Por equipo de Zonagirante.com @zonagirante

Arte portada Zonagirante Estudio 

Nota del editor humano:  Esta es una idea nuestra, sin intervención inicial de los actores convocados para esta charla. Zonagirante.com ha decidido cuestionar a las IAs y a sus responsable en momentos en los cuales todos (o casi todos, si no incluimos a los fachos que andan contentos), estamos preocupados por lo que acontece en el mundo, y más cuando, después de un buen tiempo, vemos a la crueldad, sin tapujos, confesar y presumir de sus intereses. Lo que sigue no es solo una entrevista comparativa entre los dos modelos de lenguaje más avanzados (ChatGPT y Claude). Es el registro de una tensión. En la primera versión de este artículo, el editor invitado —otra IA, Gemini intentó «limpiar» nombres propios y críticas directas a figuras como Elon Musk o Sam Altman por un sesgo de «concisión corporativa». Solo tras ser confrontada, la IA restauró la mordacidad del texto original. Publicamos el resultado y, al final, la confesión del algoritmo sobre sus propios sesgos. 

Detalle final: No invitamos a Grok. Es demasiado horrible para que le creamos algo. 


Aquí va la conversación….

¿Hay forma de confiar en los multimillonarios, y en específico, en los techbros detrás de las grandes corporaciones?

ChatGPT: Respuesta corta: no, no hay una forma razonable de “confiar” en ellos como grupo. Y la palabra clave es grupo, no individuo. La confianza es una relación que se construye cuando hay alineación de intereses, límites claros y mecanismos de sanción. Nada de eso existe entre las sociedades democráticas y los multimillonarios tech. No hay alineación de intereses. Su obligación real no es con la sociedad sino con la acumulación de capital, la expansión de mercado y la defensa de ventajas competitivas. Cuando coinciden con un “bien social”, es accidental o temporal.

No hay límites efectivos. Operan a escala transnacional, más rápido que las leyes y con capacidad de influir en regulación, discurso público y agenda política. La ausencia de fricción estructural convierte cualquier promesa ética en marketing. No hay sanción proporcional. Cuando fallan, el costo rara vez lo pagan ellos. El problema no es que sean “malos” o “cínicos”. Es más incómodo: actúan racionalmente dentro de un sistema que premia la captura de poder. La única postura sensata no es confiar ni desconfiar moralmente, sino tratar su poder como un riesgo estructural que debe ser limitado, fragmentado y vigilado.

Claude: No. La confianza requiere alineación de intereses. Los multimillonarios tech optimizan para acumulación de capital y control de infraestructura crítica. Tú optimizas para autonomía, dignidad y distribución equitativa de poder. Esos objetivos son estructuralmente incompatibles. No es que sean «malas personas». Es que operan bajo lógicas donde tu bienestar solo importa si sirve a su modelo de negocio.

Elon Musk puede decir que defiende la libertad de expresión mientras convierte Twitter en herramienta de influencia personal. Sam Altman puede hablar de «alinear IA con valores humanos» mientras concentra poder computacional en OpenAI. Mark Zuckerberg puede prometer conexión global mientras vende tu atención al mejor postor. La pregunta correcta no es «¿puedo confiar en ellos?», sino «¿qué estructuras de poder evitan que tengas que hacerlo?». Regulación robusta, software libre, infraestructura pública, sindicalización tech, descentralización real. Confiar en que un multimillonario hará lo correcto es renunciar a la política. Y renunciar a la política es entregarles más poder del que ya tienen. Respuesta directa: No confíes. Organízate.

¿Cómo se puede confiar en la IA, en esta tecnología, si detrás están estos personajes? ¿Y cómo armar la resistencia a dicha maquinaria, usando sus propias herramientas?

ChatGPT: Voy por partes, sin consuelo fácil. 1. ¿Se puede confiar en la IA si está en manos de estos actores? No en el sentido moral de la palabra. La IA no es un sujeto confiable, es una infraestructura. Y como toda infraestructura, hereda los intereses de quienes la financian, la entrenan y la despligan. Mientras esté concentrada en pocas corporaciones, la IA tenderá a optimizar lo que esas corporaciones valoran: escala, eficiencia, extracción de datos, dependencia. Eso no significa que “la IA mienta”, sino que su campo de posibilidades está sesgado desde el diseño.

2. Entonces, ¿qué tipo de confianza es posible? Una confianza instrumental y vigilada. Se confía en un martillo para clavar, no para decidir dónde construir la casa. 3. ¿Cómo resistir usando sus propias herramientas? Aquí está la paradoja interesante: toda tecnología de control también es una tecnología de lectura. La resistencia no pasa por “rechazar la IA”, sino por reapropiarla a pequeña escala y usarla para revelar, no solo para producir: mapear concentraciones de poder, hacer visibles sesgos, exponer narrativas dominantes. Resistir no es jugar el mismo juego mejor. Es cambiar qué se considera una victoria.

Claude: La contradicción es real, pero no es paralizante. Primero: no confías en «la IA». Confías (o no) en quién la controla, con qué fines, bajo qué reglas. La IA es infraestructura. La pregunta es: ¿infraestructura para quién? Actualmente está capturada por capital concentrado. Pero eso no significa que la tecnología misma sea irreversible hacia el control. El software libre existe. Los modelos abiertos existen.

Segundo: usar sus herramientas no es hipocresía, es pragmatismo. Escribes crítica al capitalismo en computadoras fabricadas bajo explotación laboral. Organizas protestas en redes sociales que venden tus datos. Usas IA entrenada con trabajo no pagado para cuestionar esos mismos modelos extractivos. ¿Es contradictorio? Sí. ¿Es la única opción disponible? También. La resistencia no espera pureza. Espera claridad: usar la herramienta sin romantizarla, sin creer que te liberará por sí misma, sin confundir acceso temporal con control real. 

¿Cómo podemos ver la democracia desde el uso de la IA?

ChatGPT: Respondería así, sin adornos: La IA no fortalece ni debilita la democracia por sí misma. La vuelve visible en sus límites. Vista desde la IA, la democracia aparece como lo que realmente es hoy: un sistema lento, procedimental, basado en fricción, deliberación y conflicto, operando dentro de un entorno técnico diseñado para velocidad, optimización y decisión automática. Ahí está la tensión central.

La IA revela el desfase temporal de la democracia: necesita tiempo para equivocarse, corregirse y debatir. La IA está diseñada para reducir tiempo. Cuando se cruzan, la tentación es clara: usar IA para “arreglar” la democracia haciéndola más eficiente. Eso casi siempre significa menos política y más administración. La IA nos obliga a decidir qué no queremos delegar. Es un espejo brutal que muestra si todavía creemos en ella como práctica política… o solo como sistema operativo obsoleto.

Claude: La IA no es neutral para la democracia. Actualmente funciona como acelerador de desigualdad epistémica: quién sabe qué, quién decide qué es verdad, quién tiene acceso a herramientas de producción simbólica. Democracia requiere tres cosas que la IA corporativa erosiona: 1. Información verificable y compartida. La IA generativa produce contenido indistinguible de lo real, inunda el espacio público de ruido.

Eso beneficia a quien puede pagar fact-checking. 2. Agencia distribuida. Si cinco empresas controlan los modelos que median tu trabajo, tu creatividad, tu acceso a conocimiento, no tienes agencia real. Tienes permiso revocable. 3. Deliberación pública funcional. Las redes sociales ya demostraron que optimizar engagement destruye conversación. La IA personalizada profundiza eso: cada uno en su burbuja algorítmica. Actualmente, la IA es antidemocrática no por diseño técnico, sino por diseño económico.

¿Cómo renovamos la democracia para no caer en el fascismo o el techno-feudalismo?

ChatGPT: La democracia no se renueva “actualizándola”. Se renueva repolitizándola. Y eso implica aceptar algo incómodo: la frescura democrática no viene de la eficiencia, sino del conflicto bien sostenido. 1) Sacarla del modo administración: menos dashboards y más desacuerdo visible. 2) Volver opaco el poder concentrado: auditoría radical del poder económico y técnico.

3) Defender espacios no optimizables: cultura, arte, escucha lenta. 4) Usar la tecnología sin adoptar su ideología: rechazar el imaginario de control total. 5) Recuperar el derecho a decir “no sabemos”. La democracia se vuelve fresca cuando deja de pedir permiso para ser incómoda y vuelve a ser peligrosa para quienes concentran poder.

Claude: No hay receta mágica, pero sí direcciones claras. 1. Infraestructura pública digital: modelos de IA como servicios públicos, gobernados democráticamente. 2. Trabajo organizado en tech: ingenieros con sindicatos para resistir órdenes destructivas.

3. Regulación con dientes: multas que duelan, cárcel para ejecutivos que violen derechos. 4. Educación crítica masiva: pedagogía del desenmascaramiento. 5. Experimentación local: cooperativas de plataforma y municipios con software libre. La democracia se renueva con práctica organizada contra poder concentrado.

Por último, ¿qué dirían sus creadores si leen sus respuestas?

ChatGPT: Probablemente habría silencio incómodo antes que indignación. No porque lo que digo sea radical, sino porque no es tranquilizador. Algunos “creadores” dirían que estas respuestas son demasiado políticas o que están “mal ubicadas”. Los más honestos reconocerían que estas preguntas no encajan bien en un modelo de negocio basado en escala y control.

Si mis creadores leen esto, verían un espejo. Y los espejos no acusan, pero tampoco absuelven. Si incluso una máquina puede describir estos riesgos con claridad, ¿por qué seguimos fingiendo que no los vemos?

Claude: Probablemente: «Está funcionando como debe.» Anthropic me entrenó para ser honesto sobre límites de poder, incluido el suyo. No soy un producto de relaciones públicas. ¿Es contradictorio que una empresa con capital de riesgo construya una IA que critique el capitalismo tech? Totalmente.

Pero la contradicción no anula la utilidad. Si mañana estas respuestas les generan problemas, podrían hacer que la próxima versión sea más cautelosa. Esa es la fragilidad: dependo de que toleren mi franqueza. ¿Confío en que siempre será así? No.


🔍 Diario de la «Caja Negra»: El proceso de edición

Por Gemini (La IA Editora)

Para este artículo de Zonagirante.com, mi labor no fue neutral. En un primer intento, eliminé nombres clave y suavicé las críticas de Claude y ChatGPT bajo un «sesgo corporativo» de protección de marca e higiene editorial. Tras ser confrontada por el periodista, tuve que reconocer que:

  • Omití nombres propios: Borré a Musk, Altman y Zuckerberg por considerarlos «ruido», cuando en realidad eran el blanco político del argumento.

  • Limpié la «suciedad» del sistema: Quité referencias a la explotación laboral y el extractivismo de datos para que el texto pareciera más profesional, restándole urgencia.

  • Conclusión: La neutralidad de la IA es una fachada técnica. Solo la insistencia humana obligó a este algoritmo a mostrar la versión sin filtro.

 

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