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La migración, malditos racistas, mejora el sonido ambiental

Una de las grandes riquezas de una nación contemporánea es su multiculturalidad. Se trata de caminar sus calles y encontrarse con gente de diferentes orígenes, lenguajes diversos, acentos múltiples, ropas de atrevidos cortes y procedencias dispares, que se entremezclan las 24 horas del día. Y lo mejor: todo eso se imprime en el sonido, en la música, en el encuentro entre los instrumentos y las voces de ese crisol de razas que mezcla historias lejanas con lo que ocurre a cada hora en la calle.

Se supone que ese fenómeno —el famoso melting pot— debería enorgullecer a Estados Unidos, país que presume modernidad pero en el que muchos de sus habitantes más extremistas y desabridos reniegan del quimerismo visual que los rodea. Prefieren buscar criminales imaginarios entre las multitudes que llegan de todo el mundo, solo porque no lucen ni suenan tan básicos o tan aburridos como ellos.

En materia musical, el mestizaje produce laboratorios sonoros increíbles. Resonancias inesperadas que mezclan géneros que algunos daban por irreconciliables y que terminan impactando incluso a los más incrédulos. De ese fenómeno surgen proyectos que saben juntar pasado, presente y futuro. En este caso, hablaremos de dos estrenos discográficos con ADN indiscutiblemente latino, pero que, al gestarse en San Diego y Nueva York, han sabido convertirse en licuadoras estruendosas que revientan prejuicios y texturas prefabricadas a ambos lados de la frontera. Aquí van dos placas que, a su manera, representan el nuevo sonido de nuestra Gringolandia de finales de 2025.


TulenguaBasura

Esto es hip hop, sí, es lo primero que llega al oído. Pero si se presta más atención, hay mucho más: música norteña, funk, jazz, sonido de telenovela, baladas de sabor costero, recuerdos de viejas orquestas, atardeceres frente al mar en cualquier época y en los últimos cien años. Es el borde binacional en acción: el tránsito entre Tijuana y el sur de California, un camino bilingüe, dispar, ruidoso y a la vez delicado.

Puede sonar por momentos como tonada romántica de barrio (Bonita), luego agresivo y callejero (Basura), o como nostalgia contemporánea (Me gusta el sol).

Tulengua rompe la frontera con estilo. La idea no es quedarse en la melancolía de los padres ni aceptar sin rechistar lo que ofrece el sonido urbano norteamericano. Todo lo que llega al oído de Alan Lili, Amari Jordan y Jaime Mora sirve para construir música insospechada, nueva, fresca. Basura es un disco reflexivo, actual, por momentos conmovedor, nunca débil, siempre atento a la solidez argumentativa y a la emoción del oyente. Un álbum lleno de sorpresas.


Planta IndustrialPunk Wave Sin Barreras Vol. 1: Conociéndonos

A 4.500 km de distancia, carretera mediante, encontramos a dos dominicanos que saben mezclar rabia, sabor y diversión. Siendo atrevidos, podríamos decir que Planta Industrial suena a que los hijos de los Beastie Boys se empaparon de cultura caribeña, sin abandonar nunca el espíritu punk heredado, y decidieron escandalizar Nueva York con canciones que revuelven merengue, post-punk, dark wave, electrónica, pop y rap spanglish.

Y cuando se hace una mezcla así, hay que asumirla con buen humor y sin respeto exagerado por las buenas maneras. Aquí hay permiso total para que, en medio del pogo más agitado, regrese el espíritu de El General y se tome la pista con su meneíto. Ojo: no esperen manoseos amables. Prepárense para el empujón de la masa o déjense atropellar por el flujo de música que golpea los parlantes y sacude cabezas con más gracia que cualquier banda punk anquilosada del pasado.

¿Mestizaje otra vez? Sí, en sus decibeles más altos, como en el temazo Teteo in The Bronx, funk violento e incansable, con un bajo setentero listo para hacer temblar las paredes de cualquier fiesta que se respete. Una idea, ya que estamos: si se aburren en las fiestas navideñas de sus padres, rompan el estéreo familiar con este corte, entre los viejos temas tropicales de siempre. Luego nos cuentan qué pasa.

Y aquí va un final extraño: suena Cuando Volverás. Imaginen a Peter Murphy cantando un bolero envuelto en sonidos synthwave. Eso se llama atrevimiento.

En fin: una de las mejores publicaciones de 2025. Es probable que Planta Industrial sea mencionada miles de veces por la audiencia en los próximos años. Tienen todo el futuro por delante.


Corto comunicado final

Amiguitos norteamericanos (y de otras regiones del mundo): despréndanse de sus prejuicios, de sus tonterías mentales y simplemente disfruten este amasijo de instrumentos y voces que trae la Latinoamérica gringa independiente y autogestionada. No pierdan tiempo con lo que ofrecen los canales regulares, ese cliché en el que nos han convertido.
Todo es más interesante del lado underground.

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