Por Nuria (La Zorra) Zapata @ultrasupa

Nota del editor: La publicación de Mito, nuevo álbum de la destacada artista peruana La lá, nos da la oportunidad de conectarnos más con la ascendente escena musical femenina de ese país, uno de los fenómenos más interesantes del actual momento cultural de América Latina. La lá, quizás uno de sus principales referentes temporales, es una importante punta de lanza para concentrar, entre los interesados de la nueva música de este continente, las miradas y los oídos sobre un lugar en el mapa que erróneamente se ha ignorado y despreciado, justo en un instante brillante de creación y exposición. Para hablar de este disco hemos invitado a una amiga de la casa, la limeña y también ilustre cantautora La Zorra Zapata. 

Me acuerdo la primera vez que vi tocar a La lá hace ya varios años en una casa rosada en Barranco, el barrio bohemio de Lima. Era ella, su guitarra y una lamparita de escritorio apuntándole a la cara.  Ahí quizás fue una de las primeras veces que vi a una chica con su guitarra meterse el público al bolsillo. Sospeché que lo más atractivo de La lá es que se canta a ella misma, se satisface primero sola en sus melodías y luego comparte ese espectáculo propio para el resto. Creo que La lá tiene ese superpoder de hacerte sentir que ha hecho las canciones para ti, como si te hablara de cerquita. Un concierto de La lá es estar tu y ella. 

Siento que en Mito (su último disco), sobre todo, se nota esa necesidad de ser seducida por su propia naturaleza, con ritmos clásicos que regresan con un discurso directo y honesto pero también poético. Quizás la portada sea una buena pista de lo que ofrece el disco, una mujer calata. Noto algo hasta caprichoso en Mito, por ejemplo en la canción La despedida en donde el ritmo cambia majadero pero sincero, y al escucharlo una se acostumbra gustosa a esa incomodidad. La victoria de poder disfrutar honestamente de un ritmo libre. ¡Que bonito carajo!

Además, se suman los gestos de Mito, en donde el sonido de Lima la fea, la injusta, la gris y la dulce se cuelan. Como para darnos un vistazo del paisaje en donde se desarrollan las canciones de La Lá. El ruido de la calle ensordece, pero si escuchas bien se vuelve canción, y una bien bonita como Cara. Y que lindo poder bailar una salsa con la ausencia de la abuela. “Te oigo en el viento y me alientas” le canta, con una voz que sin esfuerzos hace piruetas como una cometa liderada por el viento (o la abuela quizás), sostenida por una paleta de músicos que dan la talla y la potencian.

Queda claro que este es un disco para no aburrirse, para pasar de la celebración de las pequeñas victorias y bailar en pijama en la cocina mientras la mantequilla se derrite en la tostada, pero también para cerrar los ojos y escuchar historias tristes, y dejar que La lá cante nuestras penas y miedos. Cuánto podrás cantar por nosotros, querida La lá.

Y así se vuelve inevitable sentirme atraída hacia la música de La lá. Me conmueve cuando una canción habla por mí antes de que yo misma pueda entenderlo “analfabeto en amor pero que sabe leer entre líneas”, como un presagio de pitonisa. Así a veces pasa con la música, ¿no?

Para mí es difícil caer en las trampas de una estrategia de marketing. Cuando las propuestas musicales apestan a sed de éxito, a números y estadísticas, no muerdo el anzuelo. Con La lá pasa que el aroma que sale de sus canciones es honesto, es puro, es ella. Y no crean que la conozco mucho, eh, habré conversado con ella un par de veces. Pero La lá habla como canta, mueve las manos como canta, se ríe como canta, pelea como canta y es tan refrescante ver esa coherencia en una artista que al final refleja lo que es. Sin lucha de por medio y despreocupada se resuelve en ese mundo interior que felizmente nos deja contemplar.

Es justamente en esta era, en donde acá todos tenemos que ser “winners” y “sabelotod” que abandonarse al juego de hacer un disco como a uno le dé la reverenda gana es un acto de valentía. Y es gratificante y hermoso cómo nos vemos satisfechos con Mito: los rockeros, los salseros, los folklóricos, los que no saben nada de música y los que saben todo de ella.

 

Como novata cantautora, mi alma sonríe sabiendo que se hablará de La lá cuando ya varios veranos hayan pasado; pionera mujer peruana que lidera su barco musical, desde su inocencia y su honestidad. Y vaya que el barco llegará lejos! Lleno de lucecitas multicolor y el Perú irá con ella. Ojalá pudiéramos imitar esa entrega en hacer lo que hay que hacer, sin demasiados selfies, sin regalitos desesperados por likes y followers. El éxito de La lá es su música, lo demás son adornos menores. En Mito, una canción son varias y creo que es un disco que habrá que navegar varias veces para terminar de recorrerlo y descubrir sus secretos. Las canciones se vuelven himnos propios. 

En estos tiempos de virus, que además de dejarte sin aire, te dejan sin calma por la velocidad de un mundo virtual desesperado, se agradece que nos sean dadas 10 canciones sin el agotamiento de los singles, soltados infinitamente. Una buena entrada y luego un plato de fondo, para que uno pueda hacerse de su propio tiempo para disfrutarlo.

Mientras termino de escribir esto, el disco corre por décima vez y sigo encontrando mensajes ocultos, como quien regresa a un libro ya leído y encuentra una nueva historia invisible.

 

 

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