Por José Gandour @gandour

Déjenme comenzar este texto de una manera que algunos, seguramente con mucha razón, calificarán de cursi: En estos tiempos donde cada día que pasa tenemos miles de excusas para sentir la horribilidad del mundo, quizás la ternura sea una de las armas a las que podamos acudir para creer, al menos por unos minutos, que todo puede mejorar. Eso si, nunca pensemos en la ternura como un acto inocente y fútil, un recurso de débiles y desamparados. Al contrario, generar esperanza a partir de la creación de belleza conmovedora, una belleza que nos arrope como escudo contra todo mal, puede ser uno de los actos más valientes y, quizás, más efectivos a disposición de los humanos. Pero la violencia y el egoísmo nos logra engañar y hacer pensar que sólo aquellos que griten más fuerte o peguen más rápido serán los que siempre dominarán. Y si, llegamos a este punto, que ustedes podrán describir como remilgado, pero toda esta prosopopeya se genera después de escuchar repetidamente Tempo, de la brasileña Dom La Nena.  

Primero, ¿de quién estamos hablando? En su pasaporte esta artista responde al nombre de Dominique Pinto, y desde pequeña su instrumento fue el chelo.  Ahí ya se comienza a marcar la diferencia, ¿no? Sus años de infancia y adolescencia se reparten entre su país natal, Argentina y Francia. Dice su información biográfica que ha colaborado con los proyectos artísticos de personalidades destacadas como Jane Birkin, Jeanne Moreau y Etienne Daho, Su música ha llegado a oídos de críticos destacados, que no han dudado en admirar su obra de inmediato. El New York Times, por ejemplo, ha dicho que hace parte de “la hermandad de susurradoras que incluye cantantes como Juana Molina y Hope Sandoval, entre otras”. La prestigiosa emisora de radio KCRW afirma que “Dom La Nena canta apenas por encima de un susurro, aunque sus melodías pueden penetrar el corazón más oscuro”. Y si, es ese murmullo que usa ella en su representación vocal, al lado de la sensible ejecución de su instrumento lo que nos aventura a utilizar la palabra “ternura” como su sello imbatible. 

Tempo, el tercer disco de su carrera, es un trabajo de 13 canciones en las cuales Dom interpreta sus letras en francés, portugués y español, teniendo como base una combinación de géneros que transitan entre el tango, el jazz, la chanson français, el bossa y el vals, en una mezcla de sonidos que siempre se suscribe inteligentemente a la elegancia y a la búsqueda fresca de texturas renovadoras, algo que nos haga pensar que todo lo que suena es nuevo, pero a la vez nos haga sentir que estamos en un lugar amable, conocido, donde encontramos refugio y reposo para nuestras contrariedades. A la hora de pedir participación externa, Dom invita a su amiga Julieta Venegas, para crear una fantástica tonada, Quién podrá saberlo, quizás el momento más pop del álbum, pero donde en ningún momento se pierde la brillantez de la producción y más bien su inclusión permite abrir una ventana a que algunos aficionados del mundo más comercial se acerquen a la brasileña y escuchen el resto del compilado con el interés que se merece. Si no cree que tenga paciencia para un álbum que apenas dura treinta y cinco minutos, la recomendación es ir directamente a escuchar temas tan especiales como Oiseau Sauvage, Milonga y Todo tiene su fin. Igual, al oírlas, se convencerá de asumir con deleite la audición completa. 

Dom La Nena ha logrado un magnifico disco que merece ser tenido en cuenta para reivindicar la seducción, el afecto, el requiebro, todo eso que nos olvidamos que hace parte de nuestra vida y que vamos dejando debajo de la alfombra por asumir miedos más cercanos al exabrupto que a la certidumbre. En resumidas cuentas, requerimos más piezas musicales como esta, que contengan este tipo de regocijantes placeres en estas épocas difíciles.


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