escribiendo: “¡Esta si que es ARGENTINA!“.

3 – Cómo Asesinar a FelipesEl Recurso Popular Válido (Chile)

Cuando conocí la música de esta banda en Santiago, me la presentaron como “un ensamble de jazz que experimenta con música electrónica y en la que canta un MC brutal”. Cuántas cosas se quedan por fuera de esa descripción de la música que hacen: la vanguardia musical que propone C.A.F es lo que para mí los hace la banda más interesante del momento en toda Latinoamérica. 

Ya con otro disco y trabajando de la mano del genio de Billy Gould (Faith No More) la banda tiene más proyección que nunca. Sin embargo, el punto que alcanzaron en Comenzará de Nuevo siempre va a ser muy especial para mí porque fue el disco con el que los conocí. Y esta canción, con su arreglo musical orgásmico, en particular encierra un mensaje demasiado valioso para mí como el insurrecto e insubordinado en contra de todas las instituciones militares que soy: “Voy, con miedo pero de frente… voy, con rabia e insolente… soy el que reclama por respeto… soy un partidario del recurso popular más válido: Desde hoy no aceptaremos más abusos.“.

4 – Silva y Villalba Las Acacias (Colombia)

Sé que a esta generación millennial le suena ajena y lejana todo este tipo de música, pero no hay canción que logre plasmar el dolor y la tristeza de la realidad y el conflicto social colombiano como Las AcaciasDesde el desplazamiento forzoso hasta el voluntario, la historia colombiana está fundamentada en el desarraigo del sitio en el que se nació y se creció en busca de una mejor vida y ese anhelo eterno por volver a ese lugar así sea sólo para morir. Partiendo desde el poema de un español, Jorge Molina Cano, logró convertir ese sentimiento en música.

Junto a esta, otras canciones de folclore colombiana como Pueblito Viejo, El Camino de la Vida, Al Sur y tantas más logran narran muy bien ese sentimiento que yo, personalmente, ví tácitamente en mis abuelos y en mis padres. Además, sin demeritar al folclore caribe, pacífico o llanero, como guitarrista siempre me van a calar mucho más esos arreglos que casi hacen llorar a las guitarras contenidos en bambucos, guabinas, pasillos y toda la música andina colombiana.

5 – Ruben Blades Lo Pasado No Perdona (Panamá)

De todos los músicos latinoamericanos, siempre he pensado que Ruben Blades es el más brillante y subvalorado de todos: Desde la composición de su música, su inmensa labor como letrista, su ambición por la multidisciplina y su manera de abstraer y extrapolar la experiencia de vida del latinoamericano y dejarla plasmada en su música, haciéndola eterna para nuestra generación y todas las venideras del continente. Es un gigante que no se ha valorado en vida como es debido.

Lo Pasado No Perdona es, entre tantísimos temas increíbles de su autoría, mi tema favorito de toda su larga y prolífica carrera. Desde que lo conocí, su significado en mi vida es absoluta, su letra no sólo cala hasta los huesos sino es todo un ejemplo a seguir para mí a la hora de escribir canciones y, honestamente, pienso que tiene uno de los mejores arreglos musicales de toda la historia de la música universal: sólo su solo de piano y esos vientos que lloran como pocos pagan toda la canción. 

6 – Tom ZéTropicalia Lixo Lógico (Brasil)

Tom Zé es un genio, poeta y músico como pocos de los artistas nacidos en Latinoamérica. Tuve la fortuna de conocer su música en Salvador de Bahía justamente para la época en la que fue lanzado este disco, y de inmediato me capturó lo vanguardista de su música desde el punto de vista latinoamericano.

Siempre me va a parecer lamentable que la industria musical latinoamericana aún mantenga una barrera idiomática entre el español y el portugués cuando, en mi punto de vista, partiendo del paradigma de la educación del continente, el bilingüismo luso/hispanoparlante debería ser obligatorio. Sin profundizar en las consecuencias nefastas que conllevan mantener dicha barrera y los posibles alcances sociales y culturales que traería el hecho de romperla, creo que los hispanoparlantes nos perdemos de muchísima música increíble proveniente del Brasil sólo por este hecho.

7 – Los Petit Fellas Suspense (Colombia)

En la actualidad, el mayor reto que tenemos quienes hacemos música consiste en aún hacer buenas canciones con contenido que sean relevantes en una industria que nos impulsa y hasta premia lo contrario: le da visibilidad a lo trivial. A veces es medio desesperanzador. Y sin embargo, acá en la casa, hace casi un año, creado y producido por hermanos de causa, en Suspense encontré un claro ejemplo de que si se puede encontrar un balance y que si hay camino para quienes queremos trascender con nuestra música y nuestras letras.

Teniendo en cuenta que aún lo estoy terminando de digerir, en algún momento espero profundizar en toda la magnitud de lo que representa el disco que contiene a esta canción. Como siempre evitando la irrelevante y estúpida envidia normal entre los actores de nuestra escena musical y sin necesidad de ser subjetivo, adulador o arrodillado para reconocer la grandeza de los hermanos, por ahora puedo concluir lo siguiente: Todos los músicos independientes de Colombia estamos muy bien representados por Los Petit Fellas y sus I.D.E.A.S o Formas para Perderse; es arte llamado a trascender en el tiempo y a representar nuestra época en el futuro de nuestra música y su importancia en la historia cultural de Latinoamérica.

8 – Violeta Parra ¿Qué Dirá El Santo Padre? (Chile)

Siempre me ha parecido increíble que la música de Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui, Chavela Vargas u otros exponentes del folclore de nuestro continente tenga el filo que le falta al rock, el metal y en general a la música latinoamericana actual. Considerada en su época como blasfema y sacrílega, toda su música responde a las verdades aún vigentes del sentimiento latinoamericano que busca mantenerse en armonía con la tierra y su gente mientras enfrentaba las dificultades y las imposiciones sociales de su época. ¿Si hoy no estamos mejor, por qué nuestra música no habla de esa manera?

Iba a poner Preguntitas Sobre Dios de Atahualpa, pero al final me decidí por Violeta: desde su relevancia en la carrera de leyendas como Mercedes Sosa hasta escuchar a artistas contemporáneos como Natalia Lafourcade o Mike Patton con Mondo Cane rendirle tributo con ¿Qué He Sacado Con Quererte?, Violeta Parra es para mí la mayor exponente de la música latinoamericana y creo que debe ser recordada para siempre como tal.

9 – Los Fabulosos Cadillacs –  Los Condenaditos (Argentina)

En mi época universitaria conocí mucha música gracias a muchos compañeros de clase que tenían diversos gustos. Así, aprendí a escuchar el metal más pesado y la música más tropical a la vez. Aprendí de música electrónica y de hip hop a la vez. Aprendí de folclore latino y de rock anglo. Aprendí de folclore extranjero y de rock latinoamericano. Y de toda esa época, una de las bandas que más me caló fue Los Fabulosos Cadillacs, con aquellas obras maestras llamadas Fabulosos Calavera y, en especial, La Marcha del Golazo Solitario.

Amo en particular este tema por ser la oscuridad latinoamericana hecha canción: todo el arreglo musical de la murga más oscura de la historia es una joya, el bajo de Flavio en punto, la guitarra en slide pintando un paisaje añejo, el canto nostálgico e hipnótico de Vicentico, la gloriosa percusión que en algún patrón de samba/candombe/noséquésea marca el ritmo de un funeral que en pleno carnaval va bailando hacia la muerte. ¡Sencillamente increíble!

10 – Grupo NicheSin Sentimiento (Colombia)

Entre rancheras, “música de planchar” y salsa se formó el sonido de mi infancia y mi adolescencia. Particularmente, la salsa fue la banda sonora de ver a mis padres con la edad que yo tengo ahora, entre sus angustias, esfuerzos y conflictos, criarme para ser un buen ser humano. De ver crecer a mi hermana y a mis primos como pioneros de experiencias que después viví en carne propia. De dar ese paso hacia la independencia, de aprender a crecer, a amar y a perder entre ilusiones y desengaños y de darle marcha a la persecución de todas mis ambiciones y metas. 

Yo no sé si lo mismo le pasa a todos mis compatriotas contemporáneos, pero para mí toda la música del Grupo Niche sirve como máquina del tiempo, evocando con una nostalgia muy bonita diferentes épocas de mi vida habiendo nacido en Colombia. Escogí esta canción no sólo por su inmensa calidad musical, por tener una letra como pocas hechas en nuestro país o porque aún en 2017 la sigo escuchando y vuelvo a cantarla y a bailarla con las mismas ganas de siempre: La escogí porque siempre me hace preguntarme si en 20 o 30 años, cuando la gente escuche una de mis canciones, sentirá lo mismo que yo siento cuando escucho Sin Sentimiento. Es el perfecto ejemplo para explicar mi verdadera ambición como músico.

 

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