Por equipo de Zonagirante.com @zonagirante
Arte portada Zonagirante Estudio
Hay algo profundamente conmovedor en ver a una parte de la población israelí salir a las calles de Tel Aviv, Haifa y Jerusalem para rechazar la guerra, denunciar la deriva autoritaria del gobierno de Benjamin Netanyahu y levantar la voz frente a la devastación de Gaza. En tiempos de ruido militar, propaganda y cálculo político, la resistencia civil conserva una belleza áspera: no siempre nace de la esperanza de victoria, sino de la necesidad ética de no callar. Miles de personas han vuelto a manifestarse en distintas ciudades israelíes, insistiendo en el derecho a protestar incluso en medio de la guerra.
Pienso en la viñeta de Silver Surfer dibujada por Moebius sobre texto de Stan Lee: una figura erguida frente al incendio, pequeña ante la magnitud del desastre, pero vertical. Esa imagen resume una verdad antigua y urgente: uno se pone de pie no porque las probabilidades favorezcan el cambio, sino porque la dignidad exige dejar constancia de la oposición. Resistir es, muchas veces, negarse a que la historia quede escrita solo por quienes aprietan el gatillo.

En tu propia cara, maldito Netanyahu!
No sé si esas marchas lograrán revertir el curso criminal de los acontecimientos. Tal vez nadie lo sabe. Pero ahí reside precisamente su fuerza. Cada pancarta, cada consigna, cada cuerpo ocupando la calle deja evidencia de que no todos aceptan la lógica de la aniquilación, el apartheid o la guerra permanente como destino.
Y en medio de todo, la música. Siempre la música. No como adorno, sino como respiración compartida, como combustible íntimo de quienes marchan aunque sean pocos, aunque sean miles, aunque la noche parezca más larga que la ciudad. Las canciones no detienen bombas, pero sostienen el pulso de quienes todavía creen que la humanidad empieza cuando alguien decide no guardar silencio.
Artista de la semana: Paul Higgs

Paul Higgs y la astucia de perderse para encontrar una canción
Paul Higgs vuelve a recordarnos por qué es una de las voces más impredecibles y encantadoras de la música uruguaya actual. Su nueva canción, “La Perla Perdida”, confirma esa rara virtud suya: hacer que la sofisticación parezca juego, y que el juego termine revelando capas emocionales inesperadas. La prensa uruguaya la ha descrito como una mezcla de fantasía, autoparodia millennial e incluso un guiño explícito al espíritu de Claudio Taddei, todo montado sobre una base de guitarra y bajo con sabor funk, atravesada por la flauta danzante de Tamara Leschner.
Pero más allá del estreno puntual, lo que hace especial a Higgs es su capacidad para convertir cada lanzamiento en un pequeño universo propio. Heredero de una sensibilidad rioplatense expansiva, donde conviven el pop barroco, el soul felino, la ironía y la canción de autor, su obra siempre parece moverse entre Montevideo, Buenos Aires y un territorio imaginario donde todo puede pasar.
En “La Perla Perdida” hay groove, teatralidad y una alegría ligeramente torcida, como si la canción surfeara entre la nostalgia y la pista de baile. Es música que no le teme al artificio porque entiende que, a veces, la mejor forma de decir algo verdadero es a través del disfraz.
Por eso esta semana Paul Higgs ocupa nuestro foco: porque sigue demostrando que la canción latinoamericana todavía tiene espacio para la sorpresa, el riesgo y la elegancia juguetona. ✨🎶
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