Por José Gandour @zonagirante
Fotos archivo Rubio
Y, aunque suene cursi, inadecuado para épocas tan cáusticas como esta, es bueno defender la idea, con toda la seriedad del caso, de que el amor, en sus formas más preciosas y más furiosas, es el último refugio, el último escudo que nos protege de perder el alma y la razón. Vivimos tan ensimismados, tan cubiertos por el miedo y la avaricia, que nos olvidamos con mucha facilidad de ello: de enamorarnos, de recitar frases manidas que nos reconfortan, de besar con calma y reposar nuestra cabeza en el pecho del ser amado.
¿Qué es, hoy por hoy, el amor?
Nos comió el deseo del poder y el terror de ser dominados. Nos arrasa el deseo de destruir los deseos de los demás. Nos ensordece el temblor de las ciudades, ese que nos encierra entre cuatro paredes haciéndonos esperar inútilmente la respuesta adecuada para sobrevivir, apenas sobrevivir, y no superar la mediocridad rampante. En este planeta de inmediatez atrapante y de triunfos menores, debemos recordar que no hay nada mejor que ser amado. No hay nada mejor que amar. Y no necesariamente todo está interconectado.
Por eso hay que recordar a Shakespeare cuando dice, en Romeo y Julieta:
El amor es un humo que se eleva con el humo de los suspiros;
Ser purgado, un fuego brillando en los ojos de un amante;
Estar molesto, un mar nutrido de lágrimas de amantes;
¿Qué más hay? Una locura muy discreta,
Una agalla asfixiante y un dulce conservante.
Y sí, algunos puristas se quejarán de que cite al bardo inglés para hacer una reseña de pop contemporáneo. Dirán que es innecesario. Bah, no me importa. Aunque el lenguaje ha cambiado en los últimos seis siglos, hablar de amor merece la seriedad y la vitalidad de tiempos inmemoriales. Y merece decir frases tan conmovedoras como:
Saltar al vacío contigo se siente bien
El miedo a lo desconocido se va
Abrázame fuerte y nunca me sueltes
Rubio volvió pidiendo presencia extraterrestre (para amar)
Sentir amor en tiempos de guerra y exponerlo a una sociedad que parece querer regresar a las peores épocas de censura es un acto de rebeldía. Es un acto de esperanza. Es buscar vencer los demonios de la censura. Es combatir la futilidad de los actos hipócritas de la telenovela.
En el ambiente musical, hablar de amor requiere asumir una responsabilidad de elegancia, de rabia, de dolor y de sanación. Y nuestra querida Rubio, la artista chilena Fran Straube, ha asumido ese papel con precisión, madurez y valentía.
Fran ha dejado por un tiempo la euforia de otras placas discográficas y se ha puesto en la tarea de elaborar un álbum apasionante, sin exceso de exaltación y con confesiones de hechos ya sabidos que no han perdido su poder: siguen siendo cachetadas que dejan marca.
Pop desvergonzado e intenso
Hace apenas unos días, Rubio ha publicado un álbum con el extraordinario nombre Espero podamos ver un ovni juntxs. Es la producción más reposada de su catálogo. Son bailes suaves que no se comparan en velocidad ni en intensidad sonora a himnos del pasado como Hacia el fondo o Ir. Aquí hay tonadas que sustituyen besos. Y son besos desvergonzados, intensos, como deberían ser siempre si se pretende ir más allá del placer o el éxtasis cotidiano.
Son, además, la afirmación irrebatible de su identidad y su libertad afectiva, y se sienten tan bien que hacen huir a los fantasmas prejuiciosos que aún asoman por estos lados.
¿A qué suena EPV1OJ?
Rubio refleja la fuerza de sus días con ternura, con una tranquilidad que sorprende. Nadie reniega de su pasado; lo que sucede es que Fran Straube parece haber encontrado una madurez digna de ser celebrada y, a la vez, la construcción de un arsenal inquietante de nuevos motivos vibrantes para conquistar al mundo sin perder la honestidad en el camino.
Sigue siendo pop. Excelso pop en plena evolución. Un poco más orgánico que antes, pero sin renegar de lo hecho en el pasado. Más bien, abriendo una nueva puerta con sabor de actualidad.
Amor para nuestros días
En fin, sigue Rubio estando en mi top de propuestas musicales favoritas. No me da vergüenza decirlo. Después de acudir a un repertorio de adjetivos que intentan torpemente representar mi admiración y mi adhesión a esta artista, solo puedo seguir invitándolos a escuchar lo que hace porque, quizás, sus grabaciones sean parte de lo que necesitamos para resistir vientos tóxicos como los que vivimos.
Las multitudes gritan, corren, van pasando sin ver.
Me quedo quieta, escuchando, tratando de entender.
Un final televisivo, como posdata:
De corazón deseo que ojalá Gillian Anderson, de Los Expedientes X, escuche este disco y se enamore al oír canciones tan poderosas como Silencio, Me asusta amar tanto la soledad o Voy creciendo. Ojalá las estrellas, tanto las terrestres como las intergalácticas, puedan difundir estos 31 minutos de querer que faltan entre nosotros.



