Hay días en que el mundo amanece ligeramente torcido. No pasa nada grave, pero todo pesa un poco más de lo normal. Las noticias se acumulan, el trabajo se alarga, y hasta el silencio parece instalarse con demasiada comodidad. En esos días, uno podría resignarse. Sin embargo, existe otra opción: bailar.
Porque, aunque parezca exagerado, el cuerpo entiende cosas que la cabeza insiste en complicar. Mientras la mente enumera problemas, el ritmo propone soluciones sencillas. Primero un movimiento leve. Después una cadera que se anima. Luego, casi sin darnos cuenta, el aburrimiento empieza a deshacerse.
Por eso Tonadas Actuales nace como una pequeña rebelión semanal. No es una lista para escuchar con solemnidad, sino para sacudir la sala, el cuarto, la cocina. Para permitirnos ese gesto íntimo y un poco ridículo de movernos sin coreografía y sin testigos.
Además, bailar no es frivolidad. Es resistencia suave. Es decir: aquí estoy, todavía vibrando. Cuando el bajo entra y el pulso se acomoda, la tristeza pierde autoridad. Se vuelve ligera. Se diluye entre palmas y respiraciones aceleradas.
Y te lo confieso con una sonrisa: cuando bailo contigo, el mundo se reorganiza. No desaparecen los problemas, pero dejan de mandar. Giramos. Reímos. Sudamos un poco. Y en ese movimiento compartido, algo se recompone.
Así que esta semana no discutamos con la melancolía. Subamos el volumen. Acerquémonos.
Contra la tristeza, más baile.