El delicado viaje de Maifersoni

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maifersoni

Por José Gandour @gandour

Cada vez que abordamos la música de algunos de los nuevos artistas alternativos chilenos, nos invade una sensación similar en cada ocasión. Al escuchar sus canciones, notamos que el resultado sonoro (y luego el visual) tiene un elemento de intimidad muy fuerte. Es como si cada tema fuera construido para aliviar penas propias antes de ser compartidas. Casi que se podría intuir que los temas no esperan, en principio, ser exhibidos de manera masiva, que podrían quedarse entre cuatro paredes y el artista no sentirse decepcionado por ello. Alguien, ya sean los amigos, el curioso manager que conoció al músico o la arriesgada empresa discográfica, es quien saca la obra para el conocimiento público, pero aún afuera, esa obra todavía contiene ese sensible aire de querer pertenecer a pocos, a uno. Eso nos pasa cuando escuchamos Maifersoni. La presentación de su video Invocación nos confirma ese sentimiento extraño .

Este clip, hecho en paisajes boscosos de Chile y Argentina, acelera la percepción de interioridad, explotando en detalles sonoros y visuales. El sonido ambiente entra a hacer parte del conjunto en los momentos precisos, la marcación de textos ayuda a la especificidad de instantes determinados y la paleta de colores prevalece a lo largo de la edición para darnos la idea de que los oyentes/espectadores tenemos el privilegio de adentrarnos en una historia que no fue hecha para nosotros, pero que igual, podemos disfrutar.

Maifersoni hace lo suyo, quizás, sin importar que nosotros estemos detrás de él en silencio, poniendo atención a su trabajo. Cuenta detalles de su universo y nosotros lo escuchamos, pero da la sensación que él cree que está cantando solo y que nadie está pisoteando su espacio. Podríamos decir que estamos frente a un genio o un testarudo que no se ha dado cuenta que su arte ha trascendido.

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