
Hay Mujeres que Rejuvenecen a Sus Hombres: Por Qué The Velvet Underground es Mi Álbum de Amor Favorito.
Por semanas he estado escuchando The Velvet Underground, el tercer álbum de la banda del mismo nombre, algo que no había hecho por años. A pesar de ser mi álbum favorito de la banda por la melodía gentil o por sus bellas letras, he podido darme cuenta que varios de los elementos que lo hacen tan importante para mí son también tan agrestes que su escucha ha sido similar a una agonía para mí. Pero, no se podría esperar menos: un álbum que contiene las mejores canciones de amor de la historia del Rock and Roll en lo mínimo disloca el corazón y nos deja libres para encontrar una ilusión nueva, como Lou Reed lo enuncia en ''I'm Set Free.´´ Eso es exactamente el tipo de cosas que las buenas canciones de amor hacen con nosotros. Eso es exactamente lo que The Velvet Underground hace conmigo.
Una noche de octubre del 2004 decidí esconderlo. Prometí no tocarlo repetidamente como antes. Pero antes de eso, no me había dado cuenta de lo emocionalmente desgastante que era para mí oírlo. La primera vez que lo escuché, a mis 12 años, me fascinó que sus temas más experimentales como ''The Murder Mystery´´ y ''What Goes On´´ eran bastante fáciles de escuchar. Quizás fue mi inhabilidad para describir las sensaciones que me producía el álbum lo que me llevó a dejar de oírlo por años. Sin embargo, percibí un patrón de escucha desde ese momento que siempre marcó mi proceso con el disco: lo escuchaba tantas veces al día que mi mejor amigo de la época lo tuvo que esconder. Aunque lo oí intensa pero esporádicamente por años, en marzo de 2004 lo volví a adoptar como mi banda sonora de cada momento. Su sonido amable creaba en mí la necesidad de oír música que me diera paz en un momento crítico de mi vida. Aunque la música me dio la fuerza necesaria para dejar el pasado y empezar algo nuevo, descubrí que el disco -- el cual dejé de nuevo al percibir que, como el personaje de ''Candy Says,´´ la canción que abre el disco y trata sobre el travesti newyorkino Candy Darling, generaba en mi una repulsión a aquellos pensamientos que generan interminables revisiones de actos y cosas en mi mente.
Y así permaneció por años: en la gaveta. Su escucha traía momentos de increíble melancolía así como de desgaste emocional. Una y otra vez, cada canción entraba por mis oídos, bajaba hasta mis tripas, las cortaba en pedacitos, me purgaba. Paradójicamente, los musicólogos de The Velvet Underground aseguran que el álbum es el más gentil de la banda. Las diez canciones asumen un rol confesional, y carecen del sonido estridente y avante-garde de los dos primeros trabajos de la banda. Cuando The Velvet Underground fue lanzado en marzo de 1969, la banda estaba lista a asumir una carrera más alineada con lo comercial. El sonido del álbum refleja eso exactamente, la esperanza que un sonido libre de drones y canciones con letras menos polémicas haría justicia a la banda y su calidad interpretativa. De cualquier manera, el álbum fue un fracaso comercial en su momento. Uno o dos años después, The Velvet Underground no existía más como banda. Victor Bockris, quien ha escrito libros sobre Lou Reed y la banda, comentó alguna vez que The Velvet Underground fue el primer experimento sónico de Reed que le permitió por la primera vez conceptualizar un trabajo discográfico como un todo. Si ese es el legado de este álbum es tan importante como el hecho que genere sensaciones tan confusas en quien lo escucha.
La oportunidad de volver a oír el álbum surgió en enero de este año. Es preciso decir que la gente ha sido hostil a mi gusto por este trabajo. En una reciente encuesta en el Facebook, lo escogí como uno de mis cinco álbumes favoritos. Algún amigo lo atacó fuertemente, creo que sin razón. Alguien que lo recibió como regalo lo catalogó como ”depresivo”. Digo que la oportunidad de oírlo de nuevo surge, a pesar del rechazo generalizado, porque para mí más que antes comunica una serie de situaciones íntimas, lugares y percepciones en una manera que sólo el amor hace conmigo. Si, en enero volví a sentir amor. Y ahí estaba The Velvet Underground para amargar ese momento.
Veo este álbum como una carta de amor. Es honesto hasta la prodigalidad. Lou Reed confiesa que está feliz a veces, y a veces está triste, pero que la figura de su musa lo deja loco. En su insidiosa confesión, pensamos si el amor será siempre igual de doloroso, confuso o ambivalente. Nos preguntamos, de nuevo, si el amor crea en nuestras mentes pensamientos que generan interminables escrutinios.
Las cartas de amor siempre tienen un destino. Las canciones de amor también. La novia de universidad de Reed, Shelley Albin, fue aparentemente la mayor influencia que el cantautor tuvo para desarrollar este trabajo. Shelley era una mujer casada, algo que perturbaba y entusiasmaba a Lou a seguir trabajando. En ''Pale Blue Eyes”, quizás la canción más celebrada de este trabajo, Reed confiesa ver a Shelley como ''lo más grande que tuve y no pude retener”, o en ''I'm Set Free”, donde Reed se entrega humildemente al amor, al no explicarse que le ha pasado -- sólo sabe que está listo para buscar una ilusión nueva.
Sheeley Albin, la musa de un artista confundido, es la responsable por inspirar la gran mayoría de los sentimientos que afloran en ese álbum. Las mujeres que inspiran canciones de amor rejuvenecen a sus artistas. Las mujeres que hacen a sus hombres oír canciones de amor los rejuvenecen. Ellas hacen que los corazones de estos se hagan más grandes, que latan más fuerte.
En un momento en que intento olvidar años de decepciones amorosas, una nueva vida y nuevas oportunidades están pareciendo para mí. Aunque estas no sean el producto del amor directamente, el hecho de volver a escuchar un álbum que me recuerda el amor y lo potencializa, que al escucharlo me genera tantas sensaciones encontradas, me hace pensar que la dulzura del álbum hace que el dolor de otrora decante y que la suerte de estar libre para encontrar una nueva ilusión sea más grande que cualquier cosa.
Escrito por Guillermo Parra-Bernal
parrabernal@gmail.com
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