Vote por mi
 

Mucho ha sucedido desde la ultima vez que escribi para este espacio. Particularmente en Colombia, en donde de un tiempo para aca vemos a cuanto artista concursando y solicitando votos para todo tipo de situaciones: que si para abrirle a tal artista internacional, que si para ganarse un premio, que si para  participar en el festival estatal, etc.

Uno podria pensar rápidamente que este sistema es un "renovador" proceso democratico y transparente, particularmente en una sociedad donde "todos estamos untados", como dice la canción. Pero ni lo uno, ni lo otro. 

Por un lado, es una falacia el igualar popularidad con calidad. No hay tal. Basura popular se ve por todos lados todos los dias. Un comercial, una novela, un jabon, pueden ser muy populares. Ello no significa que sean arte, ni siquiera que tengan calidad. Sencillamente cada uno es el producto acertado para un segmento de mercado, en el momento exacto.

La evaluación y crítica artística no puede reducirse exclusivamente a términos de popularidad. Si así fuera, quedarían descartadas muchas expresiones artisticas, empezando por el mismo rock, el cual frente al reggaetton, vallenato, tropi-pop o cualquier ritmo tropical de moda siempre ha tenido la batalla perdida en nuestro país.  Si del voto popular dependiera, no tendrían cabida el jazz, la musica clásica y otros tantos géneros artisticamente valiosos e indispensables en la paleta musical.

Si bien es cierto que la popularidad es muchas veces un indicador de talento, es tan sólo una de tantas variables que deben tomarse en cuenta a la hora de analizar una propuesta artística. Pero lo peor es que votar por internet no necesariamente implica verdadera popularidad: ¿cuántos de estos votos asisten a su concierto, o compran su musica? Es la fórmula bajo la cual se manufacturan y se inflan tigres de papel.

Ello en cuanto a la democracia.

En cuanto a la transparencia se refiere, un artista no es por lo general un político, ni un mercadotecnista. Lo suyo es crear arte. En muchos casos no tiene idea de cómo venderlo. Ello pone el tema de los voticos en las manos del artista con más enchufe en prensa y amigos influyentes, convirtiendo todo el asunto en un enredado cruce clientelista-nepotista que haría sonrojar a los miembros del Senado colombiano. Mejor dicho, ya no solo payola para sonar en radio, sino para recoger votos y subirse a una tarima.

La mayoria de artistas por supuesto no tienen la culpa de todo esto. Mas bien son victimas del sistema que algunos promotores, medios, y mas de un lagarto musical se han encargado de promover. En un principio puede que a muchos no les cueste tanto poner a votar a sus amigos y familiares, pero les aseguro que en el largo plazo esto lo paga caro el arte. Un arte que no es juzgado, escogido y filtrado por un público conocedor y exigente, sino mas bien por el astuto "político musical" de turno con intereses muy particulares. Vamos a terminar todos recogiendo votos y pagando para tocar en el bar de la esquina (si es que no lo hacemos ya), en vez de preocuparnos por hacer buena música.

Y tanto que cantamos contra los males de la politica, nos convendria no mirar la paja en el ojo ajeno, sino la viga en el propio.

Escrito por Alfonso Pinzón snakend@hotmail.com

 

 

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