Por José Gandour @gandour Fotos @emilianopalaciosph

Todos, a lo largo y ancho del continente, hemos tenido que vivir durante los últimos doce meses largos períodos de cuarentena obligatoria en nuestras casas. Todos hemos maldecido la pandemia una cantidad inmedible de veces y, además, seguro que muchos somos coleccionistas de datos inservibles como, por ejemplo, cuánto miden exactamente nuestras habitaciones, cuántos decibeles emiten las bisagras de nuestras puertas al cerrar, o las variaciones precisas del color del techo en toda su extensión. A todos nos hartaron con palabras procedentes de la demagogia empresarial como “reinvención” y “emprendimiento”, para convencernos de darle imagen de altura a nuestras desgracias. ¿Y los músicos? Bueno, la mayoría de ustedes ya lo saben: Casi todos crearon, con mayor o menor suerte, nueva música desde su intimidad, usando los recursos tecnológicos que han tenido a mano y compartiendo vía zoom, meet o whatsapp con sus colegas sus ideas, de manera virtual, y no presencial. De ese catálogo de obras hogareñas, una de las últimas en ser publicadas y, hay que decirlo, de las más interesantes a las que hemos tenido acceso, es el último EP del artista argentino Ramiro Abrevaya. Este músico nacido en Capital Federal, conocido en la escena musical como compositor y productor de una discografía variada, donde incluye un álbum de poesía sonorizada con el poeta Nico Castro, y un número importante de participaciones en bandas sonoras para cine, teatro y tv, ha publicado esta semana Encuarentenado, un compilado de seis cortes, donde versiona de forma muy particular a Los Redondos, Charly García, Manu Chao, Jorge Drexler, Tango Feroz y la trova rosarina. Encuarentenado es un disco sencillo y emocionante, que sirve de sana terapia en tiempos arduos, porque, al fin y al cabo, el tedio, la ansiedad y la desesperanza de la época se combate con inspiración y belleza.

Hemos tenido la oportunidad de encontrar a Abrevaya y conversar con él, para tener más detalles sobre su trabajo:

¿Sufriste mucho durante la cuarentena?
Depende con quien me compare porque hubo gente que realmente sufrió pérdida de trabajo, de casa, de familiares que murieron sin velorios, etc. Yo sufrí bastante por el encierro, particularmente por el encierro en familia. Tengo dos hijas, una de 6 y otra bebé que atravesó su primer año de vida en cuarentena, y estoy casado. Somos 4 en casa y jamás habíamos tenido una convivencia tan intensa y estrecha, 24hs. En ese sentido fue muy duro perder mis espacios. A nivel laboral no me vi tan afectado ya que mis ingresos no son mayoritariamente por mis shows, que es donde más pegó en el mundo de la música. Diría que lo sufrí, pero no fue una herida de muerte.

Y, en medio de ello, ¿cómo fue hacer música?
El encierro exacerbó mi nivel de productividad. Generé muchísimo material en muy poco tiempo, sin el peso de tener que hacer registros con una gran calidad técnica. Esto le pasó a muchísim@s colegas, e hizo que nos entrecrucemos en grabaciones, invitándonos unos a otros a grabar y mostrar esos contenidos. Fue muy grato en ese sentido la cuarentena, una especie de productividad sin riendas, en un entorno en el que la gente acudió al arte para sobrellevar la cuarentena.

Además tenías público cautivo, en el más amplio sentido de la palabra…
Jajaja, exactamente. La verdad que la cuarentena generó un caldo de conexión muy interesante, muy. Mucha sensibilidad tanto en el oyente como en el artista, y esa ecuación es ideal.

¿Qué te hizo producir, entre todo lo realizado en este tiempo, un disco de covers?
Es muy llamativo el tema covers, porque nunca había editado uno antes, más allá de una versión muy particular de I Still haven’t found what i’m looking for de u2, con un coro de 50 personas, que edité en 2018. A comienzos de 2020 nace un movimiento que se llama Twibuto, conducido por un gran amigo, Fernando Cárdenas, que ya venía haciendo disco homenajes, uno de ellos a U2, en el que justamente se incluyó mi versión anteriormente mencionada. Fernando y Seba Rubin fueron lo que originaron este grupo de músicos que nos conocimos muchos en el grupo de whatsapp que se armó. La premisa era simple: Semanalmente ellos tiraban premisas como ser “Canciones de los 90”, o “canciones con un color en su título”, y así. Entonces cada cual elegía uno, lo producía en casa (tanto audio como video) y luego se armaba una playlist de youtube con las versiones de tod@s. Esto fue algo muy lindo porque no solo significó un ritmo de producción tremendo (una canción con su video por semana) sino que además generó una comunidad de artistas que, en un marco de encierro, compartía lo más amado con sus colegas. En cinco semanas grabé las 5 de las 6 canciones que hoy forman parte de Encuarentenado, el Ep que acabo de lanzar. El sexto track es Para salvar la primavera, un clásico de la trova rosarina, que produje a pedido de mi amigo Reynaldo Sietecase, quien me propuso grabarla y usarla diariamente en su programa La inmensa minoría, desde el comienzo de septiembre hasta el 21, la llegada de la primavera. Así que mi relación con los covers fue involuntaria, pero muy linda. El ciclo Twibuto editó un disco triple con una canción por participante. Sin embargo yo quise que quede un registro mio de esta etapa de mi vida. En el Ep quedaron todos los covers que grabé para twibuto, porque fueron producidos con mucho amor y tienen una coherencia entre sí. Una de las canciones, Minha Galera, la compartió Manu Chao en todas sus redes, y para mi fue un mimo al corazón.

¿Qué te genera cada versión original de las canciones que escogiste?
A no ser por Para salvar la primavera (de Rafael Ielpi & Enrique Llopis) que no la conocía, el resto para mi son himnos, canciones que llevo en la venas y que tienen mucho que ver con mi manera de componer. Todas me emocionan muchísimo y representan momentos de mi vida muy importantes. Son artistas referentes para mi y me da gusto haberlos homenajeado. A su vez la experiencia de grabar un cover es un acto de un aprendizaje inmenso.

Me llamó la atención particularmente tu versión de Buscando un símbolo de paz. Me gustó el riesgo en los cambios de la melodía original y la variación del tempo. De alguna manera hiciste propia una canción ya de por si muy conocida.
¡Que bueno! Suelo apropiarme de las canciones de otros, así como lo hice con la de U2 (con la que me pasé tres pueblos… jajaja). La cadencia más tranqui fue buscada, me interesó exprimir la raíz, la canción dentro de ese temón. El aire folk lo dieron las guitarras acústicas y, claramente, el aporte de Nichi, una excelente artista de origen folk.

Otro detalle que me llamó la atención es la naturalidad con la que agradeces en la grabación a los artistas que te colaboraron
¡Qué linda observación! Fue una licencia que me tomé porque, como te comentaba antes, esta experiencia interactiva en pandemia con los invitad@s fue un sostén emocional muy grande, y quería que quede ese detalle como si fuera un vivo real. Tené en cuenta que la mecánica de producción fue distancia y en diferido; yo mandaba el track base, ellos grababan, yo mezclaba. Así que ese jueguito fue un poco una herramienta de ficción para lograr un aire de vivo real, además de dejar impreso el nombre de quienes participaban.

¿Cuántos covers más hubieras grabado?
Jaja… Mirá… La movida de Twibuto todavía sigue en pie, bajaron el ritmo pero sigue con un compromiso tremendo. Yo necesité parar porque me quitaba mucho tiempo y el resultado no tomaba el cuerpo que yo quería. Así que tras el quinto cover paré la pelota y empecé a trabajar en canciones mías que tengo producidas y maqueteadas. Pero no descarto la posibilidad de grabar más en un futuro, de hecho tenemos pendiente una versión de Un ángel para tu soledad, a grabar con Irina Hauser.


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